martes, 8 de marzo de 2022

QUERIDA PRIMA XUS

 


QUERIDA PRIMA XUS  12-01-2022

 Querida prima: Espero que al recibo de ésta te encuentres bien. Nosotros bien G a D.

Por la presente quiero comunicarte que… ¡Bueno vale de antiguallas! Así comenzaban las cartas de nuestras madres. Tú y yo, ya éramos más modernas y con: Querida prima o un ¡Hola que tal! Comenzábamos esas largas cartas que durante años mantuvimos. ¡Cómo nos encantaba recibir aquellas asiduas cartas! Ahora con la “modernez” del WhatsApp, ya no escribimos ni la lista de la compra. Parece que nos cuesta escribir o tener que ir a correos a echar al buzón nuestras misivas;    incluso hemos perdido la costumbre de hablar telefónicamente, quizás pensando que en esos momentos podemos hacer que el otro deje de hacer lo que estuviera haciendo. Con los mensajes escritos ahí quedan para cuando el otro pueda contestar. Lo cierto es que da igual la forma, porque lo importantes es que seguimos en contacto y siempre tenemos mucho de qué hablar cada vez que nos reunimos.

 Tú y yo tenemos un carácter absolutamente “contrapuesto”: tú de voz pausada, tranquila, risueña, cariñosa, dulce… y yo más o menos igual, pero una locomotora de risas. Un torbellino que arrasa la vida sin dejar títere con cabeza, sobretodo buscando la justicia y la verdad, siempre la verdad y la justicia a partes iguales, aunque bien sabes que esa búsqueda me acarreó no pocos sinsabores y muchas lágrimas que a veces enjugué en tu hombro.

Contigo no importa si soy torbellino, volcán o terremoto, porque nuestro cariño es mutuo y nuestra forma de pensar y actuar los mismos desde que tengo uso de razón… Somos las mismas.

 Mis primeros recuerdos a tu lado son de aquella pequeña cocina de la casa detrás de San Pedro en la que vivíais en Alaejos. Me gustaba acercarme a la ventana y ver a tu madre trasteando haciendo la comida... ¡¡Hola tía Crese!! ¡¡Hola bonita!! Pasa, ¿quieres una galleta?

Bien podría ser así la conversación, aunque en general continuaba a mis juegos y ella quedaba a lo suyo.

 También recuerdo la pena que me dio cuando os fuisteis a vivir a Barcelona ¡¡al fin del mundo!! ¡¡Qué lejos!! ¡¡Qué difícil volver a veros!!

Ya ves, ¡quién nos iba a decir lo fácil que es ahora viajar incluso al extranjero!

 Pero entonces ¡¡cómo lloraba mi abuela Casimira porque su querido hijo Justo emigraba lejos de ella que tanto le adoraba!! (A su modo rústico, pero le adoraba)

Por el contrario, vuestra marcha ¡¡Qué poco le importaba a la acémila de su hija con un adoquín por corazón y un cerebro hecho de manteca de cerdo!!

 Recuerdo también que a los pocos días de iros, me asomé a aquella ventana donde nunca más estaría mi tía Crese, y vi una sillita de muñecas… ¡¡Con las ganas que yo tenía de una silla para pasear a mi muñeca de cartón!! Corrí a casa alborotada¡¡mama! ¡Mama! Que Mª Jesús se ha dejado una silla de muñecas ¡dígale usté a mi padre que vaya a por ella!

Mi madre rápidamente me aclaró que la silla no era tuya, si no de la hija del dueño de la casa. ¡¡Qué desilusión!! Yo que me veía sin prima pero heredando una silla y no, que va, me había quedado sin prima y sin herencia. Ya ves, desde pequeña ese es mi sino, aunque esa primera vez sí me dolió no heredar.

 Durante muchos años mantuvimos regularmente correspondencia por carta, porque teléfono tardamos en tener, y además era carísimo llamar a Barcelona para “hablar de nada”. Costaba un ojo de la cara y ni tú ni yo queríamos quedarnos tuertas ¡¡con lo monas que éramos!! Que éramos y somos, que nos conservamos genial: yo como metida en manteca y tú en aceite, que conserva igual, pero broncea mucho mejor.

 Cuando veníais de vacaciones era una verdadera ilusión, además siempre traíais un regalito y eso para mí, una niña o jovencita, también me encantaba.

Allá por agosto de 1973, fui de vacaciones a Barcelona y durante aquella semana, Pere, tu novio y tú vinisteis a buscarme para pasar un par de días con vosotros.

Pere tenía coche y me llevasteis a Calella de la Costa y al Tibidabo donde lo pasé en grande.

No me dejaban vestir con mini falda, y llevé ropa tan cateta como la que usaba siempre, al menos por aquellos entonces.

Tú me dejaste una falda cortita y una camisa preciosas, juveniles y muy veraniegas. Para hacerme la foto en la que estoy con Pere, tuve que estirar hacia abajo la falda lo más que pude para que cuando vieran la foto no me riñeran por haber salido a la calle tan minifaldera.

Ese bañador que llevé, era de felpa y tenía un forro de espuma… ¡¡No se secaba nunca!! Eso sí, frío no pasaba yo en la playa, bien abrigadita con mi bañador de felpa forradito.

Quisiste dejarme un bikini, pero me quedaba pequeño en la zona del pecho y tan escotado, a tanto no me atreví.

Guardo gratísimos recuerdos de aquel viaje, y nuestras risas, y aunque ahora ya estamos lejos de ser aquellas jovencitas, el cariño mutuo sigue intacto.

 También recuerdo en 1988, volvía a Barcelona con mi marido y mis tres hijas pequeñas. Otro viaje inolvidable.

Viajamos en avión, “fuimos a parar” a Castelldefels, pero quedamos con vosotros en la estación de tren de Barcelona para pasar un par de días con vosotros en Rubí. El primer día Pedro nos llevó a visitar el precioso Parque Güell antes de ir a vuestra casa donde me disteis la tristísima noticia de que había fallecido mi abuela Felisa.

A la mañana siguiente preparaste unas neveras con rica comida y nos llevasteis en tren a pasar el día a Montjuic.

Primero nos llevamos la desagradable sorpresa de que estaba cerrado por descanso y después la no menos desagradable sorpresa de que llovía como si estuviera el cielo a descargar encima de nosotros toda su agua.

 Con cinco niños y el parque cerrado, no tuvimos más remedio que refugiarnos a comer debajo de un puente como cualquier quinquillero.

¡¡Qué disgusto tenías!! Yo en cambio me lo tomé a risa quizás por quitarte parte del disgusto.

“No se lo digáis a nadie” –decías-. ¡Mira que venir a Barcelona para comer debajo de un puente!

Prometí que no lo contaría, ya ves que no lo conté, sólo lo escribí aquí, aunque en realidad hace muchos años que lo contamos a todo el mundo porque el habernos “alojado” debajo de un puente, no tenía más importancia que el recuerdo de la anécdota que vivimos aquel día.

 La vida nos regaló formar dos familias maravillosas y con las canas, las arrugas y los achaques propios del paso del tiempo, nos hemos ganado el honor de ser abuelas de 6 nietos que son nuestra alegría y el desvelo por el incierto futuro y presente.

 Candela, Adrián, Amelia y ahora la pequeña María, son tu mayor ilusión, tanto como lo son para mi mis nietas Lucía e Irene.

¡Nos han salido tan guapísimos! No podría ser menos teniendo unas abuelas tan geniales como nosotras…

 Sólo nos queda esperar que cesen las malditas olas, que en forma de  tsunami emocional y tangible nos están arrasando la vida tranquila que teníamos hasta hace dos años. Que cese todo lo malo que nos angustia porque sólo deseamos que estas maldiciones acaben de una vez para poder continuar acumulando vivencias y recuerdos bonitos; confidencias y buenos ratos junto a todo lo que logramos y que tanto merecemos disfrutar.

 A la espera de ello y de tus noticias, se despide esta que lo es:

 Tu prima que te quiere y no te olvida:

 

Maisi

domingo, 13 de febrero de 2022

MIELDÁ O MIEL COMPRÁ


¿MIEL DÁ O MIEL COMPRÁ? 

11-08-2021

 Cuando yo era una niña y aún vivía en Alaejos, allá por mediados del siglo pasado, a mi abuela Felisa le regalaron un tarro de miel.

Se ve que por entonces me gustaba y le pedí que me diera un poco de esa miel. Mi abuela sonriendo con su cara preciosa y picarona me preguntó: ¿qué quieres, mieldá o miel comprá? Yo sabía que esa miel había sido “dá”, no comprá, y naturalmente contesté: “miel dá”.

 Aún resuenan en la cocina las carcajadas silenciosas de mi querida abuela. Ella reía a grandes carcajadas de burbujas con la campanilla y las anginas. Se reía “pa dentro”, hinchado la vena del cuello, mientras su pecho botaba en agitada respiración  y lloraba de risa.

 Tú, querido lector ¿qué hubieras respondido? ¡¡Pues eso!! Aquella miel me supo más a gloria que la que ahora publicita un tal Paco, que dicen que es santo y al parecer tiene una granja. Aunque por muy buena miel que envase, jamás será tan rica como aquella “Mieldá” que mi abuela Felisa me dio para merendar aquella tarde.

 

miércoles, 5 de enero de 2022

DE PEQUEÑOS CREÍAMOS

05-01-2022

DE PEQUEÑOS CREÍAMOS  

 De pequeños creíamos que las cigüeñas traían niños. Creíamos que los reyes eran magos. Que a los niños buenos les traían muchos regalos y a los malos carbón.

Creíamos que los padres podían con la torre y las madres eran las más limpias del pueblo y creíamos que tener un hermano mayor era un coñazo porque se pasaba el tiempo chinchando a la hermana pequeña.

Creíamos que el abuelo quería a todos los nietos por igual y que ninguna abuela hacía el chocolate con gorullos tan rico como el que hacía la nuestra.

Creíamos que los viejos sólo sabían contar historias de cuando eran jóvenes. Creíamos que los mayores tenían el poder en sus manos y que cuando fuéramos como ellos, podríamos tenerlo también.

Creíamos que la opinión de los niños no valía nada cuando nos trataban como “ropa tendida”, en el mejor de los casos.

Creíamos que estar malito con anginas era una gran suerte porque nos libraba por unos días de ir a la escuela ¡¡¡con lo que nos gustaba la escuela!!!

Creíamos que lo que nos enseñaban en la escuela era toda la verdad. Que confesar los pecados a un señor humano imperfecto limpiaba nuestras almas de niños; que esas sí eran puras y limpias.

Creíamos que rebañar “las chitas” del cerdo en el mondongo era un manjar… (bueno, ahí teníamos razón).

De pequeños creíamos que pasear de la mano con el novio era el máximo descaro y que era pecado mortal acostarse con él antes del matrimonio.

Creíamos que lo mejor del universo era nuestro pueblo. Que viajar al pueblo de al lado con el carro de la abuela tirado por la mula “Castaña” era el mayor de los lujos y creíamos que viajar a la capital para ir de compras en “cochelinia” era la mejor aventura.

Creíamos que cambiar el pueblo para vivir en la capital  iba a ser lo mejor para nuestro futuro, cuando no teníamos ni idea de lo que significaba la palabra “futuro”, porque lo maravilloso era vivir “el presente”.

 Luego crecimos y resultó que a los niños no los trae un pájaro volando, si no que los paren las madres con muchos dolores (pese al gran invento de la epidural). Resultó que los reyes traían muchos regalos a los niños ricos y a los pobres carbón que utilizaba la madre en la cocina bilbaína.

Resultó verdad que el padre podía con la torre, pero sin remedio se hacía viejito y aunque tuvo que partir, te sigue dando su amor cada día porque sabe que lo necesitas.

Resultó verdad que las madres son las más limpias del mundo y el hermano mayor, siempre fue y será el mayor de los hermanos.

Verdad resultó que el abuelo quería a todos los nietos por igual a su forma y que nunca hubo mejor hacedora de chocolate con gorullos que tu querida y añorada abuela.

También resultó verdad que los viejos saben contar mejor que nadie sus viejas historias y resultó que el poder en sus manos no lo tienen los mayores, lo tienen los poderosos, y ellos casi nunca (o nunca) resulta que ese poder lo utilizan para un bien común, sino para su propio bien… y resultó que al crecer nunca tuvimos aquel poder que soñamos de niños.

Resultó que la opinión de los niños es más válida que la de los mayores… ahora ellos sí tienen el poder en sus manos, lo saben y lo utilizan… aunque los niños que fuimos “creyentes”, supimos “ese detallito” demasiado tarde.

También resultó que estar enfermo no te libra de la escuela; que lo mejor es tener salud, mucha salud tú y los tuyos, y has de “ir a la escuela” aunque sea en plena pandemia, pese a que la sexta ola sea un tsunami imparable que ni sabes cómo llegó hace dos años al mundo, pero sueñas con que se vaya para nunca más volver. Que se vaya y te conserve la mente fuerte, el corazón grande y las risas, muchas risas, entrelazadas con abrazos, muchos abrazos, besos, compañía, amor y que sepas afrontar que quien se va es porque no te merece, que quien se queda, es porque te quiere y quien muere, deja contigo su amor y su esencia para siempre impresa en tu corazón. Siempre estrella a tu lado.  

Resultó que lo que aprendimos en la escuela no era nada para lo mucho que aprendimos con la mejor maestra: la vida.

Resultó que los pecados no eran los que confesábamos, eran los inconfesables y quien los comete, no hay dios que lo perdone…Ni lo juzgue.

Resultó que las chitas no se rebañan porque ya no hay mondongos,  porque hacerlos hiere la sensibilidad de quien se atraca de comida ecoilógica, y de quien llena su plato de mariscos, carísimas viandas de procedencia lejana y de ibéricos a los que no crían desde lechón en su cochinera para que no les dé cargo de conciencia hincarle el diente a un “amigo” al que diste de comer y trataste incluso con amor.

Resultó también, que pasear con el novio de la mano es una ñoñería: pasan del hola, ¿cómo te llamas? Al despertar a su lado y dormir con otro y otro y otro más, como si los novios y novias se eligieran a cata y prueba como melones.

Resultó que viajar en casi todos los medios de transporte inventados, resulta ser tan feliz como viajar en aquel carro tirado por la mula “Castaña”, aunque las fronteras estén un poquito más lejos que el pueblo de al lado, porque resulta lo importante es con quien compartes todos esos viajes y tu día a día a lo largo de tu vida.

Resultó que ir a vivir a la capital te convertía en no ser de aquí, ni ser de allá… por ser de pueblo, en “la capi” recibías  menosprecios y en tu pueblo pasaste a no ser nadie por haberlo abandonado.

Resultó que era verdad, el mejor pueblo del mundo es el tuyo y que por mucho que quieran arrancarte las raíces, eres de allí y tu pueblo es tan tuyo como para cada cual lo es el suyo… resultó que  tu pueblo te corre por las venas desde que abres en él los ojos por primera vez hasta que los cierras cada día en ensoñaciones fantásticas oliendo el perfume inconfundible de sus calles. Ese olor a tu bendito pueblo que deja de apreciar quien nunca salió de él.

  De pequeños creíamos y de mayores nos dimos cuenta que hay que seguir creyendo siempre, y sobre todo hay que seguir queriendo

Hoy víspera de Reyes del 2026, pensaba escribir una felicitación de reyes Magos, pero me encontré con esta que escribí en 2022 y me parece tan bonita y completa que prefiero volver a compartirla para que puedan leerla tantos buenos lectores como llegaron a mi vida después de ese 2022 aún con miedo de pandemia...

Espero de corazón que os guste... otra vez... justo ahora que creíamos tenerlo todo y resulta que nos toca creer que volveremos a conseguirlo con la misma lucha o más, ya que no sería justo perder lo logrado y marchar con las manos vacías sin nada inmaterial que legar a los nuestros.

Que sepas que si recibís alguno de mis enlaces es porque pienso que os gusta recibirlos, e incluso leerlos, porque si no fuera así, me lo diríais para que no os envíe más.

Si los recibes es que en alguna medida te quiero, te aprecio o estimo tu amistad. FELIZ NOCHE DE REYES Y QUE OS TRAIGAN TANTOS REGALOS COMO MERECÉIS.

 FELIZ NOCHE DE REYES


 

 

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... A este Blog creado para difundir noticias e historias de mi pueblo. Espero que encontréis aquí lo que andabais buscando. Si no es así y creéis que puedo ayudaros a conseguirlo, dejad la pregunta en un comentario, y a la mayor brevedad será atendido. Gracias por venir.