sábado, 18 de mayo de 2013

viernes, 17 de mayo de 2013

NO ABRIR EL COMERCIO EN DOMINGO



No sé si a estas alturas de mi vida alguien no sabe, -o no recuerda- que desde los 14 a los 20 años fui dependienta de comercio; trabajo que me encantaba y que dejé para casarme porque en la empresa -Zaida- no querían mujeres casadas. No me importó porque tenía vocación de ama de casa y en aquel entonces no parecían imprescindibles dos sueldos. Decir esto era sólo el preámbulo para comenzar mi crítica como ex dependienta del pequeño comercio en el Valladolid que resido y residí en mi lejana época de vendedora.

Ser dependiente de comercio puede ser muy bonito, pero ni es fácil ni liviano, porque pasarte más de ocho horas diarias detrás del mostrador, subiendo y bajando escaleras cargando cajas, limpiando y ordenando la tienda, aguantando público diverso y en la mayoría de los casos exageradamente exigente; bajo la férrea vigilancia de una jefa que no levantaba el pie del cuello de sus empleadas… ¡Vale! Hay trabajos peores, pero sin comparar ni quitar el mérito a cualquier otro, el mío era un trabajo tan bonito como cansado; tan mal pagado como otros muchos y tan mal valorado por el público en general como merecedor de respeto.
El público es demasiado exigente y cuanto más le das más quiere. Si le pusiéramos en bandeja abrir las 24 horas del día los 365 días del año siempre habría un idiota comprando una sandez de madrugada por el mero hecho de tener insomnio o el tiempo libre que jamás tendría un dependiente de comercio –del pequeño comercio-.
Les hemos enseñado a comprar a cualquier hora y lo han –hemos, mea culpa- aprendido al dedillo. Somos consumidores del tiempo  libre de los dependientes.

Mucho antes de que yo naciera, otros dependientes habían luchado para conseguir que en su trabajo y el de quienes lo ejerceríamos en adelante, pudiéramos disfrutar del cierre del comercio los domingos “y fiestas de guardar”. Afortunadamente esa lucha dio frutos y consiguieron que el público perdiera la costumbre de comprarse las bragas en domingo porque hasta el lunes, su maravilloso culo podía esperar.
Doy fe que los sábados por la tarde no se vendía un chavo. La gente salía a pasear y como entretenimiento –mucho más en sábado lluvioso- entraban a “mirar”. El sufrido dependiente aguantaba al pesado de turno resignado tras su mostrador, enseñando género y “haciendo el artículo” para finalmente en vez de un “me lo llevo” escuchar un “me lo voy a pensar”.
Que sepa el público en general, que si algo no es un dependiente, es tonto, tiene Masters en psicología estupidil y sabe cuándo un comprador lo es y cuando simplemente no tiene intención de gastar más que el tiempo –el suyo y el del dependiente-.
Esos “se lo tengo que consultar a mi marido” o “Ya volveré en otro rato”, junto al “me lo tengo que pensar”; un dependiente sabe de sobra que quieren decir: “No me interesa, no me gusta, es caro, es feo, o  me aburría y entré a mirar por mirar, “jodete que gasté tu tiempo y te hice trabajar a lo bobo”.
Y que sepa también el mismo público, que tras el “Buenas tardes, hasta otro día” la sonrisa del dependiente esconde un “Mecagüen tu casta púdrete imbécil”… En el mejor de los casos.

Ya en mi época, y cuando en la mayoría de otras profesiones lograron que su semana laboral fuera de lunes a viernes, librando  dos días seguiditos -o más si había puente tamaño acueducto- el comercio empezó una lucha que se ganó como espejismo: No trabajar los sábados por la tarde; hasta que irrumpieron las “grandes superficies”: Simago y posteriormente Galerías Preciados, que tumbó las ilusiones de los dependientes del pequeño comercio que casi alcanzaban ese librar los sábados por la tarde… que más tarde lograron y les fue arrebatado por superficies aún más grandes: Pryca, Corte Inglés, Continente… y después los fabulosos centros comerciales, que ahora logran otra apretadita de tuerca para el pequeño, porque a alguien le sale de debajo de la caspa la libre apertura.
Démosles tiempo y no tardaremos en ver dependientes trabajando día y noche con grilletes en muñecas y tobillos amarrados a las estanterías para que no puedan moverse de su mostrador más que para morirse. Les pondrán un camastro en las bodegas del almacén y comerán de bocadillo en las trastiendas; así no tendrán que ir nunca a sus casas.
Se oye que están tratando de añadir un día más a la semana sólo para que los comercios puedan tener abierto más horas.
Lo peor de todo es que tal como están las cosas ahora, a los dependientes les harán trabajar más horas y más días, pero no van a pagarles más sueldo ni podrán negarse a hacerlo, ni podrán ver a sus hijos, no van a poder salir de compras porque los comercios estarán abiertos mientras ellos trabajan.
Vivirán para trabajar porque “esto son lentejas”; en vez de trabajar para vivir como debería poder hacer todo el mundo.
¿De verdad a los dueños de pequeño comercio les compensa abrir todos los domingos de su vida?
¿Ha pensado alguien verdaderamente en ellos o simplemente es una idea que sólo beneficiará a los de siempre?
Puede que fomenten el consumismo (esa es su coartada para abrir) pero será la quiebra de muchos que no podrán soportar el gasto -y el no descanso- que conlleva abrir sus tiendas muchas más horas, con las míseras ventas que conseguirán.


Más de cien años de derechos tirados a la basura sólo en horario y descanso comercial. Del resto de injusticias; de todo lo demás pesimamente hecho también hablaremos (o se escribirán) ríos de tinta.

jueves, 16 de mayo de 2013

martes, 14 de mayo de 2013

GRABACIÓN DE “EL CLUB DE LA COMEDIA”



Ayer 13 de mayo, que en Valladolid se celebraba el día del patrón “San Pedro Regalado” (San Pedro de balde decía mi padre); aprovechando la festividad, mi niña y yo fuimos a la gran “ubre” para asistir a la grabación del televisivo “Club de la Comedia” que emite la sexta y que presenta la fabulosa Eva Hache.

En un abrir y cerrar de Ebook, el AVE nos depositó en la estación de Chamartín.
Callejeamos bajo el subsuelo madrileño confundidas entre la maraña de gentes serias y apresuradas; caminábamos tranquilas, situándonos a nuestra derecha en las interminables escaleras mecánicas dejando que  los habituales viajeros nos adelantaran corriendo, con prisa para llegar al andén y esperar a subir al mismo tren que lo hacíamos nosotras sin tanta premura, pero igualmente apelotonadas en los vagones cargados de gente sin expresión facial. Sólo cansancio (muchos dando cabezadas entre estación y estación, sin tiempo a observar lo que les rodea con detalle para luego escribir una crónica).
     Una vez llegadas a la parada elegida y como era muy pronto para la hora de entrada al “Teatro Nuevo Apolo” donde se graba el dicho programa; decidimos pasear por las concurridas calles del centro de Madrid haciendo algunas compras y pendientes siempre de nuestros “bolseros” y pertenencias.
En Madrid ves caras y gentes que yo creo que sólo existen allí. Madrid es otro mundo y yo sigo convencida que prefiero el mío. A Madrid sólo para ver algún espectáculo, un día y  a casita.
De regreso puntualitas a la puerta del teatro, nos colocamos las últimas de la fila larguísima –y tras nosotras los siguientes que fueron llegando después- hasta que abrieron las puertas y pudimos acceder a nuestros asientos bien cerquita del escenario.
No sabíamos qué actores intervendrían; tan sólo la mencionada Eva Hache, “fija” al ser la presentadora.
Poco antes de comenzar y también como parte del espectáculo (aunque esto no lo emiten), el animador del programa nos desvelaba el secreto: los nombres de los actuantes. No todos los monologuistas del Club de la Comedia son igual de buenos, -o de nuestro agrado- incluso hay muchos que nunca querría pagar por ver, por eso no quisimos ni barajar posibles nombres para no crearnos falsas esperanzas; pero a fe que fue gratísima la sorpresa al escuchar que nuestro admirado Dani Rovira sería uno de ellos. Algunos de los otros conocidos actores también nos gustan a priori –no todos-.
Como “actor” invitado estaba el televisivo Mario Vaquerizo, muy en moda últimamente.

Como se trataba de la grabación de un programa de televisión, pensé que escucharíamos algún “CORTEEEN” “PREVENIDOOOS” “REPETIMOOS” etc, etc... No fue así. El programa lo grabaron con el mismo dinamismo que lo emiten (pero sin anuncios).


Animados por el animador que puso en el público el ánimo animoso (rozando la euforia) a las ocho en punto –con cuarto de hora de retraso- aparecía en las tablas la genial presentadora Eva Hache, llenando el escenario con su forma de interpretar monólogos llenos de golpes casi imperceptibles de fino humor que mata de risa.
Eva es de las muy pocas mujeres que dedicándose a hacer reír, lo consigue inteligentemente, sin caer en la zafiedad o el chiste fácil. Sin tener como meta un fuerte aplauso –que evidentemente también- o una carcajada. Lo dice como si relatara algo que realmente vivió en propia persona. Como si lo que cuenta ocurriera y fuera la cosa más natural del mundo; sin hacerse la graciosa, simplemente siéndolo.
Justo lo contrario le ocurre al primer actor que actuó justo después que ella. Me refiero a Florentino Fernández, el popular “Flo”, que seguramente tiene mucho público adepto, pero no es uno de mis preferidos. Se nota que busca la risa fácil o el aplauso a toda costa. Su monólogo estuvo cuajado de chistes previsibles o muy escuchados. “Flo” de flojo esa es mi opinión.
Eva hilaba la presentación con pequeños monólogos entre actor y actor. No repetiré genial, pero lo es y  lo demostró en todo momento.
Tampoco repetiré que Dani Rovira es único, sólo diré que no hay otro mejor que él y que nos hizo pasar un rato maravilloso; que nos dolían los brazos y las manos de aplaudir y las mandíbulas a punto de desencajarse tras disfrutar la actuación de este actor malagueño.
Mario Vaquerizo, el famoso marido de Alaska –la de “Los Pegamoides”… pues eso, que seguramente en sus facetas artísticas lo haga mejor. No le doy más que un aprobadillo raspado por el mero hecho de tener el valor de subirse a un escenario y actuar frente a un teatro lleno de gente, focos, y cámaras sometiéndose a un guion muy flojito, ah,  y por reconocer que los monólogos no son lo suyo.
Tras él y previa presentación, actuó Agustín Giménez, reputado monologuista o actor de comedia no siempre con idéntica fortuna. Otro rato agradable, mucho más que el que pasamos con el último actor de la noche: Raúl Cimas, conocido de “Paramount Comedy” y que seguramente  a alguien le guste la seriedad –casi enfado- en su forma de hacer humor.

Aplauso a todos los actuantes y salida del teatro pletóricas. Casi anochecía y ni una nube cubría el cielo ni tapaba la rodajita brillante de la luna.
Comentando felices y sin que se nos quitara la sonrisa de la cara por lo que acabábamos de vivir, comenzamos a desandar lo andado bajo las entrañas de la gran ciudad viajando en metro hasta la estación Sur de autobuses, a la que llegamos con mucho tiempo de sobra.
Parte de ese tiempo lo empleamos para cenar en “El rey de las hamburguesas”. Cruzamos la oscura y casi desierta calle maloliente (olía a cloaca revuelta) y llegamos al local pensando que el día acabaría sin un famoso que llevarnos a la crónica, pero cuando degustábamos el pedido, al mismo local entró un famos… bueno, uno de estos difícil de calificar; digamos un tipo con pretensiones de famoso que tiene apellido de membrillo en caja de lata y nombre diminutivo de Antonio. Vamos, que nos quedamos igual que estábamos.
Ya con la andorguita contenta, volvimos a cruzar la oscura y maloliente avenida camino de la dársena donde esperar la llegada de nuestro transporte. Ahí nos dimos cuenta que de noche en Madrid la vida sigue;  no quitan las calles cuando los madrileños bajan las persianas.

Tras una magnífica tarde primaveral, la capital de España nos despedía con un surtido de truenos, rayos, centellas y fuerte lluvia a punto de abordar el autocar de regreso a Pucelandia.

lunes, 13 de mayo de 2013

domingo, 12 de mayo de 2013

ADIOS A CONSTANTINO ROMERO



            Apenas se ha apagado el silencio y la pena por la pérdida de Alfredo Landa, cuando nos despertamos con otra terrible pérdida, para el mundo del cine, la radio, la televisión, el teatro…
Constantino Romero nos dejó para siempre llevándose su maravillosa voz y su eterna sonrisa.
Esa casi irrepetible voz quedará para siempre registrada en tantos personajes a los que prestó su acento imprimiendo en ellos un sello propio. Difícilmente podremos volver a ver al mítico  Darth Vader de La Guerra de las Galaxias con una voz que no sea la suya o escuchar los consejos que Mufasa le da a su hijo Simba o sostener la mirada penetrante de Clint Eastwood, Roger Moore, Arnold Schwarzenneger o Sean Connery (entre otros muchos) sin la voz del señor Romero.
Se apagó su voz para recitar como sólo él lo hacía, para interpretar, presentar o hacer cualquiera de las múltiples facetas que llevó a cabo a lo largo de su vida.
Incuestionable voz en Off de documentales; actor más que de doblaje y Señor de la comunicación.
Se va callado, sin dar que hablar; aunque esto quizás lo veremos pronto en programacos que proliferan demasiado en los que despellejan sin compasión al personaje cuando no puede defenderse y que empañan la buena imagen y el buen nombre del finado; aunque –como creo que es este caso- nunca diera qué hablar cuando estaba entre nosotros.

Hasta este momento no leí ni escuché la posible causa de su muerte. No sé si estaba casado, si tenía hijos… En realidad, ni lo sé ni me importa, porque como siempre, yo admiro al personaje público, y dejo al privado vivir su vida o –como es el caso- descansar en Paz.

sábado, 11 de mayo de 2013

ADIOS A ALFREDO LANDA



            En 2012 y lo que llevamos de este 2013 se nos han ido grandes nombres de actores o actrices que en la misma época llenaron las pantallas españolas. Alfredo Landa ha sido el último que el pasado día 9 nos dejó octogenario.
            Pepe Sancho, Sancho Gracia, Paco Morán, Miliki, Tony Leblanc, Carlos Larrañaga, Paco Valladares, Fernando Guillén, Quique Camoiras, Pepe Rubio, Juan Luis Galiardo; la gran Aurora Bautista y la bellísima –en su época- Sara Montiel o María Asquerino, han sido algunos de esos nombres –a los que acaba de unirse Alfredo Landa- que brillaron en los luminosos de grandes cines o teatros y que llegaron al final de su periplo en esta vida para volar al gran teatro celeste y seguir interpretando grandes éxitos sin la agonía de estudiar los guiones o sin la soledad privada que queda en muchísimos casos tras un gran aplauso.
            Ellos dedicaron su vida a la interpretación para que nosotros pudiéramos disfrutar de su trabajo y del de los escritores o directores que pusieron en sus manos el fruto de sus escritos o el esfuerzo en que esos escritos cobraran vida en las pantallas o en las tablas teatrales.
            Puso FIN con estruendosa música en los cines para ellos. Bajó el telón, y se apagó el eco de los aplausos; reposan libretos y guiones. Acabó la lucha por el éxito; tristeza por la soledad no buscada;  la pena por ser olvido en sus últimos años…

            Descansen en paz estos hombres –y mujeres- porque estos actores –y actrices- no morirán jamás.

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