lunes, 17 de noviembre de 2014

EL DON JUAN TENORIO DE BLANCA PORTILLO



16-11-2014

Estar tranquilamente en casa, que tu hija llame y te diga:” ¿Te apetece venir conmigo mañana al teatro?”… No tiene precio.
Mi niña me comentó que veríamos “Don Juan Tenorio” dirigida por Blanca Portillo en una versión personalizada.
No quise mirar información adicional para no predisponerme con otras opiniones.
No tenía ni idea de cuánto duraba. Ahora ya lo sé. Comenzó a las 20.30 y salimos del teatro a las 23.10 tras ver una representación sin intermedios, descansos  ni entreactos… Ni un solo aplauso para desentumecer músculos, ni salidas al aseo.

A lo largo de mis 57 largos años de vida he visto varias veces la obra que mi paisano escribiera (y en 1980 hasta parodié una de sus estrofas que publiqué en 2007).

Cada año veía en la tele en blanco y negro de mis padres, al llegar Noviembre en aquel mítico “Estudio 1”, la emisión de “El Tenorio” interpretado por muchos juanes y muchas ineses diferentes, casi tantos como años emitido.
En “directo” la primera lo vez lo vi en el "Teatro Zorrilla” de mi cuidad hace justamente dos años. Siempre me gustó la obra.

Mejor o peor interpretados, con más o menos lujosos escenarios, siempre vistiendo ellos con  jubón, calzas, capas, plumas, puntillas y su inseparable espada… y las mujeres tapadas,  recatadas, virginales, mustias  y aburridas; tal como las pariera Zorrilla allá por 1844.
Esta nueva versión, esta puesta en escena, no tiene en nada que ver con cualquier otra. Totalmente modernista, suple la falta de decorados o mobiliario, con atrezo e iluminación sugerente y con actores “figurantes” en movimiento por el escenario como almas en pena.
Te das cuenta que la obra que estás viendo es “Don Juan Tenorio” no sólo porque lo pone en el librito y la cartelería de la entrada; también porque el texto ha cambiado muy poco de los tenorios que recuerdo. Cambia eso sí, el énfasis y la intención al declamar, así como la vestimenta o desnudez de los personajes.
Un Tenorio encuerado (vestido de cuero, no lo que interpretaría algún buen amigo mexicano) (que también), con ropas que cualquier joven podría vestir actualmente, sin plumas ni en los ademanes, con mujeres cuyo recato ni tenían ni se le esperaba, lejos del que pintó Zorrilla y que como dije, sólo se le reconocía por la trama, el verso y el nombre de los personajes. Esto no quiere decir que no me haya gustado el nuevo tono y la nueva intención de Juan Tenorio…
Ya en casa, leí lo que la directora había escrito en el librito con fuerte olor a tinta de imprenta que nos ofrecían al acceder a nuestra localidad. Aquí lo desgrano un poco
 Nunca he podido entender cómo un personaje así se ha convertido en un mito, en un icono abanderado de la libertad y la transgresión, la representación del seductor de mujeres como valor en sí mismo…
Yo nunca lo había entendido así. También dice que: Hoy siento la necesidad de subir al escenario a este personaje, tantas veces representado y, creo, tan pocas veces entendido. Se ve que yo no le he entendido.
Más adelante mí admirada Blanca dice: Más allá de la época en que Zorrilla crea el personaje y más allá del tiempo en el que el autor coloca la acción de su obra, Tenorio es un ser humano que sigue latente en el inconsciente de esta sociedad, de la nuestra.
Tampoco lo veo así. Y también dice Blanca Portillo: Tenorio no es un héroe. Es alguien que huye de su propio vacío, llevándose por delante todo aquello que se cruce en su camino. No es un luchador en busca de un mundo mejor, de un cambio en el sistema, no es un buscador de belleza. Tenorio es hoy el vivo retrato del desprecio por los demás. Si hablamos del Tenorio de Zorrilla, yo también lo creo, pero no solamente el de “hoy”, aquel también lo fue.
Vivimos en un mundo en el que ese desprecio se hace cada día más patente. Sobrevaloramos a quienes destruyen, a quienes roban, matan, o violan las leyes… Nunca sobrevaloraré tal cosa, simplemente me repugnan esos seres.
En nuestro país seguimos pensando, aunque en ocasiones lo ocultemos, que esas personas son admirables, son… “los listos” y los demás unos tontos que vivimos sujetos y amordazados en el redil. ¿Cómo puedo estar de acuerdo en que un delincuente es admirable? Blanca Portillo termina diciendo lo siguiente:
Yo creo profundamente en el respeto por los demás. En valores morales y éticos que Tenorio destruye sistemáticamente. Creo que ya va siendo hora de que alguien llame a Tenorio por su nombre. A esto yo me pregunto: ¿Llamar Tenorio por su nombre hace mostrar a una mujer enamorada esperando en la reja a su amado en la forma en que lo hace la actual Ana de Pantoja?
¿Lo es acaso actuar como la desinhibida y desvergonzada Brígida? ¿Era necesario mostrar a doña Inés tan quitada del hábito? Francamente, si hay que llamar a Tenorio por su nombre, no llamemos a  “Inés” lo que vi.

Lo mejor y lo peor (para mi gusto)

Ciutti (Eduardo Velasco) Muy bien. Capitán Centellas: Necesita mejorar. Juanma Lara: magnífico en su papel de Gonzalo de Ulloa (Aunque habría que preguntar a la Abadesa qué tal lleva sus tímpanos a casa).
Raquel Varela en la monja Tornera, genial. Miguel Hermoso, -al que he tenido que buscar por Internet para cerciorarme quien es, porque su voz no se correspondía con la imagen que recordaba de él- También muy bien en su papel de Luis Mejía.
Beatriz Argüello también borda su papel de Brígida, aunque en esta ocasión, “quitada de la pena”, palpe mucho más que el alma tibia de doña Inés, a la que interpretó Ana Martínez. Buena actriz en el papel que le toca pero…
Marta Guerras interpreta a una Ana de Pantoja que apareció muy poco y enseñó demasiado.
Me faltaron las estatuas en el panteón del cementerio y me sobró que el actor que interpretaba a Diego Tenorio y al escultor fuese el mismo y fácilmente identificable porque da lugar a equívoco al ser un muerto más en la trama.
¡¡Creo que me olvido de alguien!! ¡¡Naturalmente que no!! Don Juan Tenorio: Impresionante José Luis García-Pérez. Magistral interpretación cargando con todo el peso de la obra. Espero que el agua se lo pongan un poco tibia porque si no, saldría congeladito en cada envite.
La voz de Eva Martín en los entreactos ocupaba el lugar de los aplausos y evitaba la bajada del telón para los leves pero importantes cambios de atrezo. Preciosa voz.
Dicha la última palabra por Juan Tenorio, el teatro se caía en aplausos. Una cerrada ovación de varios minutos despedía a los actores y actrices, que varias veces tuvieron que volver a salir para agradecer el calor del público que parecía no tener deseo alguno de abandonar su butaca. Con lo que entiendo que todos estábamos muy satisfechos.

Como para gustos existen los colores, este ha sido el gusto y el color de Blanca Portillo, no sé si Zorrilla estaría de acuerdo.
¿Qué si se me hizo largo tantas horas sin pestañear? ¡¡En absoluto!! Todo lo contrario. Al salir y ver la hora que era, tuve que cerciorarme por si tenía mal el reloj.
Laura y yo continuamos nuestra particular velada por las calles y bares de picoteo de nuestra ciudad, hasta ponerle el broche de oro a la noche abrazando la sonrisa de nuestro muchacho que en reunión de “las de antes” arrancaba de su piel con “María la Portuguesa” un poco de la amargura en la que desafortunadamente le está tocando vivir este 2014.

Ha sido una inolvidable función dentro y fuera del teatro. Este también ha sido el gusto y el color de:
Marisa Pérez Muñoz

2 comentarios:

María A. Marín dijo...

¡Qué buena suerte la tuya!
Me alegro mucho.
Besos

¿Y esa tuna?

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Gracias María.
Ya te sabes la historia de esa foto de la tuna jejejeje

Abrazos

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