jueves, 9 de junio de 2016

HASTA SIEMPRE MUNDI



HASTA SIEMPRE MUNDI   09-06-2016

Querida Mundi: Ya pasó, ya sabes lo que hay después de cruzar el umbral de la vida que conocemos.

Tu nombre “Edmunda” como el Dantés de Alejandro Dumas; y como él supiste salir victoriosa del envite durísimo que el destino te puso por delante siendo apenas una niña.  
Tu familia y tú vivisteis años durísimos de posguerra, muertos en vida ocultando la pena como si fuera pecado siendo vosotros las víctimas de una de las peores aberraciones que nunca debió vivir un ser humano.
Una familia buena, respetable, honesta, golpeada por la barbarie injustificada de una época sin sentido; por eso hoy quiero imaginarte feliz y fundida en el fuerte y deseado abrazo con tu padre. Él podrá responder a todas las preguntas sin respuesta que siempre te hiciste.
Te obligaron a crecer sin su amor, apoyada siempre en el de tu querida madre. La injusticia os lo quitó, pero a cambio te regaló a Manolo, al que nunca dejaste de llorar desde que se fue para esperarte, y del que desde hoy no volverás a separarte.
Juntos formasteis una de las familias numerosas más bonita, unida y respetada de Alaejos.

A todos tus hijos y nietos que con tanto amor cuidaron de ti durante los últimos años, a los amigos y familiares que hoy te lloran de corazón les envío mi cariño y sentido pésame. A todos ellos, especialmente a Luis, Estrella, Rebeca y Sandra, con los que además me unen lazos familiares.

Descansa en Paz querida Mundi. Dulces sueños

domingo, 5 de junio de 2016

CON EL IMSERSO AL SUR



CON EL IMSERSO AL SUR  (21 al 28 de Febrero-2016)     

Hay veces que por más que quiero no encuentro el momento para escribir crónicas, aunque sepa que se están esperando con los ojos del corazón abiertos y otras en las que habiéndolo escrito de forma amanuense, no encuentro el momento de pasarlo a ordenador para publicarlo. Este es un buen ejemplo de algunas de esas ocasiones. Hoy por fin querida Mariluz, aquí está tu esperada y solicitada crónica; permíteme compartirla como siempre.

Este año tras pensar que Imserso nos colgaba en las narices a los viejos (y nuevos) jubilados el cartel de “no hay billetes”, finalmente a toda prisa y con poco tiempo para la meditación, pudimos elegir destino: Torremolinos fue el nuestro, como casi siempre mirando al Sur.
Una vez más y por muy diversas razones, no hubo forma de coincidir con esos amigos con los que otras veces viajamos y como el año pasado conocimos a dos grandes personas y compañeros de viaje (un beso Merce y Toñín), pensamos que en este la suerte podría sonreírnos de igual modo, y si no era así, pues viviríamos una “luna de miel” los dos solitos. Lo importante era viajar, cambiar de aires, recargar pilas y tener tiempo para echar de menos a nuestras queridas nietas, hijas y anexos.
Ciertamente la sonrisa de la suerte no se hizo esperar y llegó en forma de agradable casualidad de esas que no se dan muchas veces en la vida…

Por motivos ajenos a la crónica, la noche antes de nuestro viaje nos enteramos que nuestros queridos vecinos –a la par que amigos- Chencho y Matilde, habían elegido idéntico destino en exacta fecha… pero la sorpresa aún era mayor: mismo vuelo y mismito hotel. Casi nos da un ataque de risa al comprobarlo. Ninguno sabía de las intenciones del otro y ¡zas! Coincidencia absoluta, o casi, porque ellos viajaban con otras dos parejas de hermanos y cuñados a los que también conocemos y sabemos de antemano que la risa a su lado es tan natural como respirar.

El día del viaje Irene nos llevó al aeropuerto de Villanubla y allí estaban facturando nuestros seis amigos, así reuníamos cuatro parejas con mucho sentido del humor y ganas de disfrutar de todo lo que nos deparara el destino vacacional.

Una vez nuestros equipajes estuvieron a buen recaudo, la alegría nos la dieron nuestras dos hijas, nietas y yernos que venían a despedirnos por sorpresa acompañados por tía Chus; fue una alegría inmensa, aunque al vernos desaparecer por la puerta de embarque a Lucía le costó un llanto, y a mi comérmela a besos.

El vuelo fue corto y tranquilo. En Málaga nos esperaba una guía apática, más adusta que amable que más parecía de nuestra tierra que de la que nos recibía con los brazos abiertos, la iluminación nocturna del 21 de febrero y la temperatura cálida y acogedora de la que en Valladolid no disfrutamos durante el largo invierno.
La “guíadusta” nos amontonó sin sonrisa ni amabilidad junto al cartel con el nombre de los diferentes hoteles y nos distribuyó en los distintos autocares que nos llevarían a ellos. El nuestro estaba muy cerquita, y pronto avistamos el letrero: “Roc Costa Park”. Nombre pomposo para un hotel que ya cumplió la cincuentena, aunque absolutamente restaurado, cómodo, limpísimo y confortable en sus habitaciones de mármol más que amplias.
Aún sin instalar y con las maletas en consigna para no perder más tiempo, nos guiaron al espacioso comedor, en el que nos tenían servida una cena fría que más se asemejaba a las sobras de cuando inauguraron el hotel allá por los años cincuenta que a comida digna de vejetes en edad de disfrutar de vacaciones a precios asequibles para jubilados.
Ellos se quedaron agusto denominando al plato “cena fría” y nosotros quedamos divinos bromeando sobre semejantes e incomibles manjares de “Bienvenida” y cruzando los dedos para que los ocho días que teníamos por delante fueran de mejor yantar.

Tras aquel “espejo plaza” subimos a nuestras habitaciones a descansar de las primaras emociones y tomar fuerzas para las siguientes.
Tuvimos suerte y la climatología lluviosa que padecía toda España, respetó en seco y con temperatura primaveral los días en los que salimos de visitas y paseos por Torremolinos, Benalmádena, pueblos cercanos o alrededores y excursiones a Córdoba y Málaga…

La excursión a Córdoba nos hizo madrugar y poder así disfrutar del sol de amanecida posándose suavemente sobre el mar y regalándonos preciosas imágenes en contraluz.
La ciudad del califato nos recibía con temperatura más fresquita, pero a lo largo de la mañana se fue entonando y disfrutamos felices de la ciudad, su Cristo de los Faroles, la mezquita, el barrio judío, el tapeo, el sol con sombrero de ala ancha y la sabrosa comida regada de risas en un hotel chulísimo de las afueras.
Por ponerle una raspa y ya que el viaje no era tan cerquita, ni el precio fue tan baratito, todos hubiéramos tenido fuerzas para excursionar por Córdoba durante la tarde, y aprovechar la visita, pero los organizadores de estos viajes ya se sabe que no se pillan los dedos ni metiendo la mano bajo un adoquín. Ya sé que nosotros hubiéramos podido hacer las excursiones por nuestra cuenta, pero nos gusta más que “nos lo den hecho”, aunque dejemos cosas por ver… Todo no se puede y así estamos tan felices, aunque el apunte me parece estupendo para colocar en esta frase.
Ni qué decir que Córdoba entera nos encantó, tal como lo hizo el pedacito de Málaga que visitamos al día siguiente. Andalucía tiene rincones maravillosos y nos trajimos en retina y tarjetas digitales varias, buenos ejemplos de ello.

Pese a la mala experiencia de la primera cena, el resto de los días el Bufet del hotel estaba bueno, suficiente en abundancia, aunque un poquito más variado nos hubiera venido de perlas.
Las “actuaciones” en la “sala de fiestas” difícilmente se las puede denominar así. Imagino que en otras épocas del año con clientes más “selectos” y menos viejunos que nosotros, habrá actuaciones de más calidad, ya que salvo una noche que nos ofrecieron un espectáculo de baile flamenco con más buena voluntad y mérito actoral que calidad escénica, los demás días dejaron muchísimo que desear.
Quizás los directores de hoteles no calculan que si todo nos pareciera maravilloso, recomendaríamos a otros para ir o nosotros volver en otra ocasión, pero de esta forma, quizás sopesando lo grandioso de las habitaciones (en las que sólo estamos para aseos, duchas, dormir y poco más) con otros aspectos del hotel, menos apetecibles, no osaremos recomendarlo. Las cosas bien hechas siempre, y no sólo en huéspedes hipotéticamente mejores, dan mejores resultados en el futuro, dicho así, con cariño para los responsables del bonito hotel  “Roc, Costa Park” de Torremolinos (que jamás leerán esta queja).

Intuyo que al ser precios de Imserso, se esmeran menos, pero estos buenos precios nos los ofrecen a los “Senior” que nos apuntamos a este programa subvencionado que no debería restar un ápice de calidad con respecto a otras tarifas. Muchos nos hemos dejado los riñones currando desde muy temprana edad,  ganando el derecho a poder disfrutar un poco de los tantos impuestos que pagamos a lo largo de nuestras vidas de trabajadores. Allá llegarán los que ahora no comparten opinión en esto, quizás entonces me entenderán mejor que ahora.

Las incomparables partidas de brisca después de la cena sustituían el escaso programa de divertimento nocturno. La reída y alborotada brisca se nos hizo imprescindible, aunque lógicamente esto era mérito nuestro y no del hotel.

Se acercaba el fin de nuestras vacaciones y con el sábado llegó la esperada visita de nuestra querida Mariluz, por fin el ansiado abrazo con mi gaditana de lujo que llegó acompañada de Gloria, una gran mujer digna amiga de la mía y que sin temor a equivocarme, nada más presentarnos ya puedo considerarla amiga de las buenas.
A medio día habían recorrido el montón de kilómetros que nos separaban. Comimos en nuestro hotel decidiendo donde pasar la tarde para aprovecharla al máximo y a fe que lo logramos.
El lugar elegido fue Ronda que nos recibió con hermoso sol en la cara y nubes de negro luto en la espalda.

El sol queriendo agradecer nuestra visita se resistía a esconderse y las nubes tercas como mulos ganaban la batalla en algunos breves momentos soltando granizo suave como nieve o nieve redondita como granizo (no me quedó muy claro). Lo cierto es que enseguida escampaba y el sol volvía a brillar aliado eso sí, con un fuerte airón que al mismo tiempo empujaba a la nubarrona que a nosotros mismos por las brillantes calles rondeñas hasta el entorno de la hermosa plaza de toros y junto al mirador de su preciosa serranía y al grandioso puente sobre el Tajo.
Tuvimos tiempo de continuar con la interminable charla y tomar un cafelito para entrar en calor, en una selecta chocolatería con un precioso y relimpio cuarto de aseo digno de fotografiarse.

Ni el tiempo literal ni el ambiental nos permitió ver todos los maravillosos rincones de Ronda, así con la promesa de volver, nuestra incansable conductora nos llevó hasta Setenil de las Bodegas; otro precioso rincón digno de ser visitado y que nos recibía con lluvia  intensa y el mismo airón que en Ronda, pero aquí tampoco hizo volar nuestra ilusión de estar juntos viendo tan precioso lugar y la lluvia duró apenas un minuto para luego dejarnos realizar la visita con calma.

El viaje de regreso lo hicimos por la sierra, era un poco más largo que el de ida, pero merecieron la pena todas esas curvas aunque sólo fuera por ver el grandioso espectáculo que nuevamente de forma gratuita nos regalaba la naturaleza con un espectacular atardecer entre las montañas nevadas; teñida la blanca nieve de los picos más altos por el intenso amarillo de la puesta de sol, que se escondía entre las nubes de toda la gama de colores desde el brillante algodón blanco, al gris y al casi negro, con parcelitas de azul intenso de cielo. Lástima que al no poder parar, las fotografías no tienen la calidad que yo quisiera, porque las imágenes que tengo en el corazón no puedo pasarlas a formato JPEG y esas no se me borrarán jamás, aunque no pueda compartirlas.
Hubiera pagado por ver un espectáculo tan irrepetible como aquel. Espectáculo que una vez más venía de la mano de la mejor persona; la gaditalaejana que nació en Cádiz y se enamoró de Alaejos y la Virgen de la Casita y que en esta ocasión me ha regalado a Gloria. ¡¡No se le puede pedir más a la amistad!!
Cuando nos dejaron en el hotel, estábamos felices y satisfechísimos los cuatro del día vivido juntos. Nos despedimos y las vimos arrancar camino de Cádiz con la misma pena de siempre y la siempre ilusión de volver a estar juntos pronto y si es posible por más tiempo.  

Las horas del domingo con temperatura agradable y solazo las aprovechamos nuevamente en el centro torremolinense haciendo los últimos gastos en compreteos varios y terracitas.
Comida y un aburrido y somnoliento rato ya sin habitación donde reposar, esperando la hora de coger el bus que nos llevara al aeropuerto, deseosos de ver levantar el vuelo a nuestro avión y volar hasta casita.
Atrás quedaba una intensa y bonita semana para recordar con cariño y alimentar la ilusión de volver a coincidir con nuestros amigos en otra ocasión

lunes, 23 de mayo de 2016

HASTA SIEMPRE JULI



HASTA SIEMPRE JULI              23-05-2016

En ocasiones es imposible comenzar a escribir una carta de despedida. Se me hace un nudo en la garganta pensando cómo debe estar esta familia a la que tanto aprecio desde siempre.

No es justa la muerte sobre todo cuando le llega a una persona tan joven, tan luchadora y tan buena como tú. No es justo que hayas sufrido tanto, que te hayas aferrado a la vida con una fuerza que nadie sabía de dónde sacabas y se te haya negado la victoria.

Te recuerdo de niña, eran otros tiempos, en la pequeña tienda de ultramarinos que abrieron tus padres. Apenas llegabas al mostrador, apenas comenzabas a aprender a leer y ya sabías manejar el peso, el género, la clientela, sumar las cuentas y dar las vueltas con soltura.
Siempre discreta, tímida y callada, pero resuelta y muy, muy trabajadora. Pronto aprendiste a luchar en la vida. Cuando yo jugaba a tiendas, tu hermana Bego y tú no teníais mucho tiempo de jugar por estar ayudando a vuestros padres en una de verdad.
Después, los estudios para formarte y poder abrir desde muy jovencitas el próspero negocio que se convirtió en la bonita y dura profesión que habéis ejercido codo a codo y que ha ocupando vuestras incontables horas al pie del cañón uniendo vuestros lazos mucho más allá del que por sangre os venía impuesto.
Poco tiempo para la diversión o el descanso, pero siempre con una sonrisa. La felicidad parecía estar de vuestro lado hasta que el mazazo de una cruda enfermedad había caído sobre ti y parecía no querer soltarte.
Te aferrabas a cualquier pequeña esperanza. Has luchado por tu vida con fuerza de titán durante muchos años. Afrontabas cada recaída, cada nueva y a la vez más brutal embestida siempre con la ilusión de vencer y has vencido, aunque tu lucha no ha tenido el final feliz que todos deseábamos para ti.
Has vencido porque nunca perdiste la esperanza, porque has estado en todo momento rodeada de tu familia. Su mundo giraba por ti y para ti, por eso ahora aun les va a ser mucho más doloroso decirte adiós.

Sé que en estos momentos sobran mis palabras, aunque intenten ser de consuelo.
Si verdaderamente en el lado donde ahora estás existen lugares privilegiados, no me cabe la menor duda que el tuyo ha de ser el mejor para que disfrutes de todo lo que aquí cruelmente la enfermedad te negó.

Ahora te toca descansar y continuar al lado de los tuyos. Tanto amor como te has llevado, tanto amor como has dejado en ellos no puede quedar baldío. Seguirás viva Juli, viva cada vez que uno de ellos piense en ti y hable de ti viva y en positivo. No morirás si ellos viven, porque vivirás en su recuerdo y en su corazón.

Siempre escuché que los que se van no descansan hasta que los que quedan no les dejan de llorar, por eso tu familia tiene que dejar de llorar cuanto antes, aunque no me cabe en la cabeza que tu querida madre, tan mayor, pueda conseguir consuelo… Tus hijos, tus hermanos entre los que naturalmente incluyo a cuñados, sobrinos, primos… No cabe más desolación por tu partida.

Tu familia desde siempre es muy querida para mi, por eso a todos ellos les envío mi cariño y mi más sentido pésame, aunque permite que un abrazo especial sea para Marta, Bego y Jesu.

Descansa en Paz, querida Juli… Dulces sueños

domingo, 22 de mayo de 2016

AGRADEZCO A MIS LECTORES



AGRADEZCO A MIS LECTORES -22-05-2016

Hay días que me llevo gratas sorpresas al comprobar cómo gente que nunca me ha visto en persona, que me conoce apenas de “hola y adiós”, ha sabido entenderme y hasta de alguna forma apreciarme por el mero hecho de leerme.
Muchos que sí me conocían un poco más, se han dado cuenta de cómo soy por cómo escribo.
Sí, soy una persona tremendamente imperfecta, cargada de miedos e inseguridades que procura llevar siempre la cabeza muy alta, consciente de que no a todo el mundo le gusta lo que lee, ni todos han de estar de acuerdo conmigo en cada una de mis palabras ¡Faltaría más! Por eso siempre gradezco las críticas constructivas, no los critiqueos faltos de sentido, sobre todo común.

Escribir me proporciona mucha más satisfacción que sinsabores, mucho más desahogo  del alma que apretura de estómago, de hecho, si no fuera así, no escribiría o mejor dicho, no publicaría nada, pero nunca dejar de escribir porque me apasiona. Afortunadamente en mi equipaje hay muchos más escritos positivos que sinsabores, aunque mi innata rebeldía me haga defender mis ideas con uñas y dientes. Si la cara es el espejo del alma, el espejo de quien escribe, no siempre refleja las maravillas que uno quisiera mostrar.
Reconozco que en ocasiones  escribo con rabia de pena hacia lo que me sucede y me parece injusto, aunque no pueda afrontarlo para poner solución. De esas cartas y poemas tengo muchas en mi cajón; sentimientos que una vez escritos, una vez cumplido el desahogo de mi alma, lo guardo con celo y –salvo que sea estrictamente necesario- procuro no volver a leerlo para que no me haga daño nuevamente el objeto que me impulsó a lanzarme al papel y lápiz por no lanzarme al cuello de quien me proporcionaba el desasosiego de turno, o no lanzarme al hombro de quien hubiera estado encantado de enjugar mi pena y no quise hacerle sufrir.
En ocasiones decido no publicarlo porque quiero demasiado a la persona o personas que con su incomprensión o actuación de buena o mala fe, me hacen sentir que hubiera sido mejor no nacer si verdaderamente sufren por mi causa lo que dicen, pese a llevar toda mi vida intentando ser una “buena persona”, explicando que mi proceder no es en su contra, si no porque así lo siento.
Otras, esos escritos plasmados en sangre, es hacia las personas que hacen daño injustificadamente a quien yo más quiero.
A veces son en defensa de esos ataques gratuitos que me hace la gente que alguna vez compartió aire conmigo.
No soy mejor que nadie, soy como todo el mundo, aunque mi pecado sea escribir lo que pienso y siento en vez de comentarlo al rededor del velador de un café, -que también lo hago porque me encanta departir y cambiar impresiones con la gente que quiero- aunque en demasiadas ocasiones las palabras dichas se las lleva el viento y desafortunadamente en otras, el “difama que algo queda” sea muy utilizado por mentes retorcidas e insatisfechas consigo mismas, que nunca podrán demostrar que el mundo es como ellos  le pintan, pero si pueden demostrar que son como son, sin más.

Soy persona de cumplir promesas –y quien me conoce bien lo sabe-. Si alguna vez prometí no publicar nada que pudiera ofenderles o descubrir algo que pertenezca a su intimidad, aunque no fuera secreto, a fe que lo he cumplido. No me merece la pena dejar en el camino a personas muy queridas exponiendo públicamente escrita alguna felicitación –o queja - cuando puedo deshacer frente a frente el nudo que hubiera podido hacerse. Tampoco soy de poner la otra mejilla si ese nudo no fuera tan fácil de desembrollar.

En otras ocasiones, tras publicar durante años defensas vehementes sobre “conocidos íntimos” me encontré con su traición en plena cara y no me quedó más remedio que defenderme, y no me arrepiento de ello, lo volvería a hacer mil veces; si publico fue el desprecio, publica ha de ser la defensa, aunque con ello se destape una olla de mierda y me vea difamada e injuriada aun con más fuerza. Quienes lo hicieron quedaron retratados y tuve la fortuna de descubrir lo que en realidad tenía y por lo que afortunadamente nunca doblegué mi corazón para obtenerlo.

No escribo de política ni de fútbol porque no lo hago de lo que no me apetece; huyo de malos rollos y ensalzo o repruebo lo que a mi humilde juicio es de loar o censurar.

Soy tan como todo el mundo, que me ocurren cosas tan naturales como la vida misma. Cosas que te proporcionan felicidad infinita y compartes parte de ellas guardando bajo llave lo que no quieres que ni el aire roce.
Tengo una familia de la que puedo presumir porque sin ellos no sería quien soy ni como soy. Encontré a lo largo de mi vida cantidad de amigos que se quedaron en ella como tesoros impagables. Me siento afortunada por ello, aunque como el resto del mundo, no me libré de otros que en ocasiones entraron en mi vida. Personas que acepté por compromiso y que al cabo de un tiempo tuve la fortuna de librarme de ellos. Pese a haber recibido de mi –como si de buenos amigos se tratase- todo lo bueno que tuve; salieron de mi entorno a hurtadillas, desaparecieron como un pedo silencioso que deja fétida estela a los que están cerca,  llevándola con ellos vayan donde vayan, y cuando desaparecen, sólo los recuerdas porque estuvieron ahí y formaron parte de tu espacio, pero que al difuminarse, aprecias aun más el aire limpio que te rodea.
Quizás no llegas nunca a entender cómo lo hicieron de esa forma en lugar de explicar porqué, pero en este caso, dices como Rhett Butler en “Lo que el viento se llevó”… “Francamente queridos, me importa un bledo”.

Una vez un gran amigo dijo de mi: “Es una mujer hecha a si misma que comenzó escribiendo poesías más o menos buenas y sin estudios, ahora escribe de forma que nada tiene que envidiar a los periodistas de verdad”. Con esto me quedo, con esto y con el cariño de la mucha gente que me aprecia, dando las gracias a todos los que me leéis y a los que me criticáis, porque de las buenas críticas salen los mejores textos… y las mejores personas.  

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