viernes, 9 de diciembre de 2011

BIENVENIDO HÉCTOR

La tarde en que naciste
BIENVENIDO HÉCTOR 09-12-2011 a las 21.40


Hola Héctor, Bienvenido.

Fue larga la espera, pero finalmente aquí estás para llenarnos a todos de alegría y a tus padres de felicidad y… sueño.

Mamá ha sido muy valiente durante todo el largo proceso de tu alumbramiento, y aunque al final has nacido mediante cesárea, todo el tiempo estuvo tranquila y acompañada por papá. Él sí estaba muy nervioso aunque a ella trató de ocultárselo.

Aquellos que te sonreían tan emocionados eran tus abuelos. Para darte la bienvenida no paraban de hacerte carantoñas mirando en qué rasgos te pareces a papá o a mamá y aunque son muy distintos, han decidido que eres “igualito” a los dos.

No te inquietes, tú eres único, el Calleja Corrales que ansiaban tus abuelos para que contigo continúe la rama de sus nobles apellidos.

Tus tíos también te miraban con cara de susto, aunque muy sonrientes; no temas aunque les veas tan grandotes, van a mimarte mucho. Eres el pequeñín de la familia y aunque sólo tienes unos minutos de vida, ya eres el más importante.

Habrás heredado la fortaleza de tío Jorge, la sensibilidad de tu tío Javi y la dulzura de la tía Rebeca.

También estoy segura que has heredado las virtudes de tus tíos paternos, pues aunque te confieso que no les conozco, sé muy bien que es así.

También Héctor, tienes un bisabuelo al que tu llegada ha ilusionado tanto que ya prepara “batallitas” para contarte y espera ansioso que le lleven a conocerte.

Papá y mamá han estado muy nerviosos los últimos días antes de tu llegada. Son nuevos en esto de ser papás y querían que todo saliera bien.

Eligieron para ti un nombre precioso de origen griego que significa prudente defensor.

Cuando mamá se recupere del parto te llevarán a casa. Verás qué bonito está todo esperando que llegues.

Han arreglado el cuarto más bonito para ti. Compraron una cuna muy confortable para arropar tus sueños y el mejor cochecito donde pasearás cómodamente mientras te enseñan la ciudad donde has nacido. Es muy bonita, incluso en tardes de niebla como esta que te ha recibido; te gustará vivir en ella, ya lo verás.

Debes comer mucho y dormir muy bien por las noches para que papá -el hombre de voz fuerte que tocaba la tripita de mamá, cuando tú estabas dentro para que sintieras su cariño-, pueda descansar bien y para que mamá también descanse y esté tan guapa como tú quieres verla.

¿Pensabas que serían así de guapos? Ellos no imaginaban que serías tan guapísimo pero ahí estás Héctor; el niño más bonito del mundo.

Papá y mamá se van a desvivir para que tengas todo cuanto puedas necesitar, pero no te pedirán nada a cambio. Verte crecer sano será su recompensa.

Procura no llorar mucho para que no se pongan nerviosos, aunque es normal, ya te dije que no tienen experiencia con una personita tan pequeña como tú y si te pones malito al principio no sabrán qué hacer pero después verás lo bien que te cuidarán para que te alivies pronto.

Has tenido mucha suerte con la familia a la que has llegado. Tendrás dos abuelas que te mimarán y ayudarán juntas a papá y a mamá en todo los que los tres vayáis a necesitar. Tendrás dos abuelos que juntos te enseñarán a ser un hombrecito; sin olvidar a tu bisabuela Obdulia al yayo Félix: tu bisabuelo que sabe mucho de la vida y todo te lo va a enseñar. Eres afortunado chiquitín.

Te he visto en foto y de veras, eres una preciosidad y estoy muy emocionada con tu llegada.

Bienvenido al mundo pequeño Héctor, será maravilloso verte crecer.

viernes, 25 de noviembre de 2011

PROGRAMAS DE TELE5 RETIRADOS

PROGRAMAS DE TELE5 RETIRADOS

Otra vez a vueltas con la telebasura.
Aprovechando que no me gusta hablar (ni escribir) de política, y mucho menos de economía y finanzas; y aprovechando que tengo un rato libre, hoy le toca a mi “afilada pluma” croniquear sobre lo que parece ser un atisbo de cordura en “la cadena amiga”.

Ya se sabe que desde que la madre de un presunto delincuente apareciera en uno de sus programas, le han sido retirados los pastizales de los que se nutrían arrastrando en la debacle a otros que llenaban de griterío informe los hogares de quienes tenían a bien visionarlos.
Al quitarles “la sopa boba” de la publicidad, han abierto la caja de “pandorga” retirando de la parrilla un par de esos prograggggmas de gente viviendo en tierra de “Jauja” que hacen de su profesión un grito; dos programas entrañables, que lo son, porque sacan las entrañas del primero que se les pone por delante (o por detrás).

Quizás está cerca el día en que todos esos famosacos que viven del cuento y el pellejo ajeno, pasen a formar parte de una larga lista de anónimos que trabajen sintiéndose totalmente realizados, donde sin ofender a nadie, puedan seguir gritando alto y recio; ganándose el sueldo con sudor, no de sauna, si no con lo que mejor se les da: como arreadores de mulos.

Yo, también soy de los que, como decía "Love" en su chirigota "Los Falsos" del año 2010: “no veo la tele” pero me entero de todo.

Dentro de lo malo, “La Noria” no es de lo peor, aunque con darle tiempo se haría, porque van contratando a personajes polémicos, gritoparlantes y afamosados que no saben ser entrevistados los unos, ni entrevistar los otros, quizás porque tampoco tienen alguien medianamente interesante que responda o a quien preguntar.

Para entretenerme y pasar el rato prefiero otras cosas, pero como hablamos de tele; me gusta ver “El Hormiguero”, el recientísimo “Comecocos”  que demuestra que se pude debatir sin gritar,  respetando el turno de palabra y entretener sin ofender.
Soy asidua de “Pasapalabra”, “Ahora caigo”, (entre otros muchos) que para ponerme de mal humor, no me hacen falta ninguno de los otros.

En contra de lo que pueda parecer, ni me paso todo el día viendo la tele, ni sólo veo documentales, soy un espectador más con gustos y criterios propios; de lo que emiten, veo lo que me apetece, critico lo que me parece y utilizo el mando a distancia cuando me place; igual que tú, pero al igual que tú, estoy deseando poder decir abiertamente y sin que se me tache de lerda: “veo este programa y me gusta”… o no.
Eso ocurrirá si las cosas siguen como apuntan y poco a poco desaparecen por completo esos “basura”; se desperezan  los guionistas y crean programas que, nos gusten o no, sean dignos de ser respetados;

Programas que por entretenidos, amables y cultos, me hagan ir a la cama con dolor de sofá y “quitada de la pena”; que para aburrida y necia, ya está la vida real.

viernes, 11 de noviembre de 2011

NO COMPRES EL VESTIDO DE NOVIA EN "ARRAS VILLANUPCIAL" DE VALLADOLID

NO COMPRES EL VESTIDO DE NOVIA EN "ARRAS  VILLANUPCIAL" DE VALLADOLID -08-11-2011-

Si alguien me hubiera advertido, seguramente ahora no estaría escribiendo esta crítica; ojala llegue a tiempo de evitar que alguna muchacha próxima a casarse, entre en esa tela de araña llamada “Arras Villanupcial” situada al lado del cementerio del Carmen de Valladolid; y ponga sus ilusiones en manos de irresponsables que les hagan vivir la pesadilla que vivimos en vísperas de la boda de mi hija, que como única mancha, para que todo hubiera salido maravilloso, fue el disgusto y las desazones que sufrimos por culpa de “Arras”.
          De haber escuchado a otras personas contar un relato parecido a este, seguramente hubiera dicho: “Si me pasa a mí, me muero” O “Yo me hubiera puesto a gritar como loca soltando toda clase de improperios”.
Pues no, ni te mueres, ni gritas, sólo piensas en que se solucione el problema, y sabes que gritando sólo pondrías más nervioso a quien debe arreglarlo; aunque ganas de decirle cuatro cositas bien cerca del oído a la primera inepta que tocó el vestido, ni me faltaron, ni me faltan.

Empezaré por el principio para que –como siempre- todo os quede muy clarito queridos lectores.

Justo ocho meses antes del evento, entramos casualmente a mirar “lo más importante en una boda”: el vestido de novia, que suele llevarse un elevado tanto por ciento de las miradas de invitados y curiosos.
 Fuimos tratadas con delicadeza y esmero durante el tiempo en que a  la futura novia le probaban diferentes modelos. Cuando finalmente encontró uno que casi se ajustaba a sus deseos,  sugerimos  si fuera posible colocarle unas mangas medievales, entonces sí, sería perfecto para ella.
Sin problema ni pega alguna, se nos ofreció la reforma y se nos aseguró que el vestido quedaría precioso con el nuevo diseño.
En ningún momento nos empeñamos en imposibles, simplemente sugerimos y se nos ofreció lo que deseábamos.

Salimos de allí contentas y felices aguardando que el tiempo pasara y llegara el día de la primera prueba cuya cita se cumplía el 2 de septiembre, un mes antes de la fecha del enlace.
Ese día, como era de esperar, el vestido no estaba perfectamente ajustado, una primera prueba ya se sabe que suele ser así.
La modista no fue precisamente amable, ni tranquilizadora su actitud poco resuelta, pero quedaba mucho tiempo y confiábamos en que la segunda prueba fuera la definitiva, o casi.

La segunda cita fue el 16 de septiembre; se acercaba la fecha  y se acumulaban los últimos preparativos, pero confiábamos estar en las mejores manos en cuanto a profesional costurera ¡Ja!
El día 16 no sólo no sentaban bien las mangas, además la modista supongo que harta de no dar con el perfecto acoplamiento de estas,  y viendo que el tiempo se le echaba encima para hacer un trabajo digno, al volver a vestir a la novia, en vez de tranquilizarnos, fue aun más desagradable y volvió a darnos una tercera cita para prueba que ya ni imaginábamos que se daría, porque pensamos que el problema estaría ya subsanado a tan solo dos semanas de la boda y habiéndolo comprado tantísimos meses atrás.
Hasta aquí podría ser aguantable de nervios y desazones, pero el tiempo realmente se nos echaba encima y no veíamos que la profesional del hilo y la aguja lo fuera tanto.

La cita esta vez fue para el jueves 22 de septiembre y allí estábamos como clavos confiando una vez más en que estábamos en manos de buenos profesionales y que aquel día el vestido estaría ya sí o sí, perfecto.

Cuando llegó la ayudante a vestir a la novia, no quise verle la cara de circunstancias, pero sí pudimos ver que las mangas no sólo no estaban correctamente colocadas, además el escote estaba retorcido, como si lo hubiera tocado una manazas sin idea de coger una aguja enhebrada.

Entonces fuimos informadas que la “modista” había tenido que “salir urgentemente al médico”, es decir, la impresentable nos había dejado tiradas, no tuvo profesionalidad ni para saber confeccionar, ni para enfrentarse al desastre en que había convertido el vestido de la novia a tan sólo una semana de la boda.

En aquel momento nos proporcionaron otra modista, que pese a tener que “comerse el marrón”, nos trató con el respeto que sin duda merecíamos.
Esta mujer, nos aseguró que ella confeccionaría bien el vestido y con exquisita educación, pedí que no volviera a tocar el vestido la otra irresponsable –me niego a denominar otra vez modista a quien no nos demostró serlo mínimamente profesional-.
Así nos dijeron que sería, y nos emplazaron para una “primera prueba”; si, si, una primera prueba –para esta mujer lo era-  el martes 27.

Por increíble que parezca, y pese a lo que estábamos teniendo que sufrir, en ningún momento levantamos la voz, ni nos pusimos agresivas, ni nos subimos por las paredes, ni insultamos… cosa que cualquiera en nuestro lugar hubiera hecho presas de los nervios y la preocupación que conlleva la preparación de una boda; el tenerlo todo listo a una semana del evento, excepto –repito- algo tan importante y primordial como es el vestido de la novia.

A todas las otras pruebas habíamos ido siempre mis tres niñas, la madre del novio y yo. Esta última semana mis dos pequeñas por turno de trabajo no pudieron ir y puntuales volvimos a la maldita tienda “Arras” el martes día 27 de septiembre, la novia, su suegra y yo, sabiendo que el vestido estaba desmontado y lleno de alfileres; y confiando en  la profesional modista que con educación, tacto y hasta con cariño, nos atendió durante más de una hora y volvió a emplazarnos al jueves 29 para una definitiva prueba; al menos eso pensábamos.

A las 4 de la tarde del jueves ahí estábamos nuevamente las tres y el vestido hilvanado. Las mangas seguían sin asentar bien, las soltó del hilo, las colocó con alfileres sobre la “maniquí”, y cuando iba a quitárselo y volver a llevarlo al taller para hilvanar y volver a probar. ¡¡Eureka!! Por arte de magia, vi que el forro asomaba más de tres centímetros por debajo del final de la gasa del vestido.
A punto estuvo de darme un parraque al verlo; no sabía cómo decírselo a la modista para no angustiar más a la ya atormentada novia.

Más de una hora después, regresó la modista contenta y confiando en que por fin las mangas estarían listas para coser a máquina y el bajo reparado, a ras del suelo… casi me caigo de espaldas al comprobar que la eficiente muchacha había cometido un fallo de nervios y estrés colocando las mangas al revés.
No sabía en qué forma pedirnos perdón mientras nosotras –juro por lo más sagrado- continuamos con exquisita educación y paciencia increíble, sin levantar la voz y confiando en que ella lo solucionaría, aunque nos costara seguir esperando en aquella sala pese a todo lo que hay que hacer los últimos días en que sólo quieres que todo salga bien y has trabajado duro para pasarlos tranquila.

Otra hora y pico después, regresó, volvió a vestir a mi niña y como ya parecía que todo iba bien, quedamos en recoger el vestido al día siguiente, ya viernes víspera de la boda. Salimos del probador agotadas física y anímicamente más de cuatro horas después de haberlo ocupado.

Por fin era viernes, víspera del ansiado uno de Octubre y sin demasiada tranquilidad, a las cuatro de la tarde volvimos al probador de Arras, el lugar que se había convertido en nuestra pesadilla.
Hasta al menos las cinco, no apareció nuestro vestido que estaba rematado, tan sólo a falta de plancha, listo para un último vistazo.
Se lo probaron y por enésima vez las mangas continuaban cayéndose.
La encargada rezando por cobrar, apuntaba soluciones tan urgentes como absurdas. La eficiente modista, tan agotada de vestido como nosotras mismas, volvió a alfilerearlo y otra vez al taller con él.
         
Estoy segura que hubiera habido solución más rápida, aunque conllevara haber cambiado el corpiño entero y a eso no estaban dispuestos en “Arras”, por eso el arreglo nos costó a nosotras el tiempo y a ellos coste cero, porque tampoco creo que le hayan pagado a la modista las incontables horas extras que tuvo que echarle a la reparación, cuando un corpiño nuevo lo hubiera hecho mucho más rápido y lo hubiera quedado perfecto, ya que todo el problema estaba en que en fábrica lo confeccionaron tal y como fue diseñado, sin contar con que llevaría mangas y lo primero hubiera sido reformar el patrón antes de cortar la tela para tirantes, en vez de hacerlo para un pegado de mangas.

A las seis de la tarde el vestido finalmente estuvo listo para plancha y nosotras para esperar  a llevárnoslo a casa.

A más de las ocho de la tarde por fin pagué íntegramente el vestido y tanto la encargada como la modista, nos dieron las gracias por nuestra impecable actitud durante tantísimas horas de espera en tan complicados días para nosotras y por no habernos puesto como energúmenas con ellas, pese a tener toda la razón del mundo para habérnoslas tirado al cuello en varias ocasiones.

Juro que ni aumenté ni disminuí una coma. Todo ocurrió tal y como lo relaté.
Imposible olvidar la cara de resignación y angustia de mi tesoro cada vez que le ponían y quitaban incontables veces su precioso vestido de gasa y con su gripe a cuestas por culpa de los nervios, las interminables y aburridas horas en el probador sin poder hacer otra cosa.

Cuando llegué a casa, colgué el vestido de la puerta más alta del armario para que la cola no rozara el suelo, y al contemplarlo, cual no sería mi sorpresa al comprobar con horror, que en una de las capas de la cola tenía un desgarro que habían disimulado con un horrible parche. Recé (en arameo) para que nadie más que yo viera semejante chapuza y así fue; el vestido al día siguiente estaba precioso y mi hija radiante, feliz y olvidando que las mangas seguían deslizándose del hombro por culpa de la mala confección,  lo lució, lo jaleó, lo bailoteó, lo disfrutó y fue la novia más rebonita del universo, olvidando todo lo sufrido por culpa de “Arras”, pero como yo no quiero que la historia se repita en otras niñas, ni en otras madres, aquí os quedo el relato.
Me daría por satisfecha sabiendo que quien lea esto, se convierta en una cliente de menos para esta tienda “Arras Villanupcial” que arruinó nuestra tranquilidad la última semana antes de la boda y estuvo a punto de arruinarnos el día más importante en la vida de mi hija.

jueves, 3 de noviembre de 2011

POR QUÉ NO HE IDO “ESTOS DÍAS” AL CEMENTERIO

POR QUÉ NO HE IDO “ESTOS DÍAS” AL CEMENTERIO  2-Noviembre-2011

No acostumbro -y seguramente ésta será la última vez que lo haga- a dar explicaciones de mis actos.
Hoy lo haré para que nadie piense que no le tengo respeto a mi padre,  que le he olvidado demasiado pronto y porque no quiero que mi madre sufra innecesariamente y hace un rato me dijo que “estos días” está sintiendo vergüenza ajena cuando le preguntan en el pueblo si voy a ir al cementerio y tiene que contestar que no.

No busco el apoyo, igual que no busqué estar en boca de todos, como al parecer –y según mi madre- estoy. Sólo quiero callar esas bocas y si puede ser para siempre mucho mejor.
Tampoco pretendo que me den o quiten la razón quienes estén leyendo esto, simplemente ruego que si alguien tiene alguna duda o pregunta sobre mí, que me la haga a mí, porque de mí misma, nadie tiene mejor respuesta para dar que yo y la daré si lo estimo oportuno. Los que me juzgan sin conocerme no me merecen la pena.

Como a todos los que os importa en algo mi vida sabéis, el pasado 5 de mayo perdí a mi padre; pues bien, nadie me ha visto llorar desde entonces y eso parece que me condena –cosa que me importa muy poco-, pues los juzgadores ni me conocen, ni falta que les hace; por cualquier cosa se me condena y punto ¿Por qué? Eso quisiera yo saber… o no.

Si tengo que llorar por mi padre lo hago en privado y seguramente de emoción al hablar de él recordando todas las cosas buenas que viví a su lado, momentos inolvidables que nunca volverán; desterrando los malos ratos, porque recordar lo malo, es hacerse daño inútilmente y sobretodo hacérselo a él, porque sufrirá si me ve sufrir por su ausencia.

¿Qué estoy loca? ¿Qué te hace pensar que el loco no eres tú?

He crecido oyendo a mi padre decir que el día que muriera no se gastara para él ni un duro en flores ni en misas; siempre le dije “tranquilo, yo lo haré”; ahora  lo único que estoy haciendo es respetar su voluntad y honrar su memoria todos los días, aunque no sea en público o porque lo indica la fecha de un calendario.

Pienso en mi padre, le quiero, le admiro, le hablo todos los días, creo que ese es el mayor respeto que  puedo demostrarle únicamente a él que es quien se ha ido y por quien se supone que debería hacer lo que ni hago ni haré.

Mi padre de alguna manera odiaba el “qué dirán”, los convencionalismos y los “Porque sí” y también en eso creo que me parezco a él, porque en mi vida actúo por convicción no para fastidiar a nadie. Así me quería él y se sentía muy orgulloso de mí; lo sé porque me lo decía siempre mirándome a los ojos.

Respeto las decisiones de los demás. A nadie le exijo, le pido, le ruego o le conmino a hacer lo que yo hago; a pensar lo que yo pienso, a actuar como actúo, esto es: en consecuencia con lo que pienso y siento. ¿Es mucho pedir el mismo respeto para conmigo?

¿Demostraría más amor hacia mi padre si fuera a llorar a su tumba para que me vieran? ¿Volvería a verle si fuera a misa cada día? ¿Le valdría de algo gastarme un dineral en flores? ¿Quiero menos a mi padre por pensar y sentir así? No me considero tan monstruo por pensar que para su descanso es mucho mejor sentirle cerca y recordarle de forma bonita y positiva todos los días de mi vida y no solamente el 1 de noviembre.

A causa de su enfermedad senil, siento la ausencia física de mi padre desde mucho antes de su partida, no necesariamente tengo la obligación de llorarlo una vez al año públicamente en el cementerio porque todo el mundo lo hace con los que se van, pero sí respeto a quien lo hace, no les critico por ello.

Querida madre: tienes muchos motivos para sentirte orgullosa de mí, piensa en ellos y disfrútalos; no sufras por tonterías cuando en esta vida hay mucho importante por lo que sufrir o de lo que alegrarse. No veas siempre la vida del único color que te hace daño habiendo un arcoíris para elegir otros que te harían vivir feliz.

domingo, 30 de octubre de 2011

CRÓNICA DE UNA BODA CASTELLANA

Por lo extenso de esta crónica estoy segura que sólo la leerá completa o del tirón todo aquel que tenga verdadero interés en ello. Algunos verán “los santos”; muchos se conformarán con los titulares y otros quizás ni eso.
Lógicamente, mi relato está escrito desde el corazón –como siempre- y para que el recuerdo de un día tan hermoso no quede sólo en las miles de imágenes fotográficas que los invitados obtuvieron y que lógicamente no todos podréis ver al completo –salvo que visitéis mi casa, donde gustosamente se os servirá –previa cita- un café con pastas en un cómodo sillón.
Aprovecho para dar las gracias a todos cuantos habéis participado con ilusión en la boda: con vuestra presencia, vuestra felicitación y cariño; especialmente a los que sin haber sido invitados a la fiesta, habéis querido que  los novios guardaran algún recuerdo vuestro; y a quien estando invitado, por razones de imposible aplazamiento, se quedó con verdaderas ganas de acompañarnos.

A todos vosotros gracias por leerme y gracias por estar ahí, tanto en los momentos duros, como en este día tan entrañable y bonito para nosotros.

CRÓNICA DE UNA BODA CASTELLANA
Escrita el 5 y el 18-10-2011

Aún con la resaca mental que produce preparar y disfrutar de una boda; aún con el regusto y la tranquilidad de que todo salió bien, por fin me dispongo a compartir con vosotros el bonito día que viví junto a mi familia y amigos celebrando el enlace de Laura, mi hija mayor, con Víctor, el muchacho encantador que ya es un hijo más para nosotros desde que comenzó la vida junto a nuestra niña.

          La cálida mañana transcurrió tranquila hasta la hora de salir hacia la peluquería donde comenzaron a ponernos guapas. Después la comida, ligera y por pedido telefónico para no estropearnos ni las uñas, ni la cocina.
          La tranquilidad y el relajo continuaron cuando llegó Manuela, nuestra maquilladora, que con gran pericia y profesionalidad me restauró de chapa y pintura dejándome con la misma edad, pero aparentando unos cuantos meses menos.
Mientras Manuela dejaba a Laura –si cabe- aun más preciosa, el resto de la familia nos vestimos de “gala” y luego las chicas (incluida Lucía) nos encerramos para vestir a la novia -sin nervios por saber que teníamos el tiempo suficiente- mi niña rápidamente estuvo lista para que mi yerno David ejerciera de fotógrafo y plasmara el momento.
Tras varios disparos, posado y lógicos nervios ¡Ya está! Todo listo para salir de casa ¡tarde!
A la puerta nos esperaban algunas vecinas para ver la salida de la comitiva y un precioso coche con chófer que a “La Cistérniga” llevaría a la novia, al padrino y Andrea, una de las niñas de “Arras”.

Para Laura, el modelo del impresionante coche “DAIMLER LIMOUSINE DESCAPOTABLE”  fue la primera de las sorpresas, regalo de sus amigos “vesperos”.
Poco antes que la novia con su padre y padrino, llegamos a la plaza cirriense mis hijas, hijo David y mi nieta. Apenas tuvimos tiempo de saludar al novio –guapísimo- y a nuestros familiares y amigos que pacientemente aguardaban,  porque enseguida llegó el coche de la novia, que ayudada por su niño, descendió de él para fundirse en el último abrazo de solteros.

Los invitados fueron accediendo al Ayuntamiento donde tendría lugar la ceremonia, que al ser civil, no es necesaria la utilización de las arras, por eso, las dos niñas, vestidas igual de bonitas, llevaron: Andrea por ser la mayor los anillos y Lucía, que aun no camina sola, ayudada por su madrina, entró en el salón de actos empujando un “corre pasillos” que portaba una cestita llena de pétalos de rosa.

Ni qué decir tiene, que pasé un mal rato al llegar a ese salón de actos y ver a mi madre por primera vez en una celebración sin mi padre a su lado. Extrañé su presencia, pues aunque siento que está muy cerca de mí, no ver su sonrisa tal como la vi el día de la boda de Cecilia, me hizo despertar sentimientos muy hondos, aunque precisamente por saberle tan cerca, enseguida pude “recomponer” mi gesto y continuar viviendo el día más feliz en la vida de mi hija.
Enseguida comenzó la ceremonia con lágrimas de emoción de la novia, unas palabras del alcalde de “La Cistérniga” y hermosa música elegida por Arancha para la ocasión.
La segunda sorpresa de la tarde la recibieron los novios por parte de kristina que les dedicó unas cariñosas y emotivas palabras. Laura y ella son amigas desde crías y han vivido juntas fiestas inolvidables y momentos irrepetibles; aunque como sabido es, los amigos se hacen en las juergas pero donde realmente se afianza una verdadera amistad, es en los momentos duros y también pasaron juntas por ellos, forjando lazos de verdadero cariño de hermanas más que  amigas.
Intercambio de frases, anillos y firmas dieron por terminada la ceremonia y con la salida de los novios bajo una lluvia de pétalos de rosa, arroz y tracas de papelitos, dio comienzo la fiesta del enlace.
Mientras una montonera de cámaras inmortalizaban el  posado de invitados junto a los novios; el resto mojamos el gaznate reseco de nervios y calorcito ambiental con refrescos y cervezas que los novios hicieron llegar en la furgo de David y Sandra para que nadie gastara un “leuro” en los bares y tampoco pasaran sed durante la espera, pues a pesar de estar ya en Octubre, el día había sido caluroso y la tarde continuaba siéndolo.
También como sorpresa, Jose y Maite acicalaron su flamante  “Sidecar” y pese al inconveniente que seguramente supuso para ellos  llevarlo como “invitado”, gustosamente lo hicieron para que Víctor paseara a su esposa; sus amigos sabían la ilusión que les hacía subir en ese precioso vehículo vestidos de  novios
Varios invitados fueron dirigiéndose hacia la bodega “Los Tarantos”, lugar elegido para la celebración; otros nos quedamos acompañando a quienes esperaban ir en el autocar que también proporcionaron los novios a sus invitados a fin de evitar incompatibilidades de conducción y bebida.
Dicho autocar se hizo esperar más de media hora sobre la prevista, lo que retrasó nuestra llegada al cóctel de bienvenida que afortunadamente se estaba sirviendo para los que iban llegando en sus coches.
Esta espera suele ser habitual en otras bodas a causa de que los novios hacen su larguísimo reportaje fotográfico; Víctor y Laura no habían programado ese reportaje para compartir todo el tiempo con sus invitados y la tardanza del autocar se lo impidió brevemente. Todo no podía salir tan perfecto como ellos lo planearon, pero el contratiempo tampoco logró borrarles la sonrisa.
Al llegar a “Los Tarantos” los novios fueron recibidos con canciones de tuna. Mi nuevo yerno es miembro de “la ínclita, docta y epicúrea” Tuna de Ciencias de la Universidad de Valladolid, y aunque hace años que no “ejercen”, un tuno nace, no se hace, y llevan la tuna bordada en el alma como bordadas las cintas de sus capas.
Tienen costumbres no extintas, tales como que cada vez que uno de ellos se casa, el novio impone su beca a la novia cantándole canciones de bienvenida.
Desde su creación, allá por 1991 Mis hijas y yo –mucho más Laura- somos incondicionales de esta tuna que recorrió España y mucho mundo, ganando importantes certámenes.
Ahora que tengo un hijo tuno, me siento muy orgullosa de amar tanto a estos muchachitos que desde  siempre me mostraron su cariño, tanto en las tres rondas que hicieron en mi casa: a Laura, Cecilia, y a mi misma; como en la ronda a Irene en su  Primera Comunión, donde nos acompañaron desde la salida de la misa hasta el final del día amenizando con sus canciones la fiesta; así como en la ronda “despedida de soltera” a Cecilia; o en tantos y tantos concursos a los que asistí y los vi ganar y disfrutar de su juventud, canciones y parodias.
Por todo ello la tuna de Ciencias ha sido, es y será MI TUNA.

Como curiosidad diré que Víctor quiso “liberar” a los hombres invitados a su boda de la prenda que siempre les agobia en toda celebración como la que nos ocupa y en la propia invitación rezaba: “Se ruega no llevar corbata”; él mismo siendo el novio, no la llevó. La tuna aceptó la norma de su anfitrión y ninguno lució corbata, todos llevaban al cuello enormes y vistosas pajaritas… “el novio sólo dijo no llevar corbata” decían jocosos.

Tras el “inciso tuna”, continuo con mi relato.

Degustamos el riquísimo cóctel al aire libre que nos fue servido en las mesas situadas sobre césped (incómodo para las señoras con tacones, no vamos a omitir el dato, aunque afortunadamente hace mucho que no llueve y la tierra estaba seca) Ese “entrante” nos vino muy bien porque  era hora de asesinar al gusanillo y departir con los invitados, pues los padres de los novios, de alguna manera, también somos “anfitriones” y juntar a familia y amigos además de alegrarnos, es el mejor momento para pasar un ratito con cada uno de ellos.
Al mismo tiempo de la charla, nos supo a gloria el jamón ibérico, queso, exquisitas croquetas y canapés variados que nos fueron preparando para la “cena barbacoa” que nos esperaba en el acogedor y coqueto comedor, de “Los Tarantos”.

Las mesas distribuidas de tal manera que no había una sola “mesa presidencial” si no tres redondas –separadas entre sí- de las cuales salían sendas hileras de mesas rectangulares unidas unas a otras. De esta forma, en la primera de ellas, se sentaron mis consuegros con sus hijos presidiendo a sus amigos y familiares; en la central los novios con dos parejas representativas de sus amigos y en la siguiente Jose y yo con nuestras niñas, nuestro niño David y Lucía muy formalita en su trona, presidiendo a nuestra gente.
Cada uno de los platos tenía una vistosa tarjeta con el nombre del comensal para que nadie se quedara “descolgado” por no encontrar sitio junto a los suyos, como ocurría en las bodas antañonas. En este caso además de distribuir invitados afines, como se viene haciendo hace años, los novios tuvieron el trabajo “extra” -todo un detalle por su parte- de acomodar con nombre propio.

Los novios pretendieron con esta distribución de las mesas, -y a fe que lo lograron- moverse libremente durante la cena para poder acompañar a todos los invitados por igual y estar en todo momento “en el cogollo” de lo que aconteciera –que fue mucho y variado-.

Como curiosidad os diré que los arreglos florales que adornaban el restaurante también fueron elegidos cuidadosamente por la novia.
Sobre las mesas del cóctel había pequeños centros cuyos “jarrones” eran pimientos verdes y rojos y berenjenas naturales. Los de los centros de las mesas principales eran calabazas, que alguno al final de la noche utilizó como sombrero.

De todo ello os contaré en breve –que no brevemente-

Tras el animado y riquísimo cóctel, todos los invitados subimos al restaurante y una vez acomodados en nuestros respectivos sitios, hicieron acto de presencia los novios que habían elegido todas y cada una de las piezas musicales que iban a sonar durante el convite y con mucho esmero la que sonaría durante las sorpresas que ellos nos tenían reservadas y que también contaré acto seguido.
Para el “momento entrada”, -que Laura hizo lanzando besos a los asistentes sin poder esconder su felicidad y emoción- en vez de la típicamente añeja “marcha nupcial” optaron por una hermosísima: “Levántate Morenita” interpretada en disco por el castellano dúo “Candeal” y coreada por los asistentes.
Todos en pie recibimos a la pareja del día y la primera emoción para muchos de nosotros al ver a la peña “Los Comuneros” de la que son miembros Víctor y Laura; uniendo sus pañoletas moradas haciendo un pasillo para que bajo él pasaran los novios y después anudarles una al cuello.

Sin saber Cecilia e Irene que su hermana iba a sorprenderlas, ellas también tenían preparada una sorpresa que –a petición del “pincha”- dieron a los novios en cuanto ocuparon sus sillas a la mesa.

Mis niñas le entregaron la canción de Manolo García favorita de Laura: “Nunca el tiempo es perdido”; y cuando comenzó a sonar, ellas se acercaron a la mesa presidida por los novios llevando dos grandes paquetes de regalo.
El primero, era un arcón grande de madera con motivos muy afines a la pareja, lleno de globos, serpentinas y papelitos; arcón que días antes habíamos visto Laura y yo, y se quedó con ganas de comprarlo; ni qué decir tiene que sus hermanas corrieron a por él para sorprenderles en este día.
El segundo de los paquetes, era una composición fotográfica que David trabajó y que les emocionó muchísimo, sobre todo a la novia.

Tras este primer “momento emotivo” comenzaron a servirnos la cena y sin dar tregua al aburrimiento, los novios alzaron sus copas y Víctor comenzó el famoso y simpático brindis de la tuna que atentamente cumplimos en pie realizando todas y cada una de las ocurrencias de mi tuno favorito.
Poco después, los componentes de la tuna invitados, sin moverse de sus asientos y acompañados por el incombustible Pepe comenzaron otro brindis al que también respondimos el resto de comensales y después también sin siquiera levantarse, cogieron sus guitarras –Y  Pepe  el tambor- y desentonaron alegres alguna pieza jaleada por la mayoría de invitados (no diré todos, porque seguramente sería una exageración, pero si fuimos muchos los animados que animosos degustamos la cena envuelta en canciones y alegría. Ni qué decir tiene que Víctor en todo momento estaba más tuno que “esposo” y Laura –que tampoco paró en su mesa- deambulaba feliz por el salón disfrutando de su fiesta y de sus invitados (que no de la cena, porque no probó bocado más empeñada en disfrutar de todo y con todos que de la propia comida).

Poco a poco “Los Comuneros” fueron llevando a la mesa de los novios unos sospechosos lingotes dorados que iban apilando hasta formar una larga torre. El “oro” de los lingotes resultó ser escayola prensada que contenía dentro bolsitas con dinero que los novios tendrían que rescatar en mejor momento.

Antes de que nos fuera servido el lechazo, la tuna ahora sí, abandonó su silla –que nos sus guitarras ni a Pepe y su tambor- y animaron a otros muchos invitados a acercarse, para formar un corro y rodear a los novios haciéndoles bailar la jota “Por el puente de Aranda”. Víctor, -más amante de rasguear que de brincar- pronto cogió la guitarra y dejó a Laura “solita en el corro” hasta que rápidamente Cecilia acompañó a su hermana y jotearon como descosidas.

La cena continuó bulliciosa y pese a ello, Lucía que no tiene en absoluto costumbre de tanto ruido ni de verse rodeada de tanta gente haciéndole monerías, no perdió la sonrisa ni estuvo “intercadente”; cenó su papillita poco antes de que comenzara nuestra cena y estuvo sentada en su “Trona presidencial” hasta que más tarde de lo habitual comenzó a tener sueño, le cambiaron su ropita de boda por el pijama y no tardó en quedarse dormida en su silla de paseo justo antes de que se reanudaran las sorpresas, esta vez de los novios a nosotros.

Cuando se casó Cecilia, entregó su ramo de novia a Laura y a Irene una horquilla de su prendido; en esta ocasión el ramo era para Irene, pero la novia no quiso dejar a Cecilia con las manos vacías.
 Tras otro multitudinario, larguísimo y simpático brindis de tunos y “Comuneros”, Víctor pidió la atención y silencio de los presentes; comenzó a sonar “Rosa de Alejandría y Laura hizo señas a Cecilia para que se acercara. El sonido de su canción favorita y recibir de Laura una réplica de su ramo de novia, hizo que ambas se abrazaran llorando emocionadas entre los aplausos de todos los asistentes.
Acto seguido, con idénticas emotivas lágrimas, abrazos y aplausos, y sonando la música de “Los Fruitis”; serie de dibujos animados que Irene veía de pequeñita; Laura hizo entrega de su ramo de novia a su hermana pequeña que lo recibía tan emocionada como estuvo desde que amaneció el día.
Aún se oía algún aplauso cuando comenzó a sonar otra canción, en este caso “Gracias” interpretada por “El Canto del loco” y cuya letra entre otras muchas cosas hermosas dice: “Gracias, ¡fue tan bonito! ¡Por darme tanto cuando era un niño!

Laura y Víctor con sendas cajitas en la mano, se dirigieron hacia las mesas presidenciales laterales; ella a la de Ana y Mariano y él a la que ocupábamos Jose y yo. Nos entregaron la cajita, era una foto de nuestra boda impresa en pizarra. Ni qué decir tiene que lágrimas, abrazos, aplausos y emoción tampoco faltaron en esta inesperada y bonita sorpresa.
Pasaba ya media hora de la media noche cuando Raúl y Geane, hermano y cuñada de Víctor, y ahora de Laura, se acercaron a la mesa central portando la tarta con las exclusivas figuritas que ella misma había modelado.
Los muñecos vestían igual que los novios. Incluso las lazadas de los botines, las mangas medievales del vestido de Laura o un ramo de flores casi idéntico al real llevaba la pequeña novia; y el novio -con camisa similar a la de Víctor y sin corbata- conducía una Vespa azul, réplica de una de las de mis hijos.
Tras el acto simbólico de la partida de tarta, recibieron de forma no menos original que los lingotes, el regalo de la tuna, en este caso, “Cuate” portaba ceremonioso y a modo de “costalero” un paquete grande. Pepe tras él, esta vez hacía sonar el tambor como si de semana santa se tratase, y lentamente con sus correspondientes paradas y “Al cielo con ella”, se acercaron a la mesa de los novios para hacerles entrega del paquete, mientras “Weissmüller” les entregaba otra caja más pequeña y toda la tuna con sus becas se posicionó junto a los novios musicalizando el momento.
Víctor abrió la caja grande y descubrió el regalo: Un banyo precioso; mientras Laura abría la otra caja y se encontraba con mil pajitas de refresco que contenían en su interior billetes pacientemente enroscados para que cupieran por el agujerito y que los novios tendrían que rescatar y planchar en días venideros.
Acto seguido y como es tradicional, tras colocarle a la novia la capa y la beca de su enamorado, e interpretar alguna pieza -momento que Mariano aprovechó para marcarse un baile con su nueva hija. He de decir que no hice lo propio con Víctor porque estaba fundido a su guitarra y tres son multitud- comenzaron a pasar por las mesas cantando; siempre acompañados por Pepe y su tambor y en esta ocasión por Raúl asido a una maraca.

También aprovecharon el momento Ana, Geane, Irene y Cecilia para entregar los regalos de padrino, madrina y los bonitos y peculiares alfileres  para las señoras –modelados por Geane al igual que los novios de la tarta-; Kristina pasó por todas las mesas con el libro de firmas donde los invitados dejaban bonitos y emotivos mensajes para los novios.
Incluso con el ruido musical reinante, Lucía no despertó porque su tía Charo la retiró un poco del bullicio principal, aunque el salón no es muy grande y se oía perfectamente el cantiqueo en todos los rincones.
Cuando la tuna concluyó su “parche”, habíamos terminado con los postres, el riquísimo café de puchero y los licores (quien los tomara), y  llegó la hora de “bajar las migas” en animado bailoteo.

La primera pieza que –como ya apunté nuestros anfitriones cuidadosamente eligieron- fue “Bienvenidos”, para dar las gracias a todos cuantos les estábamos acompañando; pasando después los novios a inaugurar el baile no con el clásico vals, sino con “su” canción: Nothing Else Matters una balada heavy  del grupo METALLICA - que bailaron lenta y románticamente, como si el mundo hubiera dejado de girar y sólo ellos dos lo habitaran.
Seguidamente y comenzando por la “Jota Comunera”, todos los bailones bailaron y “barraabiertaron” que para eso estaban de boda y los novios pagaban las “rondas”.

Lucía seguía durmiendo sin inmutarse, mientras los demás continuábamos disfrutando de la fiesta; bailando a quienes les gusta y charlando a quienes nos encanta y el baile nos descoyunta.

A las tres y media partía el primer autobús para transportar a los pocos invitados que quisieron dar por terminada la diversión. Una hora después, también nosotros decidimos retirarnos –sin Irene que se quedó en Los Tarantos y continuó disfrutando como loca-, justo en el  momento en que comenzaban a servir las sopas de ajo y canapés para los muchos amigos de los novios que allí quedaban hasta bien pasadas las seis y media de la madrugada.

Llegar a casa con la tranquilidad de que todo salió perfecto, no tiene precio… para todo lo demás “Master card”

Laura comentaba feliz a la mañana siguiente que del día de su boda no cambiaría nada porque salió tal y como lo planearon y fue tan feliz como soñó que sería. Sin incluir lo que evidentemente no estaba en sus manos, por mucho que hubieran deseado tener a su lado a las personas que desde la estrella más brillante les acompañaron y ayudaron a que todo saliera tan bonito.

Gracias a todos los que hicieron posible que así fuera y gracias a los que sin desmayo habéis llegado leyendo hasta el final de esta crónica.

Marisa

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