jueves, 3 de noviembre de 2011

POR QUÉ NO HE IDO “ESTOS DÍAS” AL CEMENTERIO

POR QUÉ NO HE IDO “ESTOS DÍAS” AL CEMENTERIO  2-Noviembre-2011

No acostumbro -y seguramente ésta será la última vez que lo haga- a dar explicaciones de mis actos.
Hoy lo haré para que nadie piense que no le tengo respeto a mi padre,  que le he olvidado demasiado pronto y porque no quiero que mi madre sufra innecesariamente y hace un rato me dijo que “estos días” está sintiendo vergüenza ajena cuando le preguntan en el pueblo si voy a ir al cementerio y tiene que contestar que no.

No busco el apoyo, igual que no busqué estar en boca de todos, como al parecer –y según mi madre- estoy. Sólo quiero callar esas bocas y si puede ser para siempre mucho mejor.
Tampoco pretendo que me den o quiten la razón quienes estén leyendo esto, simplemente ruego que si alguien tiene alguna duda o pregunta sobre mí, que me la haga a mí, porque de mí misma, nadie tiene mejor respuesta para dar que yo y la daré si lo estimo oportuno. Los que me juzgan sin conocerme no me merecen la pena.

Como a todos los que os importa en algo mi vida sabéis, el pasado 5 de mayo perdí a mi padre; pues bien, nadie me ha visto llorar desde entonces y eso parece que me condena –cosa que me importa muy poco-, pues los juzgadores ni me conocen, ni falta que les hace; por cualquier cosa se me condena y punto ¿Por qué? Eso quisiera yo saber… o no.

Si tengo que llorar por mi padre lo hago en privado y seguramente de emoción al hablar de él recordando todas las cosas buenas que viví a su lado, momentos inolvidables que nunca volverán; desterrando los malos ratos, porque recordar lo malo, es hacerse daño inútilmente y sobretodo hacérselo a él, porque sufrirá si me ve sufrir por su ausencia.

¿Qué estoy loca? ¿Qué te hace pensar que el loco no eres tú?

He crecido oyendo a mi padre decir que el día que muriera no se gastara para él ni un duro en flores ni en misas; siempre le dije “tranquilo, yo lo haré”; ahora  lo único que estoy haciendo es respetar su voluntad y honrar su memoria todos los días, aunque no sea en público o porque lo indica la fecha de un calendario.

Pienso en mi padre, le quiero, le admiro, le hablo todos los días, creo que ese es el mayor respeto que  puedo demostrarle únicamente a él que es quien se ha ido y por quien se supone que debería hacer lo que ni hago ni haré.

Mi padre de alguna manera odiaba el “qué dirán”, los convencionalismos y los “Porque sí” y también en eso creo que me parezco a él, porque en mi vida actúo por convicción no para fastidiar a nadie. Así me quería él y se sentía muy orgulloso de mí; lo sé porque me lo decía siempre mirándome a los ojos.

Respeto las decisiones de los demás. A nadie le exijo, le pido, le ruego o le conmino a hacer lo que yo hago; a pensar lo que yo pienso, a actuar como actúo, esto es: en consecuencia con lo que pienso y siento. ¿Es mucho pedir el mismo respeto para conmigo?

¿Demostraría más amor hacia mi padre si fuera a llorar a su tumba para que me vieran? ¿Volvería a verle si fuera a misa cada día? ¿Le valdría de algo gastarme un dineral en flores? ¿Quiero menos a mi padre por pensar y sentir así? No me considero tan monstruo por pensar que para su descanso es mucho mejor sentirle cerca y recordarle de forma bonita y positiva todos los días de mi vida y no solamente el 1 de noviembre.

A causa de su enfermedad senil, siento la ausencia física de mi padre desde mucho antes de su partida, no necesariamente tengo la obligación de llorarlo una vez al año públicamente en el cementerio porque todo el mundo lo hace con los que se van, pero sí respeto a quien lo hace, no les critico por ello.

Querida madre: tienes muchos motivos para sentirte orgullosa de mí, piensa en ellos y disfrútalos; no sufras por tonterías cuando en esta vida hay mucho importante por lo que sufrir o de lo que alegrarse. No veas siempre la vida del único color que te hace daño habiendo un arcoíris para elegir otros que te harían vivir feliz.

domingo, 30 de octubre de 2011

CRÓNICA DE UNA BODA CASTELLANA

Por lo extenso de esta crónica estoy segura que sólo la leerá completa o del tirón todo aquel que tenga verdadero interés en ello. Algunos verán “los santos”; muchos se conformarán con los titulares y otros quizás ni eso.
Lógicamente, mi relato está escrito desde el corazón –como siempre- y para que el recuerdo de un día tan hermoso no quede sólo en las miles de imágenes fotográficas que los invitados obtuvieron y que lógicamente no todos podréis ver al completo –salvo que visitéis mi casa, donde gustosamente se os servirá –previa cita- un café con pastas en un cómodo sillón.
Aprovecho para dar las gracias a todos cuantos habéis participado con ilusión en la boda: con vuestra presencia, vuestra felicitación y cariño; especialmente a los que sin haber sido invitados a la fiesta, habéis querido que  los novios guardaran algún recuerdo vuestro; y a quien estando invitado, por razones de imposible aplazamiento, se quedó con verdaderas ganas de acompañarnos.

A todos vosotros gracias por leerme y gracias por estar ahí, tanto en los momentos duros, como en este día tan entrañable y bonito para nosotros.

CRÓNICA DE UNA BODA CASTELLANA
Escrita el 5 y el 18-10-2011

Aún con la resaca mental que produce preparar y disfrutar de una boda; aún con el regusto y la tranquilidad de que todo salió bien, por fin me dispongo a compartir con vosotros el bonito día que viví junto a mi familia y amigos celebrando el enlace de Laura, mi hija mayor, con Víctor, el muchacho encantador que ya es un hijo más para nosotros desde que comenzó la vida junto a nuestra niña.

          La cálida mañana transcurrió tranquila hasta la hora de salir hacia la peluquería donde comenzaron a ponernos guapas. Después la comida, ligera y por pedido telefónico para no estropearnos ni las uñas, ni la cocina.
          La tranquilidad y el relajo continuaron cuando llegó Manuela, nuestra maquilladora, que con gran pericia y profesionalidad me restauró de chapa y pintura dejándome con la misma edad, pero aparentando unos cuantos meses menos.
Mientras Manuela dejaba a Laura –si cabe- aun más preciosa, el resto de la familia nos vestimos de “gala” y luego las chicas (incluida Lucía) nos encerramos para vestir a la novia -sin nervios por saber que teníamos el tiempo suficiente- mi niña rápidamente estuvo lista para que mi yerno David ejerciera de fotógrafo y plasmara el momento.
Tras varios disparos, posado y lógicos nervios ¡Ya está! Todo listo para salir de casa ¡tarde!
A la puerta nos esperaban algunas vecinas para ver la salida de la comitiva y un precioso coche con chófer que a “La Cistérniga” llevaría a la novia, al padrino y Andrea, una de las niñas de “Arras”.

Para Laura, el modelo del impresionante coche “DAIMLER LIMOUSINE DESCAPOTABLE”  fue la primera de las sorpresas, regalo de sus amigos “vesperos”.
Poco antes que la novia con su padre y padrino, llegamos a la plaza cirriense mis hijas, hijo David y mi nieta. Apenas tuvimos tiempo de saludar al novio –guapísimo- y a nuestros familiares y amigos que pacientemente aguardaban,  porque enseguida llegó el coche de la novia, que ayudada por su niño, descendió de él para fundirse en el último abrazo de solteros.

Los invitados fueron accediendo al Ayuntamiento donde tendría lugar la ceremonia, que al ser civil, no es necesaria la utilización de las arras, por eso, las dos niñas, vestidas igual de bonitas, llevaron: Andrea por ser la mayor los anillos y Lucía, que aun no camina sola, ayudada por su madrina, entró en el salón de actos empujando un “corre pasillos” que portaba una cestita llena de pétalos de rosa.

Ni qué decir tiene, que pasé un mal rato al llegar a ese salón de actos y ver a mi madre por primera vez en una celebración sin mi padre a su lado. Extrañé su presencia, pues aunque siento que está muy cerca de mí, no ver su sonrisa tal como la vi el día de la boda de Cecilia, me hizo despertar sentimientos muy hondos, aunque precisamente por saberle tan cerca, enseguida pude “recomponer” mi gesto y continuar viviendo el día más feliz en la vida de mi hija.
Enseguida comenzó la ceremonia con lágrimas de emoción de la novia, unas palabras del alcalde de “La Cistérniga” y hermosa música elegida por Arancha para la ocasión.
La segunda sorpresa de la tarde la recibieron los novios por parte de kristina que les dedicó unas cariñosas y emotivas palabras. Laura y ella son amigas desde crías y han vivido juntas fiestas inolvidables y momentos irrepetibles; aunque como sabido es, los amigos se hacen en las juergas pero donde realmente se afianza una verdadera amistad, es en los momentos duros y también pasaron juntas por ellos, forjando lazos de verdadero cariño de hermanas más que  amigas.
Intercambio de frases, anillos y firmas dieron por terminada la ceremonia y con la salida de los novios bajo una lluvia de pétalos de rosa, arroz y tracas de papelitos, dio comienzo la fiesta del enlace.
Mientras una montonera de cámaras inmortalizaban el  posado de invitados junto a los novios; el resto mojamos el gaznate reseco de nervios y calorcito ambiental con refrescos y cervezas que los novios hicieron llegar en la furgo de David y Sandra para que nadie gastara un “leuro” en los bares y tampoco pasaran sed durante la espera, pues a pesar de estar ya en Octubre, el día había sido caluroso y la tarde continuaba siéndolo.
También como sorpresa, Jose y Maite acicalaron su flamante  “Sidecar” y pese al inconveniente que seguramente supuso para ellos  llevarlo como “invitado”, gustosamente lo hicieron para que Víctor paseara a su esposa; sus amigos sabían la ilusión que les hacía subir en ese precioso vehículo vestidos de  novios
Varios invitados fueron dirigiéndose hacia la bodega “Los Tarantos”, lugar elegido para la celebración; otros nos quedamos acompañando a quienes esperaban ir en el autocar que también proporcionaron los novios a sus invitados a fin de evitar incompatibilidades de conducción y bebida.
Dicho autocar se hizo esperar más de media hora sobre la prevista, lo que retrasó nuestra llegada al cóctel de bienvenida que afortunadamente se estaba sirviendo para los que iban llegando en sus coches.
Esta espera suele ser habitual en otras bodas a causa de que los novios hacen su larguísimo reportaje fotográfico; Víctor y Laura no habían programado ese reportaje para compartir todo el tiempo con sus invitados y la tardanza del autocar se lo impidió brevemente. Todo no podía salir tan perfecto como ellos lo planearon, pero el contratiempo tampoco logró borrarles la sonrisa.
Al llegar a “Los Tarantos” los novios fueron recibidos con canciones de tuna. Mi nuevo yerno es miembro de “la ínclita, docta y epicúrea” Tuna de Ciencias de la Universidad de Valladolid, y aunque hace años que no “ejercen”, un tuno nace, no se hace, y llevan la tuna bordada en el alma como bordadas las cintas de sus capas.
Tienen costumbres no extintas, tales como que cada vez que uno de ellos se casa, el novio impone su beca a la novia cantándole canciones de bienvenida.
Desde su creación, allá por 1991 Mis hijas y yo –mucho más Laura- somos incondicionales de esta tuna que recorrió España y mucho mundo, ganando importantes certámenes.
Ahora que tengo un hijo tuno, me siento muy orgullosa de amar tanto a estos muchachitos que desde  siempre me mostraron su cariño, tanto en las tres rondas que hicieron en mi casa: a Laura, Cecilia, y a mi misma; como en la ronda a Irene en su  Primera Comunión, donde nos acompañaron desde la salida de la misa hasta el final del día amenizando con sus canciones la fiesta; así como en la ronda “despedida de soltera” a Cecilia; o en tantos y tantos concursos a los que asistí y los vi ganar y disfrutar de su juventud, canciones y parodias.
Por todo ello la tuna de Ciencias ha sido, es y será MI TUNA.

Como curiosidad diré que Víctor quiso “liberar” a los hombres invitados a su boda de la prenda que siempre les agobia en toda celebración como la que nos ocupa y en la propia invitación rezaba: “Se ruega no llevar corbata”; él mismo siendo el novio, no la llevó. La tuna aceptó la norma de su anfitrión y ninguno lució corbata, todos llevaban al cuello enormes y vistosas pajaritas… “el novio sólo dijo no llevar corbata” decían jocosos.

Tras el “inciso tuna”, continuo con mi relato.

Degustamos el riquísimo cóctel al aire libre que nos fue servido en las mesas situadas sobre césped (incómodo para las señoras con tacones, no vamos a omitir el dato, aunque afortunadamente hace mucho que no llueve y la tierra estaba seca) Ese “entrante” nos vino muy bien porque  era hora de asesinar al gusanillo y departir con los invitados, pues los padres de los novios, de alguna manera, también somos “anfitriones” y juntar a familia y amigos además de alegrarnos, es el mejor momento para pasar un ratito con cada uno de ellos.
Al mismo tiempo de la charla, nos supo a gloria el jamón ibérico, queso, exquisitas croquetas y canapés variados que nos fueron preparando para la “cena barbacoa” que nos esperaba en el acogedor y coqueto comedor, de “Los Tarantos”.

Las mesas distribuidas de tal manera que no había una sola “mesa presidencial” si no tres redondas –separadas entre sí- de las cuales salían sendas hileras de mesas rectangulares unidas unas a otras. De esta forma, en la primera de ellas, se sentaron mis consuegros con sus hijos presidiendo a sus amigos y familiares; en la central los novios con dos parejas representativas de sus amigos y en la siguiente Jose y yo con nuestras niñas, nuestro niño David y Lucía muy formalita en su trona, presidiendo a nuestra gente.
Cada uno de los platos tenía una vistosa tarjeta con el nombre del comensal para que nadie se quedara “descolgado” por no encontrar sitio junto a los suyos, como ocurría en las bodas antañonas. En este caso además de distribuir invitados afines, como se viene haciendo hace años, los novios tuvieron el trabajo “extra” -todo un detalle por su parte- de acomodar con nombre propio.

Los novios pretendieron con esta distribución de las mesas, -y a fe que lo lograron- moverse libremente durante la cena para poder acompañar a todos los invitados por igual y estar en todo momento “en el cogollo” de lo que aconteciera –que fue mucho y variado-.

Como curiosidad os diré que los arreglos florales que adornaban el restaurante también fueron elegidos cuidadosamente por la novia.
Sobre las mesas del cóctel había pequeños centros cuyos “jarrones” eran pimientos verdes y rojos y berenjenas naturales. Los de los centros de las mesas principales eran calabazas, que alguno al final de la noche utilizó como sombrero.

De todo ello os contaré en breve –que no brevemente-

Tras el animado y riquísimo cóctel, todos los invitados subimos al restaurante y una vez acomodados en nuestros respectivos sitios, hicieron acto de presencia los novios que habían elegido todas y cada una de las piezas musicales que iban a sonar durante el convite y con mucho esmero la que sonaría durante las sorpresas que ellos nos tenían reservadas y que también contaré acto seguido.
Para el “momento entrada”, -que Laura hizo lanzando besos a los asistentes sin poder esconder su felicidad y emoción- en vez de la típicamente añeja “marcha nupcial” optaron por una hermosísima: “Levántate Morenita” interpretada en disco por el castellano dúo “Candeal” y coreada por los asistentes.
Todos en pie recibimos a la pareja del día y la primera emoción para muchos de nosotros al ver a la peña “Los Comuneros” de la que son miembros Víctor y Laura; uniendo sus pañoletas moradas haciendo un pasillo para que bajo él pasaran los novios y después anudarles una al cuello.

Sin saber Cecilia e Irene que su hermana iba a sorprenderlas, ellas también tenían preparada una sorpresa que –a petición del “pincha”- dieron a los novios en cuanto ocuparon sus sillas a la mesa.

Mis niñas le entregaron la canción de Manolo García favorita de Laura: “Nunca el tiempo es perdido”; y cuando comenzó a sonar, ellas se acercaron a la mesa presidida por los novios llevando dos grandes paquetes de regalo.
El primero, era un arcón grande de madera con motivos muy afines a la pareja, lleno de globos, serpentinas y papelitos; arcón que días antes habíamos visto Laura y yo, y se quedó con ganas de comprarlo; ni qué decir tiene que sus hermanas corrieron a por él para sorprenderles en este día.
El segundo de los paquetes, era una composición fotográfica que David trabajó y que les emocionó muchísimo, sobre todo a la novia.

Tras este primer “momento emotivo” comenzaron a servirnos la cena y sin dar tregua al aburrimiento, los novios alzaron sus copas y Víctor comenzó el famoso y simpático brindis de la tuna que atentamente cumplimos en pie realizando todas y cada una de las ocurrencias de mi tuno favorito.
Poco después, los componentes de la tuna invitados, sin moverse de sus asientos y acompañados por el incombustible Pepe comenzaron otro brindis al que también respondimos el resto de comensales y después también sin siquiera levantarse, cogieron sus guitarras –Y  Pepe  el tambor- y desentonaron alegres alguna pieza jaleada por la mayoría de invitados (no diré todos, porque seguramente sería una exageración, pero si fuimos muchos los animados que animosos degustamos la cena envuelta en canciones y alegría. Ni qué decir tiene que Víctor en todo momento estaba más tuno que “esposo” y Laura –que tampoco paró en su mesa- deambulaba feliz por el salón disfrutando de su fiesta y de sus invitados (que no de la cena, porque no probó bocado más empeñada en disfrutar de todo y con todos que de la propia comida).

Poco a poco “Los Comuneros” fueron llevando a la mesa de los novios unos sospechosos lingotes dorados que iban apilando hasta formar una larga torre. El “oro” de los lingotes resultó ser escayola prensada que contenía dentro bolsitas con dinero que los novios tendrían que rescatar en mejor momento.

Antes de que nos fuera servido el lechazo, la tuna ahora sí, abandonó su silla –que nos sus guitarras ni a Pepe y su tambor- y animaron a otros muchos invitados a acercarse, para formar un corro y rodear a los novios haciéndoles bailar la jota “Por el puente de Aranda”. Víctor, -más amante de rasguear que de brincar- pronto cogió la guitarra y dejó a Laura “solita en el corro” hasta que rápidamente Cecilia acompañó a su hermana y jotearon como descosidas.

La cena continuó bulliciosa y pese a ello, Lucía que no tiene en absoluto costumbre de tanto ruido ni de verse rodeada de tanta gente haciéndole monerías, no perdió la sonrisa ni estuvo “intercadente”; cenó su papillita poco antes de que comenzara nuestra cena y estuvo sentada en su “Trona presidencial” hasta que más tarde de lo habitual comenzó a tener sueño, le cambiaron su ropita de boda por el pijama y no tardó en quedarse dormida en su silla de paseo justo antes de que se reanudaran las sorpresas, esta vez de los novios a nosotros.

Cuando se casó Cecilia, entregó su ramo de novia a Laura y a Irene una horquilla de su prendido; en esta ocasión el ramo era para Irene, pero la novia no quiso dejar a Cecilia con las manos vacías.
 Tras otro multitudinario, larguísimo y simpático brindis de tunos y “Comuneros”, Víctor pidió la atención y silencio de los presentes; comenzó a sonar “Rosa de Alejandría y Laura hizo señas a Cecilia para que se acercara. El sonido de su canción favorita y recibir de Laura una réplica de su ramo de novia, hizo que ambas se abrazaran llorando emocionadas entre los aplausos de todos los asistentes.
Acto seguido, con idénticas emotivas lágrimas, abrazos y aplausos, y sonando la música de “Los Fruitis”; serie de dibujos animados que Irene veía de pequeñita; Laura hizo entrega de su ramo de novia a su hermana pequeña que lo recibía tan emocionada como estuvo desde que amaneció el día.
Aún se oía algún aplauso cuando comenzó a sonar otra canción, en este caso “Gracias” interpretada por “El Canto del loco” y cuya letra entre otras muchas cosas hermosas dice: “Gracias, ¡fue tan bonito! ¡Por darme tanto cuando era un niño!

Laura y Víctor con sendas cajitas en la mano, se dirigieron hacia las mesas presidenciales laterales; ella a la de Ana y Mariano y él a la que ocupábamos Jose y yo. Nos entregaron la cajita, era una foto de nuestra boda impresa en pizarra. Ni qué decir tiene que lágrimas, abrazos, aplausos y emoción tampoco faltaron en esta inesperada y bonita sorpresa.
Pasaba ya media hora de la media noche cuando Raúl y Geane, hermano y cuñada de Víctor, y ahora de Laura, se acercaron a la mesa central portando la tarta con las exclusivas figuritas que ella misma había modelado.
Los muñecos vestían igual que los novios. Incluso las lazadas de los botines, las mangas medievales del vestido de Laura o un ramo de flores casi idéntico al real llevaba la pequeña novia; y el novio -con camisa similar a la de Víctor y sin corbata- conducía una Vespa azul, réplica de una de las de mis hijos.
Tras el acto simbólico de la partida de tarta, recibieron de forma no menos original que los lingotes, el regalo de la tuna, en este caso, “Cuate” portaba ceremonioso y a modo de “costalero” un paquete grande. Pepe tras él, esta vez hacía sonar el tambor como si de semana santa se tratase, y lentamente con sus correspondientes paradas y “Al cielo con ella”, se acercaron a la mesa de los novios para hacerles entrega del paquete, mientras “Weissmüller” les entregaba otra caja más pequeña y toda la tuna con sus becas se posicionó junto a los novios musicalizando el momento.
Víctor abrió la caja grande y descubrió el regalo: Un banyo precioso; mientras Laura abría la otra caja y se encontraba con mil pajitas de refresco que contenían en su interior billetes pacientemente enroscados para que cupieran por el agujerito y que los novios tendrían que rescatar y planchar en días venideros.
Acto seguido y como es tradicional, tras colocarle a la novia la capa y la beca de su enamorado, e interpretar alguna pieza -momento que Mariano aprovechó para marcarse un baile con su nueva hija. He de decir que no hice lo propio con Víctor porque estaba fundido a su guitarra y tres son multitud- comenzaron a pasar por las mesas cantando; siempre acompañados por Pepe y su tambor y en esta ocasión por Raúl asido a una maraca.

También aprovecharon el momento Ana, Geane, Irene y Cecilia para entregar los regalos de padrino, madrina y los bonitos y peculiares alfileres  para las señoras –modelados por Geane al igual que los novios de la tarta-; Kristina pasó por todas las mesas con el libro de firmas donde los invitados dejaban bonitos y emotivos mensajes para los novios.
Incluso con el ruido musical reinante, Lucía no despertó porque su tía Charo la retiró un poco del bullicio principal, aunque el salón no es muy grande y se oía perfectamente el cantiqueo en todos los rincones.
Cuando la tuna concluyó su “parche”, habíamos terminado con los postres, el riquísimo café de puchero y los licores (quien los tomara), y  llegó la hora de “bajar las migas” en animado bailoteo.

La primera pieza que –como ya apunté nuestros anfitriones cuidadosamente eligieron- fue “Bienvenidos”, para dar las gracias a todos cuantos les estábamos acompañando; pasando después los novios a inaugurar el baile no con el clásico vals, sino con “su” canción: Nothing Else Matters una balada heavy  del grupo METALLICA - que bailaron lenta y románticamente, como si el mundo hubiera dejado de girar y sólo ellos dos lo habitaran.
Seguidamente y comenzando por la “Jota Comunera”, todos los bailones bailaron y “barraabiertaron” que para eso estaban de boda y los novios pagaban las “rondas”.

Lucía seguía durmiendo sin inmutarse, mientras los demás continuábamos disfrutando de la fiesta; bailando a quienes les gusta y charlando a quienes nos encanta y el baile nos descoyunta.

A las tres y media partía el primer autobús para transportar a los pocos invitados que quisieron dar por terminada la diversión. Una hora después, también nosotros decidimos retirarnos –sin Irene que se quedó en Los Tarantos y continuó disfrutando como loca-, justo en el  momento en que comenzaban a servir las sopas de ajo y canapés para los muchos amigos de los novios que allí quedaban hasta bien pasadas las seis y media de la madrugada.

Llegar a casa con la tranquilidad de que todo salió perfecto, no tiene precio… para todo lo demás “Master card”

Laura comentaba feliz a la mañana siguiente que del día de su boda no cambiaría nada porque salió tal y como lo planearon y fue tan feliz como soñó que sería. Sin incluir lo que evidentemente no estaba en sus manos, por mucho que hubieran deseado tener a su lado a las personas que desde la estrella más brillante les acompañaron y ayudaron a que todo saliera tan bonito.

Gracias a todos los que hicieron posible que así fuera y gracias a los que sin desmayo habéis llegado leyendo hasta el final de esta crónica.

Marisa

jueves, 6 de octubre de 2011

GRACIAS A TODOS (Víctor y Laura)

Esta carta he recibido esta mañana de tecla de mi niña y en nombre de los dos.
Quiero compartirla con todos vosotros.

Hola a tod@s:

Parece mentira que ya haya pasado todo.

Ha sido genial teneros a todos con nosotros y veros disfrutar de nuestro día.

Gracias por todo el esfuerzo realizado cada uno con su cometido, el peazo de coche, la música en el Ayuntamiento, la lectora, las pajaritas de colorines, el sidecar, vigilar las neveras, los del arroz y los papeles de colorines, los que llevaron a su peque para que nos acompañasen, los que no los llevaron a pesar de que era su cumple-mes, los que vinieron de muy lejos para acompañarnos, los que fueron a vernos aunque fuese un ratito, los que desde un cachito de cielo nos vigilaron para que todo saliese bien, los que nos hicieron llorar de emoción, los que se emocionaron con nosotros, los que estuvieron pegados a una cámara, los que bailaron como descosidos, los que aguantaron nuestros nervios, los que durante meses han estado ayudando con los preparativos… en fin GRACIAS A TODOS, por formar parte de  nuestra historia y de nuestra vida.

Os queremos.

Un beso muy fuerte,

Víctor y Laura

sábado, 1 de octubre de 2011

ESTA TARDE SE CASA MI NIÑA

Así es, queridos lectores a la par que amigos, esta tarde se casa mi niña Laura. Por deseo de la madre de la novia ¡¡¡Que paseis un feliz día todos!!!

 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

MI PERSONAL BALANCE DE “LA CASITA” 2011

MI PERSONAL BALANCE DE “LA CASITA” 2011

Pues si, como ni soy escritora, ni mi palabra es ley, una vez terminadas las fiestas daré mi personal opinión -como siempre me gusta hacer- de cómo he vivido “La Casita 2011” y que cada cual saque sus propias conclusiones o escriba sus propias experiencias.

Es evidente que tampoco soy Dios y por tanto no he estado presente en todos y cada uno de los actos, por eso opinaré sobre lo que he visto, disfrutado o incluso sobre lo que no he visto pero me han contado personas en las que confío tanto como en mí misma.

Este año los encargados de las contrataciones para goce y disfrute del personal, han debido gastarse un dineral –seguramente sacado de las arcas municipales sin tener en cuenta la crisis – y no han escatimado gastos –cosa muy de agradecer- pensando en tener las mejores fiestas, porque cada día ha sido maravilloso, espléndido, y acertadísimo; eso sin duda ha de tener un elevado coste, aunque siempre habrá quien le ponga “peros”. Ya os habréis dado cuenta que me estoy refiriendo a la meteorología; también denominada ¡¡Qué buen tiempo hemos tenido!!
Atrapamos sol en los "incierros", robamos tiempo a la siesta para encontrar sitio en la sombra durante las corridas (de toros) y las ropas de abrigo que precavidamente llenaron nuestras maletas permanecieron cual "gays" sin salir del armario.

Todo (o casi) empezó la madrugada del día 15 de Agosto con la colocación en el balcón del ayuntamiento de nuestra típica y querida “Mariseca” (de la que tomé prestado el nombre para mi correo electrónico).

Previo a este acto fue el concurso de limonada y recorrido por las peñas optantes al honor de tener en su local durante todas las fiestas la réplica de nuestro emblemático torito de chapa. El “fallo” del jurado acertó con “La escoba” una peña añeja y muy participativa.

Las múltiples peñas ubicadas por todo el pueblo, han dado la bulla que les ha dado la gana: mucha, poca o regular, justamente la que han querido dar, aunque la evaluación del ruido siempre dependió del criterio de los vecinos; en mi caso, las dos que tenía cerca de casa, como diría mi padre: “no han dau un amparo guerra”.

Mis “fuentes” no me han informado de que los miembros de estos lugares de ocio tan arraigados durante las fiestas en Alaejos hayan protagonizado escenas demasiado irreverentes contra sus convecinos.

Que yo no lo sepa, no quiere decir que no haya habido algún conato de alboroto incontrolado, convivencia maravillosa o simplemente todo haya transcurrido correctamente.

Tampoco estoy informada de si apareció el gato del “Tío Maragato”, o si ya se sabe quién lo mató.

Como socia del “Club Cicloturista” se que no tengo perdón por no poder dar en esta crónica ni un solo dato de cómo transcurrieron las múltiples competiciones que mi club organiza en todas las categorías. He sido tan “dejada” que ni hice acto de presencia en dichas competiciones, ni me molesté en preguntar a los organizadores. No es disculpa que lo organizado por mi club siempre es exitoso porque se molestan mucho en que así sea, ni me exime de culpa saber que por ese buen hacer todo habrá salido perfecto, por eso quiero en esta crónica darles el fuerte aplauso que ni les di en el Arrabal, ni en cualquier recodo del recorrido de los ciclistas.

Los encierros y festejos taurinos han sido de bóvidos machos -en algunos casos- y en otro –como el de ayer domingo- de hembras pequeñitas.

Todos ellos tenían cuernos –con perdón- cuatro patas, dos orejas y un rabo que conservaron de principio a fin de la faena –casi siempre-, aunque alguna faena, más que faena fue una putada.

Ciertamente en todos los festejos taurinos, los protagonistas han sido ganado bravo, de estampas preciosas, cumpliendo a la perfección con el trabajo para el que fueron criados dejando en muy buen lugar al criador o ganadero.

Los cortadores –tanto los adultos como las jóvenes promesas- nos regalaron –bueno, regalado no, que sus buenos dineros costaba la entrada a la plaza portátil- ofrecieron verdaderos momentos de diversión, tensión, emoción, y muchos más “ON”. Llevándose consigo atronadores aplausos del público y la ilusión de saber que están reescribiendo la historia del futuro de la “fiesta nacional”.
La imaginación de quienes prepararon los diversos obstáculos del recorrido de la “Gymkana” funcionó perfectamente y los participantes nos hicieron pasar un rato entretenido realizándolo.

Las dianas llenaron los amaneceres con el inconfundible sonido que alegra el alma cuando estás alegre y te estruja los sentidos cuando tienes pena o extrañas la presencia de quien tanto disfrutó bailando esta pieza.

Chocolatada, izado de banderas, repique de campanas, lanzamiento de globos, caramelos y mojada popular también hubo la mañana del “DÍALAVISPERA”. Mis informadores me cuentan que con gran éxito; tanto como el “encierro ecológico” al que si asistí.

Los más chiquitos corrían delante de los toros y el cabestro de cartón piedra como si de “Victorinos” o “Miuras” se tratase. Ellos divertidos y temerosos y el resto de los asistentes disfrutando al verlo.

Al término de dicho encierro en la zona deportiva nos sirvieron “en los platos del cocinero” una rica paella que degustamos sobre el césped de la piscina.

El desfile de peñas estuvo tan animado como siempre, tanto para los participantes como para los fisgantes. Este año por primera vez “participé” llevando en brazos a mi nieta disfrazada de fresa. No hizo falta que regaran las calles.

Ya por la noche la ineludible cita con amigos, reencuentro anual con los forasteros en el marco maravilloso de nuestra Plaza Mayor para disfrutar de “Lo que nos echen” en este caso, el concierto de King África.

El orondo señor África llenó durante hora y media el escenario con su música pegadiza y bailable y también con su simpatía y profesionalidad demostrada en el momento en que un “fallo del directo” le quedó sin sonido y salvó la situación contando un chiste en vez de enfadarse o pagarlo injustamente con el técnico.

Una vez terminada la actuación, pusieron las “Carretillas”. El olor a pólvora quemada; el sonido –o siseo- del estruendo al explotar y las luces de las familiares y entrañables Carretillas; “las mismas” desde que tengo uso de razón, idénticas como hermanas gemelas a las que llevan quemando desde mi infancia y por serlo, al igual que con la música de la diana, me hicieron añorar la presencia de quien se fue y sentí tan cerca en aquellos momentos, tanto como en otros donde él disfrutaba… Este año ha sido así.

Las verbenas del resto de noches he sabido que estuvieron muy animadas; inusualmente la gente bailoteando al son de la música que escuché nítida desde mi camita ¡¡Tengo una edad!!

No subí a la ermita. No suelo hacerlo el 8 de septiembre “DÍALACASITA”; así no me llevé el monumental disgusto que sufrieron los cofrades bailarines al no poder bailar a la Virgen con la melodía tradicional.

Esperemos que se arregle ese desatino y vuelvan a sonar la caja (o tamboril) y la charambita (o dulzaina) para que alrededor de la pradera suene esa música que emociona y ese baile en honor de nuestra querida patrona la Virgen de La Casita; el mismo que tantas veces vi bailar a mi padre y otras tantas le vi llorar al escucharla cuando ya no podía bailarla.

También el día 8, media hora antes de que llegara el 9, el pueblo se reunió en piña cerca de la zona deportiva para ver los fuegos artificiales que este año me parecieron muy bonitos disparados en torno a la luna casi llena.

Me pregunto cómo será un fuego artificial cuando por primera vez se ven desde el cielo.

En cuanto al resto de “actividades”, actos y eventos, ha habido “división de opiniones”, lo contario hubiera sido milagro.

Hablando muy en serio, las fiestas han transcurrido sin incidentes graves salvo los tres heridos por asta o envestida de toro, que por suerte evolucionan favorablemente.

Tras el pase por la puerta de toriles de la última vaquilla, los asistentes caminamos entorno a la banda de música rumbo a la Plaza Mayor donde sin miedo a padecimientos (que suelen llegar al día siguiente) degustamos pastas y limonada ofrecida como última colaboración por “La Comisión de Festejos”, que con su camiseta roja han trabajado sin duelo para que todo estuviera a punto.

Tras varias piezas de baile y derroche de las últimas fuerzas que después de tantos días festeando estaban bajo mínimos; “La Escoba” entregó su premio y como fin de fiesta procedieron a retirar del balcón “La Mariseca”.

Con el último estruendo de la traca se fueron los pocos forasteros que quedaban y comenzó el ver las calles silenciosas y vacías; el poner lavadoras y quitar las pelusas acumuladas durante tantos días en que las casas son meros recipientes donde ir a dormir y cambiarse de ropa.

Afortunadamente hoy queda un día menos para “La Casita” 2012

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