lunes, 18 de agosto de 2008

LOS MISMOS EN ALAEJOS


No me refiero al otrora famoso trío vallisoletano que viajó a Mallorca volando en los años sesenta y aterrizarán en Alaejos pasada su propia sesentena el próximo “día la víspera” (7 de septiembre para los no alaejanos, descendientes o simpatizantes); para deleitarnos con sus canas, carnes blandas, repertorio añejo y voces más cascadas que nueces en Nochebuena.

Mi pueblo tiene unos mil seiscientos habitantes, por eso no es extraño ver siempre las mismas caras.
Es natural que los mismos colaboren, los mismos concursen, los mismos deliberen como jurado y los mismos ganen los concursos, para que los otros mismos; que ellos también son los mismos mismos, siempre le pongan pegas a todo.

Los hijos y nietos de los primeros mismos, desde pequeños colaboran, trabajan, se involucran en cada fiesta, ya sean carnavales, desfiles de peñas, concurso de limonada o lo que toque.

Hace años no había premios; ninguna recompensa a sus esfuerzos por ser los mejor ataviados en el desfile de peñas o en carnaval y aun así su animo y el orgullo de haber hecho algo gratuitamente por su pueblo era su recompensa. Pues desde que si hay premio al mejor o al que más anima, justo es que se esfuercen más y justo que si son los mejores, lo ganen, aunque despierten las envidias de los otros mismos.

Esos otros mismos; los que sólo critican como malo el buen hacer de los otros, ahora concursan y pretenden ganar sin esforzarse o es que por la falta de costumbre o de buenas ideas, su esfuerzo es nulo y por eso no ganan o alcanzan sólo premios inferiores. Entonces es cuando se enfadan, gritan “tongo” hasta desgañitarse y protestan porque siempre son los mismos los que ganan… Hay que saber perder y si no queréis que ganen los mismos, ser vosotros mismos los que trabajen hombro con hombro para ganar; aunque sólo sea el derecho a protestar.

miércoles, 13 de agosto de 2008

CÓMO BAILAN LOS CABALLOS ANDALUCES


Espectáculo del arte ecuestre que tuvo lugar en la plaza de toros de Valladolid el pasado 24 de Julio del presente 2008

Fotografía obtenida en: www.nortecastilla.es


Si el caballo es un animal hermoso al que sólo le falta hablar para ser “humano”; los caballos andaluces lo son aun mucho más.

Como apunté en el título, el día 24 de Julio, disfruté –por cuarta vez en mi vida- del espectáculo “Cómo bailan los caballos andaluces”.
Eran las diez de la noche cuando comenzó la alocución que casi conozco de memoria. Escuchar la misma voz, me transportó por un instante a la Real escuela de arte ecuestre de Jerez de la Frontera; donde pude ver los preciosos ejemplares las otras tres veces.

Desde la primera vez que lo vi, me cautivó la belleza de un espectáculo donde caballo, jinete y música se funden en mágica armonía.
Los caballos danzan con tanta suavidad que parece que los cascos no llegaran a rozar la arena.

La música de Manolo Carrasco y Luis Cobos son el complemento perfecto para la danza equina.

Durante más de una hora era imposible quitar la mirada de lo que ocurría en la arena del coso vallisoletano.

Una vez finalizadas las coreografías de las distintas modalidades, los diez caballos que acababan de actuar en ultimo lugar, salieron del rectángulo que delimitaba su espacio en el redondel de la magnífica plaza de toros vallisoletana, para dar una vuelta al ruedo al hilo de las tablas recibiendo el caluroso aplauso del publico asistente, que puesto en pie aplaudía con fuerza, mucho más cuando comenzó a escucharse la grabación del pasodoble con sonido a jota castellana interpretado por “Candeal”.
Entonces los caballos de nuevo fueron entrando en el rectángulo central del coso e interpretaron su hermosa danza al son de las palmas que acompasaban el pasodoble “Barrios de Valladolid”, fundiendo su danza de corcel andaluz con la música castellana hasta desaparecer por la puerta del patio de caballos.

Una vez más la magia del espectáculo llenó mi espíritu de dulces sensaciones que espero volver a sentir en una próxima ocasión.

viernes, 8 de agosto de 2008

HOMENAJE A LOS REPRESALIADOS EN ALAEJOS DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

HOMENAJE A LOS REPRESALIADOS EN ALAEJOS DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
 
 SILENCIOS ROTOS.
Con este título se publicó un dossier con algunas de las historias de incomprensible barbarie acaecidas en Alaejos al comienzo de la guerra civil.

El pasado sábado 2 de Agosto, se han celebrado en Alaejos actos de homenaje y recuerdo a algunos de los caídos durante esa cruenta guerra española.

Ha sido arduo el trabajo realizado hasta encontrar los restos de algunas de las personas que fueron represaliadas durante aquellos infaustos días de irraciocinio y locura.

El amor por un ser querido no muere con él y si además es arrebatado por la fuerza, deja una huella imborrable; con el dolor añadido de haberlo perdido injustamente y en este caso; además no saber siquiera donde dejaron su cuerpo tras asesinarlo.

Con el tiempo quizás se apacigua el rencor hacia quienes cometieron las atrocidades que tuvieron lugar, pero jamás el olvido a los seres queridos y el deseo de justicia y honra a su memoria o el honor de enterrarlos dignamente.

Para todos los que murieron durante la guerra española, y para sus familias, son estas líneas de sentido homenaje, pero quiero destacar de entre ellos a una persona que conocí y me mostró especialmente su afecto –aunque nada tenga que ver con este caso-.

Estoy segura que para María Losada “la Tocinera”, este hubiera sido un día muy importante, pero sus maltrechas neuronas casi centenarias, la mantienen en la nebulosa del olvido.
María luchó durante toda su vida por buscar la justicia y la tumba de sus hermanos caídos injustamente a manos de sus iguales durante la cruel guerra civil.
Ellos; como tantos otros, apenas tuvieron tiempo de luchar, pero si de defender con honor y sin armas sus ideas.
El único crimen que cometieron, fue el de que esas ideas no fueran las mismas que las de sus verdugos.

Los hermanos de María, eran personas cultas, con carrera; cosa no demasiado habitual en la época y que llegaron a ocupar cargos importantes en el pueblo y fuera de él. Quizás por eso fueron blanco fácil de las iras, envidias, y las armas de sus enemigos.
Otros, para morir no necesitaron ocupar cargo alguno; eran simplemente jóvenes, viejos o padres humildes de familia, cuyo delito fue convivir entre congéneres; quizás hasta entonces amigos o familiares, que sedientos de venganza, cobardemente manchaban sus manos con la sangre inocente de sus victimas.

Desde niña recuerdo a María junto a su madre; ambas de luto riguroso; sentadas junto a la ventana, tristes, contemplando pasar la vida de los demás. Nunca se casó, nunca tuvo vida propia. De alguna manera, ella también fue asesinada en el momento en que lo fueron sus seres queridos.

María no sólo perdió a sus tres hermanos durante la guerra. También perdió a su novio y tuvo que ver seis largos años a su padre entre rejas, tan injustamente como lo estuvieron miles de españoles.

Al igual que la de María; otras muchas familias sufrieron en sus carnes la atrocidad de perder algún ser querido en parecidas circunstancias y no tuvieron siquiera el consuelo de poder enterrar sus cuerpos y honrar su memoria.
No tuvieron un lugar donde llorar o depositar flores, porque por décadas estuvieron (y algunos lo estarán para siempre) ocultos en la maleza de una cuneta o enterrados en cualquier pinar sin una señal que delatara que allí había restos humanos con tiros en la nuca, asesinados o masacrados. Murieron como mártires, aunque nunca estuvieron, ni estarán en los altares.
Dejaron sus familias rotas por una barbarie que nunca debió suceder y jamás debería volver a repetirse.
Al dolor de la perdida de padres, hermanos o hijos, se unía el drama de tener que salir adelante sufriendo muchas calamidades y sacrificios, viéndose obligados a tragar su amor por los que murieron y su orgullo de saber que murieron como héroes y mancillaban su memoria. Teniendo que vivir al lado o incluso servir humillados a quien apretó el gatillo.

Los restos de algunas de aquellas personas asesinadas, han sido recuperados y sus familias al fin tendrán una tumba que recuerde su nombre y su injusta y prematura muerte.
No es afán de venganza como quieren pensar algunos, si no de justicia y honor a los muertos y sus familias. El mismo honor que recibieron los caídos del bando vencedor.
Todos ellos perdieron la vida por España y es justo que sean honrados en igual medida. Los muertos de guerra ni ganan ni pierden batallas, pierden la vida y merecen idéntico reconocimiento.

Si Dios no hace distinciones entre sus hijos, ¿porqué los muertos vencedores merecieron más honor que los vencidos? Me refiero sobretodo a los que murieron por sus ideas sin haber empuñado jamás un arma ni aun en defensa propia o los que murieron en el campo de batalla y que obligados por las circunstancias no tuvieron mas remedio que empuñarla para defender su vida.

Descansen en paz todos los caídos durante la guerra civil y los que esperaron en vano la justicia.
Mi más sentido pésame a los que hoy por fin han podido enterrar los restos de aquel familiar por el que tanto penaron y mi abrazo cariñoso para los que la enfermedad o la propia muerte, no les permite la alegría de ver cumplido su deseo de enterrar dignamente a sus caídos.

domingo, 20 de julio de 2008

RESPUESTA A "CRÓNICA DE LA SIEGA 2004"

FOTOGRAFÍA ORIGINAL DE 2004 


 La Crónica firmada por Javier Solano, apareció publicada por el periódico “El Mundo” en las páginas que destina para el diario “La Voz de Medina”. Al leerlo me indignó, por eso escribí esta crítica a dicha crónica.

Destaco aquí en diferentes colores el texto que no se esmeró nada el editor en contrastar la verdad de lo que se vivió. No se puede llenar hojas de un periódico sin ajustarse a la realidad y lo peor, hacerlo mal sin necesidad, porque hubiera sido fácil contar la verdad… ¿o cortó y pegó de las crónicas de otros años en que se celebró la fiesta de la siega? O incluso de otros lugares sin molestarse en contar lo que fue y no lo que le vino en gana.

  
 
CRÍTICA     RESPUESTA A LA CRÓNICA DE LA SIEGA -JULIO -2004-  

Acabo de leer el artículo que aparece en el periódico “El Mundo” y quiero daros mi versión de los hechos que yo si viví, aunque este cronista parece que estuvo muy lejos de Alaejos ese día.

 Leyendo la dicha crónica, comenzando por el titular, casi todo era más falso que un cartón de huevos de pollo.

¿600 personas? ¿De donde las sacó usted?

Yo por calcular que no quede, como mucho vi unas ¿300? ¡¡¡Como mucho he dicho!!

 Después pone en el pie de foto... Una cuadrilla de segadores sobre “uno de los carros"... ¿Dónde vio el más de uno? ¿O es que había bebido mucho del vinito gratis que daba el ayuntamiento y veía doble? (Broma)

 Luego en el mismo pie de foto reza: Tirado por burros... ¿¿Burros?? ¡Eran dos mulas!!

 Comienza la crónica con la ya mencionada “morcilla” de “más de 600 comensales” que de no ser porque esa misma cifra estaba en el titular que también aparecía, yo hubiera pensado que habían confundido el 6 por el 3, pero dos confusiones en una sola cifra es mucha confusión en el artículo de un profesional del periodismo.

 Sigue con: “Una celebración que instaurada hace unos años se ha consolidado gracias a la participación ciudadana”, aseguró la alcaldesa Cristina Aguado Lucas”. Si ella lo dice, ¡¡quién soy yo para llevarle la contraria!! ¡¡Si es que lo dijo y no fue invento de su amigo periodista!! Quizás con intención de ensalzar unas palabras que no dice o si las dice será “pa sus adentros”, porque gradecer a los colaboradores… poquito.

 Cierto es que se ha consolidado gracias a: que participan un grupo de aguerridos hombres y mujeres que aman Alaejos por encima de todo y que están dispuestos a colaborar en cualquier evento poniendo de sus propios bolsillos lo necesario para ataviarse a la antigua usanza –caso de la siega que nos ocupa- o para disfrazarse en carnaval preparando la obra de teatro “Doña Cuaresma y don Carnal” que magistralmente representaron este año 2004 en la plaza “El domingo gordo”.

 Los mismos que para animar el baile del dicho carnaval, se disfrazan en grupo para dar colorido al local donde se celebra el baile.

Los mismos, que van por los pueblos vestidos de segadores y espigadoras bailando jotas o representando obras de teatro.

Los mismos que organizan y participan en un precioso Belén viviente al que ni se le da publicidad ni ayuda para micrófonos con los que a los espectadores nos sería más fácil escuchar sus diálogos. Esos diálogos que con esfuerzo y maestría aprenden y después casi nadie escucha por falta de amplificación en sus voces.

Esos mismos alaejanos que demandan un poquito más de interés para sus esfuerzos que unas simples líneas, que dudo, estén “aseguradas” por la alcaldesa alaejana doña Cristina Aguado Lucas, como usted afirma.

 Los demás somos simples “bultos” –y me incluyo- que como mucho nos esforzamos en madrugar para acercarnos a la sementera a degustar el chocolate o el choricito con pan y el vinito –gratis eso si- que, si dejan de darlo, los únicos que aparecerían en el campo a tan temprana hora serían Los mismos”, el carro y las dos mulas. ¡¡¡Bueno!!! Y la plaga de topillos que este año “adornaban” la sementera para goce y disfrute de las aves rapaces.

Dice uno de los párrafos: Una vez organizadas las cuadrillas y tras recibir el "atero" las instrucciones del mayoral...

 No hay un solo "atero", los ateros son varios y van -como su nombre indica- tras los segadores "atando" los haces con cuerdas o "lías", palabra más al uso en Alaejos.

 Yo no escuché ninguna orden este año. Ese “mandato” tan bonito de: “dar agua al burro, poner sombra al hato, recoger platos y pucheros, andar por el gavillero, comer poco y andar listo” ... Nada, no se dijo nada.

La gente llegó a la tierra, y felices se pusieron a segar el pedacito de tierra tan pequeño que de no haber parado para comer el chocolate y “zurrarse” de vino y aguardiente en pucheritos de barro, gratis, habrían terminado de segar y por tanto terminado la faena en menos de media hora, pero desde aquí vayan las gracias a quien amablemente cedió el pedacito. Sin él tampoco habría nada que segar y moriría la fiesta.

 Continúa el articulo diciendo que; protegían sus dedos con dedales... DEDILES, se llaman dediles. Perdone, pero creo que quizás debería haberse documentado un poquito mejor señor Solana.

 Escribe unas líneas después: Tras ellos bajo un sol de justicia marchaban las espigadoras.

En tan corto espacio de tiempo cometió dos errores grandes como las dos torres de este pueblo.

ESTE AÑO EL SOL BRILLÓ... POR SU AUSENCIA: NO HABÍA SOL, ni de justicia ni de medio ambiente y no vi a ninguna espigadora detrás de ningún segador. Vi eso sí, varias personas con o sin los antiguos ropajes haciendo esos ramilletes de espigas llamados –como bien dice el cronista- “gallos” en Alaejos. Eran algunas mujeres y algún que otro señor al que no creo que le guste ser denominado “espigadora”. Pero eso sí, allí todo el mundo –excepto los segadores- iban a su bola y seguirán yendo –como ya dije antes- mientras “haiga” pan, y chocolate gratis, vino a zurrón y chorizo con pan al mismo precio que el pan y chocolate. Ah, y queso, lo que no vi fue el tocino que dice este hombre. A no ser que alguien lo llevara por su propia cuenta.

Tampoco vi ninguna cebolla, de las que tantas parece que comían los segadores antaño.

 Tampoco miente ni omite cuando escribe que hubo en los descansos bailes y cánticos tradicionales. ¡¡¡Menos mal que en algo acierta!!!

 Sigue más abajo relatando nuestro cronista: concluida la faena y tras subir a los carros -ya dije que uno y gracias- tuvo lugar la "enramada"...

Toda mi vida oí decir "echar el ramo", para mí y para la mayoría de alaejanos "enramada" es otra cosa.

 Y eso de que hubo trilla antes y después de comer, es lo que más hace que me reafirme en que este señor ni estuvo en Alaejos ni pasó cerca de aquí el día de la siega 2004.

 Estuve largo rato esperando –a la sombra eso si- para ver si enganchaban eso que él llama tabla y que todo el mundo sabe que es un “trillo”, pero no, no vi trillar, ni enganchar las mulas al trillo ni mucho menos a los alborotados más pequeños pidiendo subirse a él como si de la mejor atracción de feria se tratase. Ante la atenta mirada de los organizadores. Imagino que se refería a esos mismos organizadores que bajo un sol de justicia –ahora si- dejaron a las pobres mulas hasta que se acordaron de retirarlas de la era ya bien entrada la tarde.

 Sigue con su relato el periodista y atención a lo que leí: Al término de la faena, los concurrentes se desplazaron hasta el parque de la localidad.

Yo habría puesto: uno de los parques, así parece que tan sólo tiene un parque el pueblo; para degustar el tradicional cocido de garbanzos de Alaejos, no sin antes escuchar con atención el llamado "pregón del segador", que pronunció el presidente de las cooperativas de España.

 Ahí es nada, el presidente de las cooperativas de España. Me sobra nombramiento y me faltan cargos.

No salgo de mi asombro que un solo señor -que leyó nervioso unas bonitas palabras- reciba el nombramiento -por obra y gracia de Javier Solano, cronista de este articulo- de presidente de ¿todas? las cooperativas de España.

Cooperativas de vivienda, consumo, agrarias, locales, provinciales, pecuarias, pesqueras, transportes, industriales, de electricidad... ¡¡¡Anda que no hay!!! Resulta que hay tantas, que, para hacerme una idea, he tenido que buscarlas en Internet para poder enumerar algunas aquí.

Supongo que lo que le ocurrió al señor Solano, era no haberse informado –una vez más- exactamente de qué cooperativa es presidente el pregonero.

 Luego recalca que: al acto concurrieron numerosos políticos socialistas. Estupendo: ¿Numerosos? ¿Sólo socialistas? ¡¡Qué raro!!

 Como veis, me he documentado para escribir "este artículo" que además os va a salir gratis y no como a este señor que después de escribir las pocas verdades que ha escrito, además le pagan por ello.

 A partir de ahora no me voy a creer de los periódicos ni la fecha, intuyo que algunos mienten incluso en eso.

 Quizás este hombre en su afán de promocionar el pueblo y la fiesta hace como los buenos "conquistadores", se come una y cuenta 20. ¿O era el parchís?... ¿O es un símil y vale para las dos cosas?

 La verdad es que no ha dado ni una el pobre, y no entiendo por qué, porque lleva muchos años en ese puesto de trabajo y si lo hiciera mal ya lo habrían despedido… ¡¡digo yo!!

 Bueno lo importante es que nosotros lo vivimos, lo disfrutamos y seguiremos haciéndolo mientras dure (a ver cuánto dura) y nos apetezca, pongan luego lo que quieran en el papel "cuché".

 Esta fiesta se celebró por última vez en el año 2005 que fue un rotundo fracaso gracias -presuntamente- a la mala relación entre "alcalda-los mismos".

 PUBLICADA 20-07-2008

 https://marisa-alaejosysuscosas.blogspot.com/2008/07/respuesta-crnica-de-la-siega-2004.html


jueves, 3 de julio de 2008

CRÓNICA DE LA SIEGA 2001

  (Foto-montaje perteneciente a "La siega 2004". Desconozco autor, pero mil gracias por ella)

 PRIMERA FIESTA DE LA SIEGA EN ALAEJOS

MI CRÓNICA DE LA SIEGA -7-JULIO-2001

 Tras muchos días esperando, llegó por fin la ansiada “Fiesta de la siega”. Me pareció precioso.

 Me hizo revivir, tiempos demasiado pasados y sin embargo tan presentes en nuestra memoria… la única cosa que tenemos intacta por mucho que la utilicemos a menudo.

 No pude recordar el sonido de las campanas a tan temprana hora, porque nunca lo hice antaño -dormía plácidamente- pero me alegró escucharlo hoy. Siempre es grato oír el sonido de nuestras potentes campanas; aunque también tendríamos que pensar en hacer LA FIESTA DE LAS CAMPANAS para volver a verlas voltear a brazo y a tiro de cuerda e invitar a todo el mundo a escuchar el verdadero sonido recio que pone los pelos de punta recordar. Ahora sólo son la sombra de su tañer.

 Me gustó mucho escuchar el ruido de las ruedas del carro rodando sobre las piedras de la plaza, sentí envidia de no poder subir y sentarme al borde para mecerme con el "traquiteo", como hacía cuando iba con mi padre en el carro de mi abuela Casimira.

 Era precioso, realmente bonito, ver la cara de la gente que en ambiente festivo subía madrugadora a realizar el pesado trabajo del campo.

 Igual fue bonito ver los trajes que desempolvados de los "sobraus", tan orgullosos lucían mis paisanos y paisanas.

Siempre es bueno guardar y no solo en la memoria, pues de ésta, no salen las ropas, utensilios y aperos, que salen de los baúles revueltos de vez en cuando.

 Ninguno de mis abuelos fue labrador, quizás por eso me quedaba más lejano ver la siega, pero sí viví en mi pueblo cuando las gentes vestían de la misma manera que vi el sábado.

 Añoré ese día ver a mi padre en su "bigornia" punteando rejas. Oír el sonido del macho repicando sobre el yunque en una melodía inconfundible de fuerza, fuego y hierro al rojo, moldeado por él con maestría y después el olor del agua que enfriaba el hierro ya dado forma. Eso si lo vi hacer mil veces. También se podría hacer un día de los oficios artesanos que siempre hubo en Alaejos.

Cantareros, zapatero remendón, herreros... y por supuesto el mondongo, quizás sería buena idea.

 Pero este día, no faltaba un detalle, cada uno en su papel. Parecía que no hubiera pasado el tiempo.

 El chocolate del señor "Raimundo" -a prueba de dientes y encías- el pan con "rescaños" o el chorizo y "torresno" comido entre dedo y pan a corte de navaja.

La vieja y mugrosa bota de las tres Z Z Z, que dicen hace buen vino. (Yo no lo "cato", de niña me dijeron que se me pondría "el tete" azul si bebía vino, y siempre he sido una "niña" muy obediente).

 No faltó la manta del campo que tanto servía para tapar al burro, igual que al amo y como socorrido mantel para el “hato”. La "botija" de barro de mi pueblo. Nunca bebí agua tan en su punto: ni caliente, ni helada que te pasa los dientes, como ahora la tomamos recién sacada del frigorífico; artilugio impensable en aquella época.

Los hombres iban tocados con boina o con sombrero de paja, resguardados del sofocante sol y con el traje de pana, (tela fresca donde las haya), camisa a rayas y chaleco con bolsillos y ojales para prender la cadena del reloj en uno y en el otro, los libritos para "liar un buen caldo" y el "mechero", que, a golpe de callo, hacía girar la rueda que prendía la mecha.

En el bolsillo trasero del pantalón, el pañuelo de "yerbas" donde enjugar el sudor de la frente, o tan socorrido para la inoportuna "moca" y luego para limpiar la navaja antes de guardarla higiénicamente de nuevo en el bolso derecho del pantalón lleno de piezas en la mayoría de los casos.

Llevaban la cintura bien sujeta por la faja “envolvente” con flecos colgando. La mejor para resguardar la “riñonada”: parte del cuerpo que más sufría por el duro trabajo de segador. Sujetas a la faja, colgaban las imprescindibles lías, en el caso de los atadores.

Calzaban "albarcas", las cómodas y favorecedoras albarcas, y por calcetines, trozos de costal, "liaus" a las pantorrillas con “lías” de esparto. ¡¡No había "pique" que se resistiera, ni "amores" que se clavaran!!

Al hombro las alforjas de gruesa lona de rayas raída y con muchos remiendos, insustituible para guardar en uno de los bolsos la bota con el “rebojo” de pan y cebolla y en el otro la hoz (hocín) o la horquilla y los dediles.

 Las mujeres vestían falda larga y amplio mandil, camisa blanca y manguitos para proteger los antebrazos. (Era feo tenerlos morenos porque indicaba claramente que se dedicaban al campo y no eran “señoritas”).

Ellas tocadas con pañuelo bien atado al cuello y sombrero también de paja. (Tampoco era bonito el moreno en la cara, porque también les hacía parecer campesinas y la mujer quería estar blanquita).

Medias gruesas y bien oscuras, "¡lo mejor pa la calor!" Y zapatillas que hubieran sido con suela de cáñamo.

 No vi en ninguna, quizás porque no me fijé; bajo el mandil, la "faltriquera" de pana mugrosa para guardar aquellos céntimos que volverán a nuestras vidas, y tanto nos van a hacer sudar de nuevo.

 Repito, no faltaba detalle en sus atuendos ni alegría en sus corazones... ni seguramente ampollas en los pies a causa de las albarcas.

 Algunos -entre los que me cuento- no lucimos tan distinguido atuendo, ¡una pena! Hubiera sido precioso ver a todo el mundo bien ataviado, pero no todos tenemos un "sobrau" repleto de "antiguallas".

Lo que bien pudimos hacer y algunos (quizás demasiados), no respetaron, -entre los que no me incluyo- fue lo de subir con vehículos a motor hasta la misma tierra. Rompían un poco los esquemas. No digo yo que no hubieran subido algunos con personas que por su edad querían disfrutar de la siega, y por esa misma edad, no podían subir andando. Pero algo más alejados del “escenario”, sí podrían haberse quedado. Un poco de caminar, no le puede hacer mal a nadie.

 Por supuesto, de la época no eran las docenas de cámaras de vídeo con las que llenamos la sementera, pero de no ser por ellas, este invierno, tedioso y aburrido no podrían decir muchos... ¿Te acuerdas que bien lo pasamos en la siega? ¡¡Pon la cinta anda!! Y con ella pasar un buen rato.

 También me hubiera gustado, que la gente de "paisano", en vez de estar en medio de la labor, hubiera respetado el terreno, quedándose también en las lindes para ver como los "segadores", trabajaban, aunque desde luego, a la hora del almuerzo en el "hato", disfrutarlo todos juntos, que para eso todos habíamos madrugado igual y habíamos subido andando del mismo modo que los vestidos como ya cité, para disfrutar entre amigos de ese precioso día de fiesta y recuerdos, vestidos como vistiéramos.

 Me emocionó también, ver cargar el carro con la mies en haces clavados a los “estacones” con el "ramo" en lo alto y el regreso al pueblo cantando tras la dura jornada ese "alegresón", que se lo había oído cantar muchas veces a mi tío Bernardo Muñoz. Lo extrañé, sentí de veras no verle allí, lo habría disfrutado mucho.

 El cocido ¡¡qué cocido!! ¡¡Qué olor despedía ese cocido!! Probé del plato de sopa de pan que estaba tomando mi prima y recordé los que tantas veces comí cocinado por mi abuela Felisa.

Yo había elegido el de fideos, estaba buenísimo, pero... no estaban los fideos tostados y tantas veces quemados en demasía por mi pobre abuela que, con tanto quehacer, se olvidaba que estaban los fideos tostándose a la lumbre.

Luego el plato de garbanzos con berza. ¡¡Tan cocheros!! Me tocó un garbanzo "bonito", me hizo ilusión después de muchos años sin ver uno. Bonito, así llamábamos mi hermano y yo a los garbanzos negros. Siempre nos peleábamos por ver a quien le tocaba.

 Aquí, voy a hacer otro inciso, para decir, que lo único a lo que se le puede poner "pega”, fue a la espera de la cola varias veces para ir a por los distintos platos. ¿Puedo hacer una sugerencia? Pero que nadie se moleste porque todo estaba perfecto y esto es una “tontería”.

 Yo hubiera dicho que cada uno subiera con su bandejita, y un par o tres de tazones (de los del todo a cien, mismamente), para que nos sirvieran toda la comida a un tiempo, sin necesidad de guardar la interminable cola varias veces, ni agravar el presupuesto municipal regalando tres platos para cada comensal como los que regalaron.

 También quiero hacer otro inciso, para decir: ¡¡ole y ole! Por las señoras que "se quemaron el hocico", preparando la comida para tantísima gente. Todo estaba verdaderamente en su punto.

 Después de comer, algunos decidieron echarse una reparadora y merecida siesta. Daba gusto ver a los segadores tumbados sobre la fresca hierba tapados con sus mantas zurcidas -en el mejor de los casos- y agujereadas de polilla y uso en otros.

 Después del descanso: la trilla. Recuerdo que siempre me quedé con ganas de subir al trillo y dar vueltas, esa era la mejor atracción de feria que conocíamos, aunque... al igual que el vino, me estaba prohibido subir al trillo, era muy peligroso... para mi "mandilete" y yo debía regresar a casa, tan "inmaculada", como había salido. Si llevaba alguna mancha, me esperaba una buena "panadera", así que por lo "niña obediente" que ya dije soy, esta vez tampoco fui a la era a "montarme" en el trillo.

Sin embargo, vi con qué maestría era “conducido” incluso por algunas mujeres. Así como pude ver lo bien conservada que estaba la máquina “aventadora”, gracias a ello pudimos comprobar la “facilidad” en el trabajo que se conseguía con la “moderna” maquinaría de entonces.

 Al llegar a la plaza, me busqué entre las niñas jugando al "tarol" o saltando a la "soga". Tampoco encontré a las "carameleras" sentadas al lado de sus carritos de madera, repletos de ricas golosinas que miraba con "ansia" y pocas veces podía comprar alguna.

Tampoco encontré, por más que buscaba, el carrito de los helados del señor Nino tapando el “mantecao” y el chocolate con los cucuruchos de latón abollado en forma de copete de helado.

De pronto volví a la realidad, todo parecía igual que antes, era como si el tiempo no hubiera pasado, pero... realmente no era así… Ha pasado llevándose irremediablemente tantas cosas materiales y tanta gente importante y que sólo viven en nuestro recuerdo.

 Como fin de fiesta, por la noche estuvieron preciosas las actuaciones del grupo de baile en la plaza.

En "aquella época", lo que se llevaba era ir a "los títeres" cada uno con su sillita, para luego bajar juntos a casa comentando "lo bien que había estado la función", entre bostezos de aburrimiento y sueño.

 Gracias, a quien tuvo el acierto de preparar tan bonita fiesta. Me da igual su ideología, quien con ilusión hace las cosas para que el pueblo las disfrute, merece el perdón por los posibles pequeños fallos que hubieran podido surgir en esta fiesta de añoranzas. Nadie es perfecto, aunque a este día se le pueda calificar de serlo… Para mí lo fue.

Mi enhorabuena a quien lo preparó y mi "pésame" a quien no supo celebrarlo, quizás rabioso por no haber sido suya la idea.

 Gracias por regalarnos este día, que por unas horas nos hizo retroceder en el tiempo. Espero que se repita muchos años más con esta unión vivida hoy entre todos (o muchos de) mis paisanos.

PUBLICADA 03-07-2008

https://marisa-alaejosysuscosas.blogspot.com/2008/07/mi-crnica-de-la-siega.html

 

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