Con todo mi cariño.
Especialmente para mi marido que lo logró e Inma de Jardi que lo está logrando.
Felicidades también a todos aquellos que dejasteis y dejaréis de fumar para siempre.
La vida es muy hermosa sin depender de algo tan absurdo.
Enhorabuena. Eres valiente enfrentándote a él cara a cara.
No sientas tus manos vacías, ni las llenes por ansiedad con otros que amplíen tu cuerpo y retuerzan tu espejo.
Ahora sentirás el aire limpio, volverá el placer de los sabores intensos y sentirán tu perfume tal y como fue diseñado.
Tus besos tendrán tu sabor y no el suyo, pero sobre todo, también has liberado a tus hijos de la dictadura del tirano que te atrapó en sus redes poco a poco y sin previo aviso.
Por culpa de uno de ellos, y en un descuido de quien esclavo de él creía disfrutarlo, siendo mi niña muy pequeñita, sintió su quemazón en la córnea de unos de sus hermosos ojos negros.
Afortunadamente, tuve la suerte de encontrar su huella con la rapidez suficiente para que mi niña nunca perdiera visión, ni quedara en su ojo huella alguna, aunque fueron días de molestias, incertidumbre y pesar, hasta poder comprobar que así sería.
El dolor de mi hija durante la exploración y las curas, quedaron impresas en mi ánimo, y ahora, veinte años después me sigue encogiendo el alma recordarlo.
Jamás tuve uno de ellos entre mis manos para llevármelo a los labios. Pasivamente sufrí su presencia muy de cerca, sin darme cuenta que me perjudicaba, que me tenía atrapada tanto como a quienes estúpidamente queman su dinero y sus pulmones atrapados en el negro alquitrán que inhalan, inundando los lugares cerrados y públicos hasta hacer su aire irrespirable; extendiéndose en cantidades infinitas durante las reuniones de amigos, que terminan convirtiendo en un suplicio respirar, a quienes nunca enganchó en sus redes el consumo del traidor.
Me pregunto qué pensarían los consumidores de los no atrapados, si cada vez que ellos nos regalan humo, en justa reciprocidad, nosotros quisiéramos contribuir en igual medida a cargar el ambiente expeliendo silenciosas flatulencias.
Tentada estuve muchas veces de hacerlo, sobre todo cuando coincidí con algún desaprensivo en ascensores o recintos cerrados, convertidos por ellos, en cárceles para nuestros pulmones, donde encierran sin juicio ni sentencia nuestro deseo de no condenarnos a su esclavitud.
El día que mi compañero de viaje decidió romper con ese lazo que lo atrapaba, pude al fin comprobar el verdadero y maravilloso sabor de sus besos.
Verás como ahora podrás recordar sabores olvidados, que disfrazados de nicotina se hallaban ocultos en tus papilas.
Cada golpe de tos que ya no volverá, y la aspereza de la voz que no has notado, te traerán a la garganta la limpieza y nitidez de tu infancia.
Sobre todo, y mucho más importante: recuperarás tu libertad, incluso la autoestima, porque cada vez que lo veías encendido entre tus dedos, ya no te provocaba placer, sino aversión, porque la ansiedad, no aparecía por no tenerlo, sino por no poder desterrarlo de tu vida. Lo encendías para vengarte de él, sin darte cuenta que tras deshacerte de uno, la necesidad de eliminar otro, era aún más irresistible.
Por ultimo y no menos importante: con el dinero que ya no quemarás, podrás permitirte algún caprichito.
Guarda cada día en una hucha el importe que empleabas en engrandecer la industria de quien te oprimía. Ese será uno de los primeros regalos palpables que te harás, porque el primero, no lo dudes, ha sido la propia decisión de desterrarlo para siempre de tu vida y la de los tuyos.
Espero que tu tesón, valentía y fuerza, sean contagiosos y como reguero de pólvora corra tu entusiasmo entre tus amigos, para que también ellos puedan vencer al gigante de 10 centímetros que les esclaviza.
Ahora ya sabes, a este enemigo… ¡¡agua!!
Enhorabuena para ti; para todos los que tomaron tu misma decisión y la mantuvieron firmemente para siempre, y para todos los que van a lograrlo desde hoy.
No sientas tus manos vacías, ni las llenes por ansiedad con otros que amplíen tu cuerpo y retuerzan tu espejo.
Ahora sentirás el aire limpio, volverá el placer de los sabores intensos y sentirán tu perfume tal y como fue diseñado.
Tus besos tendrán tu sabor y no el suyo, pero sobre todo, también has liberado a tus hijos de la dictadura del tirano que te atrapó en sus redes poco a poco y sin previo aviso.
Por culpa de uno de ellos, y en un descuido de quien esclavo de él creía disfrutarlo, siendo mi niña muy pequeñita, sintió su quemazón en la córnea de unos de sus hermosos ojos negros.
Afortunadamente, tuve la suerte de encontrar su huella con la rapidez suficiente para que mi niña nunca perdiera visión, ni quedara en su ojo huella alguna, aunque fueron días de molestias, incertidumbre y pesar, hasta poder comprobar que así sería.
El dolor de mi hija durante la exploración y las curas, quedaron impresas en mi ánimo, y ahora, veinte años después me sigue encogiendo el alma recordarlo.
Jamás tuve uno de ellos entre mis manos para llevármelo a los labios. Pasivamente sufrí su presencia muy de cerca, sin darme cuenta que me perjudicaba, que me tenía atrapada tanto como a quienes estúpidamente queman su dinero y sus pulmones atrapados en el negro alquitrán que inhalan, inundando los lugares cerrados y públicos hasta hacer su aire irrespirable; extendiéndose en cantidades infinitas durante las reuniones de amigos, que terminan convirtiendo en un suplicio respirar, a quienes nunca enganchó en sus redes el consumo del traidor.
Me pregunto qué pensarían los consumidores de los no atrapados, si cada vez que ellos nos regalan humo, en justa reciprocidad, nosotros quisiéramos contribuir en igual medida a cargar el ambiente expeliendo silenciosas flatulencias.
Tentada estuve muchas veces de hacerlo, sobre todo cuando coincidí con algún desaprensivo en ascensores o recintos cerrados, convertidos por ellos, en cárceles para nuestros pulmones, donde encierran sin juicio ni sentencia nuestro deseo de no condenarnos a su esclavitud.
El día que mi compañero de viaje decidió romper con ese lazo que lo atrapaba, pude al fin comprobar el verdadero y maravilloso sabor de sus besos.
Verás como ahora podrás recordar sabores olvidados, que disfrazados de nicotina se hallaban ocultos en tus papilas.
Cada golpe de tos que ya no volverá, y la aspereza de la voz que no has notado, te traerán a la garganta la limpieza y nitidez de tu infancia.
Sobre todo, y mucho más importante: recuperarás tu libertad, incluso la autoestima, porque cada vez que lo veías encendido entre tus dedos, ya no te provocaba placer, sino aversión, porque la ansiedad, no aparecía por no tenerlo, sino por no poder desterrarlo de tu vida. Lo encendías para vengarte de él, sin darte cuenta que tras deshacerte de uno, la necesidad de eliminar otro, era aún más irresistible.
Por ultimo y no menos importante: con el dinero que ya no quemarás, podrás permitirte algún caprichito.
Guarda cada día en una hucha el importe que empleabas en engrandecer la industria de quien te oprimía. Ese será uno de los primeros regalos palpables que te harás, porque el primero, no lo dudes, ha sido la propia decisión de desterrarlo para siempre de tu vida y la de los tuyos.
Espero que tu tesón, valentía y fuerza, sean contagiosos y como reguero de pólvora corra tu entusiasmo entre tus amigos, para que también ellos puedan vencer al gigante de 10 centímetros que les esclaviza.
Ahora ya sabes, a este enemigo… ¡¡agua!!
Enhorabuena para ti; para todos los que tomaron tu misma decisión y la mantuvieron firmemente para siempre, y para todos los que van a lograrlo desde hoy.










