miércoles, 14 de septiembre de 2011

MI PERSONAL BALANCE DE “LA CASITA” 2011

MI PERSONAL BALANCE DE “LA CASITA” 2011

Pues si, como ni soy escritora, ni mi palabra es ley, una vez terminadas las fiestas daré mi personal opinión -como siempre me gusta hacer- de cómo he vivido “La Casita 2011” y que cada cual saque sus propias conclusiones o escriba sus propias experiencias.

Es evidente que tampoco soy Dios y por tanto no he estado presente en todos y cada uno de los actos, por eso opinaré sobre lo que he visto, disfrutado o incluso sobre lo que no he visto pero me han contado personas en las que confío tanto como en mí misma.

Este año los encargados de las contrataciones para goce y disfrute del personal, han debido gastarse un dineral –seguramente sacado de las arcas municipales sin tener en cuenta la crisis – y no han escatimado gastos –cosa muy de agradecer- pensando en tener las mejores fiestas, porque cada día ha sido maravilloso, espléndido, y acertadísimo; eso sin duda ha de tener un elevado coste, aunque siempre habrá quien le ponga “peros”. Ya os habréis dado cuenta que me estoy refiriendo a la meteorología; también denominada ¡¡Qué buen tiempo hemos tenido!!
Atrapamos sol en los "incierros", robamos tiempo a la siesta para encontrar sitio en la sombra durante las corridas (de toros) y las ropas de abrigo que precavidamente llenaron nuestras maletas permanecieron cual "gays" sin salir del armario.

Todo (o casi) empezó la madrugada del día 15 de Agosto con la colocación en el balcón del ayuntamiento de nuestra típica y querida “Mariseca” (de la que tomé prestado el nombre para mi correo electrónico).

Previo a este acto fue el concurso de limonada y recorrido por las peñas optantes al honor de tener en su local durante todas las fiestas la réplica de nuestro emblemático torito de chapa. El “fallo” del jurado acertó con “La escoba” una peña añeja y muy participativa.

Las múltiples peñas ubicadas por todo el pueblo, han dado la bulla que les ha dado la gana: mucha, poca o regular, justamente la que han querido dar, aunque la evaluación del ruido siempre dependió del criterio de los vecinos; en mi caso, las dos que tenía cerca de casa, como diría mi padre: “no han dau un amparo guerra”.

Mis “fuentes” no me han informado de que los miembros de estos lugares de ocio tan arraigados durante las fiestas en Alaejos hayan protagonizado escenas demasiado irreverentes contra sus convecinos.

Que yo no lo sepa, no quiere decir que no haya habido algún conato de alboroto incontrolado, convivencia maravillosa o simplemente todo haya transcurrido correctamente.

Tampoco estoy informada de si apareció el gato del “Tío Maragato”, o si ya se sabe quién lo mató.

Como socia del “Club Cicloturista” se que no tengo perdón por no poder dar en esta crónica ni un solo dato de cómo transcurrieron las múltiples competiciones que mi club organiza en todas las categorías. He sido tan “dejada” que ni hice acto de presencia en dichas competiciones, ni me molesté en preguntar a los organizadores. No es disculpa que lo organizado por mi club siempre es exitoso porque se molestan mucho en que así sea, ni me exime de culpa saber que por ese buen hacer todo habrá salido perfecto, por eso quiero en esta crónica darles el fuerte aplauso que ni les di en el Arrabal, ni en cualquier recodo del recorrido de los ciclistas.

Los encierros y festejos taurinos han sido de bóvidos machos -en algunos casos- y en otro –como el de ayer domingo- de hembras pequeñitas.

Todos ellos tenían cuernos –con perdón- cuatro patas, dos orejas y un rabo que conservaron de principio a fin de la faena –casi siempre-, aunque alguna faena, más que faena fue una putada.

Ciertamente en todos los festejos taurinos, los protagonistas han sido ganado bravo, de estampas preciosas, cumpliendo a la perfección con el trabajo para el que fueron criados dejando en muy buen lugar al criador o ganadero.

Los cortadores –tanto los adultos como las jóvenes promesas- nos regalaron –bueno, regalado no, que sus buenos dineros costaba la entrada a la plaza portátil- ofrecieron verdaderos momentos de diversión, tensión, emoción, y muchos más “ON”. Llevándose consigo atronadores aplausos del público y la ilusión de saber que están reescribiendo la historia del futuro de la “fiesta nacional”.
La imaginación de quienes prepararon los diversos obstáculos del recorrido de la “Gymkana” funcionó perfectamente y los participantes nos hicieron pasar un rato entretenido realizándolo.

Las dianas llenaron los amaneceres con el inconfundible sonido que alegra el alma cuando estás alegre y te estruja los sentidos cuando tienes pena o extrañas la presencia de quien tanto disfrutó bailando esta pieza.

Chocolatada, izado de banderas, repique de campanas, lanzamiento de globos, caramelos y mojada popular también hubo la mañana del “DÍALAVISPERA”. Mis informadores me cuentan que con gran éxito; tanto como el “encierro ecológico” al que si asistí.

Los más chiquitos corrían delante de los toros y el cabestro de cartón piedra como si de “Victorinos” o “Miuras” se tratase. Ellos divertidos y temerosos y el resto de los asistentes disfrutando al verlo.

Al término de dicho encierro en la zona deportiva nos sirvieron “en los platos del cocinero” una rica paella que degustamos sobre el césped de la piscina.

El desfile de peñas estuvo tan animado como siempre, tanto para los participantes como para los fisgantes. Este año por primera vez “participé” llevando en brazos a mi nieta disfrazada de fresa. No hizo falta que regaran las calles.

Ya por la noche la ineludible cita con amigos, reencuentro anual con los forasteros en el marco maravilloso de nuestra Plaza Mayor para disfrutar de “Lo que nos echen” en este caso, el concierto de King África.

El orondo señor África llenó durante hora y media el escenario con su música pegadiza y bailable y también con su simpatía y profesionalidad demostrada en el momento en que un “fallo del directo” le quedó sin sonido y salvó la situación contando un chiste en vez de enfadarse o pagarlo injustamente con el técnico.

Una vez terminada la actuación, pusieron las “Carretillas”. El olor a pólvora quemada; el sonido –o siseo- del estruendo al explotar y las luces de las familiares y entrañables Carretillas; “las mismas” desde que tengo uso de razón, idénticas como hermanas gemelas a las que llevan quemando desde mi infancia y por serlo, al igual que con la música de la diana, me hicieron añorar la presencia de quien se fue y sentí tan cerca en aquellos momentos, tanto como en otros donde él disfrutaba… Este año ha sido así.

Las verbenas del resto de noches he sabido que estuvieron muy animadas; inusualmente la gente bailoteando al son de la música que escuché nítida desde mi camita ¡¡Tengo una edad!!

No subí a la ermita. No suelo hacerlo el 8 de septiembre “DÍALACASITA”; así no me llevé el monumental disgusto que sufrieron los cofrades bailarines al no poder bailar a la Virgen con la melodía tradicional.

Esperemos que se arregle ese desatino y vuelvan a sonar la caja (o tamboril) y la charambita (o dulzaina) para que alrededor de la pradera suene esa música que emociona y ese baile en honor de nuestra querida patrona la Virgen de La Casita; el mismo que tantas veces vi bailar a mi padre y otras tantas le vi llorar al escucharla cuando ya no podía bailarla.

También el día 8, media hora antes de que llegara el 9, el pueblo se reunió en piña cerca de la zona deportiva para ver los fuegos artificiales que este año me parecieron muy bonitos disparados en torno a la luna casi llena.

Me pregunto cómo será un fuego artificial cuando por primera vez se ven desde el cielo.

En cuanto al resto de “actividades”, actos y eventos, ha habido “división de opiniones”, lo contario hubiera sido milagro.

Hablando muy en serio, las fiestas han transcurrido sin incidentes graves salvo los tres heridos por asta o envestida de toro, que por suerte evolucionan favorablemente.

Tras el pase por la puerta de toriles de la última vaquilla, los asistentes caminamos entorno a la banda de música rumbo a la Plaza Mayor donde sin miedo a padecimientos (que suelen llegar al día siguiente) degustamos pastas y limonada ofrecida como última colaboración por “La Comisión de Festejos”, que con su camiseta roja han trabajado sin duelo para que todo estuviera a punto.

Tras varias piezas de baile y derroche de las últimas fuerzas que después de tantos días festeando estaban bajo mínimos; “La Escoba” entregó su premio y como fin de fiesta procedieron a retirar del balcón “La Mariseca”.

Con el último estruendo de la traca se fueron los pocos forasteros que quedaban y comenzó el ver las calles silenciosas y vacías; el poner lavadoras y quitar las pelusas acumuladas durante tantos días en que las casas son meros recipientes donde ir a dormir y cambiarse de ropa.

Afortunadamente hoy queda un día menos para “La Casita” 2012

4 comentarios:

María dijo...

¡Menuda fiestorra!
Vaya, que hay que ir incluyendo entre los viajes a realizar La Casita 2012.
Me encanta como lo has contado, parece que he presenciado cada uno de los actos.
Y el balance final ¿positivo, no? Incluido el orondo rey de África.

Besos guapura.

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Muy positivo. Agusto, aunque tampoco este año logré que contrataran a la mejor chirigota gaditana ¡¡con las ganas que tengo de verles actuar en nuestra magnífica Plaza Mayor!!

Besazos y buen finde wap@

Paco Rodríguez dijo...

Pues menos mal que no has estado en todo, yo creo que no te has perdido ni una....

salud

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Usté me perdone Paco. Pensé que ya había publicado este comentario.

Pues la verdad, no me he perdido ni una... de las que más me interesaban.

Besazos

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