jueves, 10 de noviembre de 2016

MI QUERIDA MARILUZ



MI QUERIDA MARILUZ   05-11-2016

Mí querida Mariluz: ¡Qué te puedo decir que no sepas! El destino se empeñó en regalarme Cádiz y lo hizo poniendo en mi camino a la mejor gaditana. Buscó un extraño método: un Internet casi en pañales y una estrella con rostro casi exacto (por aquel entonces) a otra que tú misma trajiste al mundo.
¡¡Quién nos iba a decir aquel 29 de febrero de 2004, que el mundo iba a convertirse en un pañuelo chiquito donde “nadie” nos presentaba sin imaginar que sería el principio de su final y el principio de nuestro siempre!!
Nunca supimos cómo; o quizás sí, sin darnos cuenta confiamos la una en la otra y pudimos conocernos como si hubiéramos nacido en el mismo rellano de escalera o mejor aún, en la misma familia.

¿Quién se acuerda ya de nadie? Tú y yo sabemos que nuestra estrella tuvo mucho que ver con el destino. Quizás fue la mano que lo guió al escribir aquel 29 de febrero. Después han pasado tantas cosas bonitas en nuestra amistad, que sería imposible plasmarlas todas aquí. Dan para escribir un libro y de hecho, parte de ellas ya están publicadas en nuestro particular libro de recuerdos “Mar de trigo, Mar de plata”.

¡¡Tengo tanto que agradecerte!! Entendiste como nadie una terrible tristeza en la que vivía y me ayudaste escuchando y confortando aquella pena que nunca desaparecerá pero que se diluye en el tiempo dejando en el recuerdo lo bonito que fue y mitigando lo dura que fue su partida.

Sin embargo eres tan sencilla, tan humilde; tan sencillamente humilde, que dirás que es todo lo contrario, que tú me agradeces cosas importantes en tu vida. Era una época durísima para ti y yo simplemente te tendí la mano que necesitabas para tomar impulso y conseguir salir tú sola y comenzar un nuevo camino: el camino hacia la felicidad.

No conozco a otra persona tan trabajadora como tú, tan fuerte y tan espléndida para todo el mundo, olvidándote siempre de tus propias necesidades para cubrir las de todo el que te rodea.
Podría llenar cientos de folios ensalzando tus virtudes y agradeciendo a mi suerte el haberte conocido.

Te enamoraste de Alaejos por todo lo que yo te contaba de mi adorado pueblo. Amas a la Virgen de La Casita y a nadie nacido más allá de las fronteras de Alaejos he visto llorar ante ella con tanta pasión como tú lo hiciste.
En Cádiz cada 8 de septiembre celebráis a la Virgen de la Luz, y desde que nos conocemos ese día celebras tu onomástica como “LuzCasita”. Las dos somos gaditana de nacimiento y alaejana de adopción (yo el contrario) y ahora somos “Gaditalaejanas” porque a ti y a mí nos da la gana cambiar el gentilicio.

¡Cómo olvidar tantos y tantos regalos que me has hecho! El primero de ellos una figura de mi misma escribiendo en un velador. Le explicaste al escultor mis rasgos y me esculpió perfecta. No todo el mundo puede presumir de tener en casa casi una réplica de si mismo esculpida en barro y yo la tengo gracias a ti, y realizando mi gran pasión: escribir.

¡Cómo olvidar aquel sábado de noviembre que viajaste desde Cádiz para estar unas pocas horas en nuestra casa con tu preciosa niña Alicia! No te fiabas de ningún medio de transporte para enviarme la figurita y viniste a traerla en persona. En tren. Llegasteis a media mañana y partíais a media tarde de regreso. ¡Qué locura, tantas horas de viaje!

¡Cómo olvidar las vacaciones gracias a ti para que pudiéramos conocer Cádiz!
¡Cómo olvidar tus viajes a Valladolid o Alaejos para pasar unos cortísimos pero intensos días junto a esta familia que siempre te espera y a aquellos amigos con los que reímos hasta el llanto! ¡Qué tiempos!
¡Cómo olvidar aquella Casita del 2006 en la que por fin te vi disfrutar como niña tras tanto daño como habías llevado en tu pesada mochila! Cada uno de aquellos días fue especial. Por fin estabas en Alaejos y vivías sus fiestas desde dentro. Agotamos la reserva de risas y carcajadas. Regresaste a Cádiz cargada de ilusiones, fuerza y proyectos.

Nadie nos negará quien estaba a nuestro lado en aquel espectáculo puramente jerezano que hasta en tres ocasiones vimos juntas.

“Los sentimientos que se palpan y  se comparten al compás,
no son mentira; se siente y siempre es verdad,
aunque la razón que es loca,
te diga calla la boca, porque no te entenderán”.

Al acabar el espectáculo casi al unísono dijimos “¿Sabes lo que me ha ocurrido?”… Y qué casualidad, a las dos nos había sucedido lo mismo. Un espectador no pagó su entrada sin ser regalo, ni cometer delito… ¡¡Qué fuerte!!
Ni un solo año me falta el paquete procedente de tu mano lleno de CD con la música carnavalera que se cantó en el Falla.
Cada nuevo CD de mi chirigota, me llegó firmado y dedicado muy cariñosamente por todos ellos porque tú haces todo lo posible porque así sea.
Conseguiste cita con mi admirado –y desde entonces amigo- Yuyu para aquella cena familiar en “El Arte Serrano”. Inolvidable velada. ¡Grande Yuyu!

El pasado Febrero mi marido y yo disfrutábamos de unos días en Torremolinos y hasta allí viajaste con Gloria desde Cádiz sólo para vernos y hacer una tarde especial viajando hasta Ronda. No dudaste en inyectarte en vena más de 700 km serranía incluida, aquel día.
Dispuesta siempre a hacer favores a quien no tiene siquiera el valor de pedírtelos. ¡¡Eres un ángel en la tierra!!

Ojala algún  día tu trabajo se vea recompensado como mereces, que hasta hoy nunca lo fue. ¡¡Con la de gente que cobra millones tocándose lo que rima!! ¡¡Qué injusta ha sido siempre contigo la vida en ese aspecto!! Tiene que estar a punto de cambiar. Mereces todas las cosas buenas.

Afortunadamente tienes una maravillosa familia; muchos y buenos amigos y el amor. Un amor que tardó en llegar pero te compensó con creces poniendo en tu camino a Pedro, un magnífico ser humano y tu alma gemela.

No cambies nunca, eres única e irrepetible y yo me siento muy afortunada de tenerte como amiga… de tenerte como Tata.

viernes, 4 de noviembre de 2016

UNA TUMBA VACÍA


04-11-2016

Querida amiga Yolanda: No sabes la alegría que me dio volver a verte después de tanto tiempo. Ambas hemos cambiado muchísimo físicamente, pero es lo que tiene la genética, las enfermedades, los sufrimientos y el paso de los años, que poco a poco nos quita “lozanía” y nos pone Michelin… o nos regala excedente de arruga. Aquí nadie se libra… estar a punto de cumplir 60 es lo que tiene.
Fue un encuentro casual con sabor a reencuentro. Afortunadamente teníamos hueco en nuestras “apretadas agendas”, y pudimos ponernos al día de ilusiones conseguidas, sueños cumplidos, pérdidas irreparables, llegadas al mundo maravillosas y serenidad actual.
En el aire hubiera quedado una pregunta que me atormenta desde hace mucho. Pregunta que jamás te hubiera hecho por no herirte. Ni siquiera hubiera comentado contigo tan doloroso tema.  Tú misma comenzaste a hablar de ello sin yo haberte dicho nada.

Pocos meses después de dar a luz a mi primera hija, también tuviste la tuya, con la mala suerte de que Julia nació con vuelta de cordón y jamás pudiste verla, aunque sí escuchaste su llanto en el paritorio.
Por aquella época ocurrían con mucha frecuencia esas “vueltas de cordón”; esas muertes prematuras en recién nacidos, y con Julia, fueron tres las niñas a las que les ocurrió lo mismo cerca de mi entorno y en fechas no demasiado lejanas entre sí.
Cada vez que veía a mi hija en mis brazos, no podía dejar de pensar en los vuestros cruelmente vacíos. Cada vez que me quedaba embarazada temía que una vuelta de cordón truncara la vida de mi bebé y con la de él las nuestras.
Afortunadamente pronto pudiste ser madre dos veces más: Julio y Daniel, a los que vi crecer, como tú a las mías, y que igual que a mí, ya te han hecho abuela.

 Hace algún tiempo las noticias sobre presuntos bebés robados removieron por unos días los informativos y los debates. Confieso que pensé en ti y en Julia, pero no tuve valor de llamarte para saber cómo estabas viviendo tú ese doloroso tema.
Ahora me cuentas que cuando aquellas oscuras historias salieron a la luz, por un instante relacionaste tu caso con el de tantas mujeres que contaban historias demasiado similares a la tuya, aunque estabas tranquila porque el hombre influyente que os ayudó con los trámites era de vuestra máxima confianza... o quizás porque la mente humana no quiere en ocasiones ver más allá de lo racional. Quizás un mecanismo de defensa. Llevabas más de 35 años sufriendo por la pérdida de tu primera hija, llevando flores a su tumba y ahora no querías comenzar a sufrir por una posible mentira tan grandiosa.
Lo desechaste de tu pensamiento. Esa imposible que Julia fuera una de esas niñas robadas,  hasta que a la muerte de tu padre hubo que abrir aquella fosa y el enterrador al retirar la cajita de tu niña, se dio cuenta que allí no había ningún cuerpo.
Unido al dolor de enterrar a tu padre venía la atroz verdad: Tu niña nunca estuvo allí y ahora investigar lo que ocurrió, es demasiado costoso; mucho más sabiendo el frustrante resultado que han obtenido otros padres.
El dolor de tener una hija enterrada se evaporó por la obsesión de saber que allí nunca hubo nada. Que tu niña puede estar viva o muerta, pero que ha vivido una vida lejos de la tuya que eres su madre, y de la de su padre y sus hermanos.
Te obsesiona pensar cómo habrá sido esa vida sin todo el amor que tenías para darle y pasas el día buscando en el rostro de las chicas con las que te cruzas, de “unos cuarenta”, por ver si encuentras en ellas algún rasgo parecido al de tus otros dos hijos.

Dices que tu familia y tú habéis pactado no remover lo que tanto daño podrías haceros y ni siquiera habláis  del tema en casa. Sólo te queda seguir llorando a Julia sin saber siquiera si ese será su nombre, sin saber cómo está en realidad: si ha sido feliz, si tiene la vida tan resuelta como la tienen sus hermanos. Si también te hizo abuela o si ella igualmente te busca en los rostros de tantas mujeres con las que se cruzará cada día deseando encontrarte y ninguna de las dos sabe el camino para hacerlo, intentando creer en los milagros igual que tú lo intentas sabiendo que los milagros no existen.
Durante algunos días hubo en los informativos revuelos sobre el tema tan doloroso como oculto y tan horrible como irreparable. La noticia dejó de tener interés; se enterró la culpa de los culpables, se desenterró el dolor de los inocentes, cuyo daño sólo importa a ellos mismos, y se cerró en falso la historia tal como se cierran algunas heridas que jamás sanan.

Hoy tras volver a verte y a recordar buenos y malísimos tiempos, hemos vuelto a saber que aunque el tiempo pase, cuando el cariño fue verdadero, lo seguirá siendo siempre, incluso cuando los caminos de cada cual a veces se cruzan y otras se separan.

Si llevo años pensando en ti y en tu dolor por esa niña perdida, ahora cada vez que te recuerde, pensaré en Julia y te ayudaré a buscar entre los viandantes ese rostro con rasgos similares a los tuyos. Ojala algún día reciba tu llamada diciendo que la encontraste, que puedes descansar tranquila y que por fin pudiste abrazar a tu niña.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

QUERIDA AMIGA MARY HERRERA



QUERIDA AMIGA MARY HERRERA   02-11-2016

Querida amiga Mary Herrera: Me he enterado que estás algo pachucha y quiero enviarte mi cariño a través de esta carta.

Durante más de dos décadas compartimos escenario en el añejo antes de ser reformado, mucho antes de esta nueva reforma, “Teatro Municipal” de nuestro querido Alaejos; invitadas a participar en el “Certamen Literario” que con motivo de las fiestas de Nuestra Señora de La Casita organizaba el ayuntamiento y que desapareció incomprensiblemente hace años. Terminó sin haber perdido el éxito de los comienzos y habiendo en Alaejos nuevos autores deseosos de mostrar su obra. He de reconocer que pese a haber sido pionera, los últimos dos o tres años decliné la invitación.
Prueba de aquellos certámenes, son los libritos que el público recibía por su asistencia en el que publicaban –más o menos- las poesías que aquel año íbamos a declamar, y que muchos atesoraron como colección.
Compartimos los nervios de antes de subir al escenario y los generosos aplausos al bajar de él. Las enhorabuenas de nuestros paisanos como reconocimiento al esfuerzo que supone ponerse ante el público, y seguramente por el respeto con que en el escenario desnudas tu alma precisamente por no ser profesionales de la escritura, pero que en cada letra, en cada palabra ponemos todo el corazón.
Si lo hacemos bien o mal, nadie tiene derecho a condenarnos, porque no cobramos por ello. Además sabemos que no siempre nos juzga quien es más inteligente que nosotros, ni tampoco quien demuestra hacerlo mejor.

Mil veces hemos hablado de lo que cuesta escribir, y lo mucho que nos gustan las críticas porque ayudan a mejorar y a afianzarnos en nuestra ilusión de escribir pese a la carencia de años de carrera o academias, porque nuestra forma de escribir es innata, por eso aceptamos críticas siempre, menospreciando los critiqueos que nunca traspasaron nuestro pabellón auricular.

El alma no tiene precio, por eso nosotras regalamos pedacitos de alma en cada uno de nuestros escritos.
Con todo esto que nos une, hay algo  que aún me hace tenerte un aprecio especial y es el cariño con que siempre me hablas de mi querido y añorado padre y el cariño con que sigues tratando a mi madre. En ambos casos ellos sienten idéntico afecto por ti.

Espero que esta carta te llene de energía positiva; sea una inyección de alegría, un jarabe de ilusión, una transfusión de optimismo. Que sea un rayito de sol de Alaejos para iluminar tus mañanas, una infusión de estrellas de las que cada noche brillan en el cielo de nuestro pueblo, igual que brillan tus enormes ojos y tu sonrisa cada vez que paseas sus calles.

Aunque no soy de misas, adoro a la Chiquitita porque mi padre la adoraba, y a ella le pido que te de mucha salud.

Un fuerte abrazo de esta amiga que aunque sea por momentos breves, siempre se alegra de saludarte y compartir un trocito del aire sano que respiramos en nuestro adorado Alaejos.

sábado, 29 de octubre de 2016

EL CAMBIO DE UN PANTALÓN



EL CAMBIO DE UN PANTALÓN  09-10-2016
María Marín, brindo para ti esta entrada

Hay dependientas de muchas clases, yo misma lo fui en mi dorada juventud, y me parece una profesión muy digna, bonita y en muchas ocasiones difícil y muy trabajosa, se llame como se llame el mostrador tras el que has de atender a toda clase de público.
En esta ocasión me referiré concretamente a ese corte extranjero, donde dependientas y dependientes trabajan tan como burras y asnos; y son ninguneados por sus “glamurosos” jefes, igual o más que en cualquier supermercado de barrio.
Ocurre que muchas de estas señoritas –salvo algunas honrosas excepciones- miran al cliente como por encima del hombro  y lo tratan como si fueran semi diosas y el cliente una mierdecilla que debe adorarlas y rendir pleitesía. Evidentemente no todas, pero sí lo son más que en cualquier otra empresa. He de reconocer también que los chicos de esta gran superficie son menos “altaneros” que sus  féminas compañeras o al menos así lo percibo.
En este caso nadie es más que nadie, por tanto no ofende quien quiere sino quien puede y si ellas son vendedoras, cualquier cliente en ese momento es mucho más importante para la empresa que ellas… aunque las joda.
Hace unos días tuve que ir a ese local de alto copete “El corte forastero”, a llevar un pantalón defectuoso de mi marido de marca conocida y comprado en rebajas, que para eso están, para que las “pobretonas” como yo, nos beneficiemos de ellas.
Bien, pues el pantalón había perdido su color en las primeras “posturas”. Lo lavé a mano porque llevarlo a cambiar usado me parece una guarrería, por muy limpio que estaba del poco uso. Sobra aclarar que lo sequé en el tendedero interior de casa, no al sol ni al aire.
Al ver el pantalón, la dependienta muy amable enseguida me hizo ver que tenía razón, pero aun así hubo de preguntar a otra “superior”, bajita cuyo rostro exageradamente maquillado no pudo ocultar la apariencia de medio boba; que me miró con cara de “soy más guay que tú, y más guapa, y más lista”… Ésta dijo con gestos de exagerado menosprecio al pantalón, que estaba decolorado por haberlo tendido al sol… la hice comprobar que no, porque hubiera tenido marcas de la cuerda o de las pinzas de tender y no las tenía… entonces con sus dotes de idiota,  su pelo liso moviéndose al son del aire acondicionado del local  como las algas en un estanque y cara de boquerón en vinagre, me dijo: “con el aire de la calle al usarlo pierde el color”…
Ante tamaña desfachatez (que no podría denominar explicación), muy digna yo, en vez de mandarla bien lejos y ponerme como lo que ella pensaba que soy… (Una barriobajera estúpida y gorda); la miré fijamente a los ojos y  dije educada, tranquila y lentamente: “Tú tienes la obligación de dudar de mi, pero yo tengo el derecho a que me creas, sobretodo porque te estoy diciendo la verdad y tú sólo expones absurdos razonamientos que podrás darle a otro más tonto, pero no a mí…
Sólo la faltó ponerme la alfombra roja… pidió disculpas casi hasta en hebreo y me cambió el susodicho pantalón.
Mi despedida –sin dejar de mirarla directamente a los ojos- fue: “La próxima vez, estudia un poco más tus razonamientos y calma el ímpetu de tu prepotencia. Yo sólo soy un simple cliente, y tú no eres más que una dependienta… Buenas tardes…

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