domingo, 4 de abril de 2010

HAY MADRES Y MADRES ¿CÓMO ES LA TUYA?


Hacía mucho tiempo que no me daba por escribir una “crónica de”, pero hoy he vivido una situación tan surrealista que me ha hecho aprovechar el primer momento “libre” después del hecho, para compartirlo con vosotros tal como hice con “Manolo García en Valladolid”; “Comida navideña con mis ex compañeras de trabajo” o tantas otras que podréis leer en: HUMOR---  CRÍTICAS--- RELATOS CRÓNICAS  Dentro del apartado “ORDENADO POR TEMAS” a la derecha de este Blog.

La cosa fue como sigue:

Hallábame comprando un selecto perfume en una selecta perfumería de mi barrio cuando de pronto entra en tromba una mujer de mediana edad, greñuda y tamaño XXL tirando a elefante en una cacharrería preguntando a grandes voces dónde tenían los palos de fregona.

Era imposible no fijarse en ella porque no nació para pasar desapercibida.

Al ver su cabello enmarañado por un momento pensé que lo que tapaba su cuero cabelludo era el mocho complementario para el palo que buscaba.

Una vez elegido mi perfume, me dirigí a la caja para abonar su importe, y la clienta abundante, hizo lo propio, colocándose tras de mi en la cola.

De pronto entra en el establecimiento un joven con cara de haber dormido poco, bebido mucho y tener alergia al cloro del agua ingerida.

El lampiño de dirigió lentamente a su madre que no era otra que la aludida señora -discreta donde las hayga- que se acerca a su hijo para olisquearle cual perdiguera.

- ¿Has bebido? ¿Has bebido? ¿Qué has bebido? –le dice sin darle tiempo para contestar y con las mimas grandes voces que empleó desde que entró en la tienda preguntando por su palo de fregona.

El retoño con la mirada tan perdida como la dignidad, apenas acertó a responder:
- Si… si… he bebido…
- ¡Claro! Habréis bebido vino y de todo ¿no?

El chico lejos de gritar “no grites”, continuó sin encontrar la mirada y con sonrisa bobalicona respondió lenta y torpemente:
- Sí…si, de todo.
- ¿No habrá allí ningún coma etílico?
No era una pregunta muy al uso, pero viendo el careto del chico, tampoco estaba demasiado fuera de lugar.

Casi sin respirar continuó interrogando a su vástago sin inmutarse ni esperar respuesta.

- ¿No habréis matau a nadie? –espetó la XXl sin reparar en las estupefactas expresiones de los múltiples clientes, dependientes e incluso del género expuesto en las modernas estanterías.

¿Era esa una pregunta lógica? ¿Lo es formularla a gritos en lugar público? Se ve que para ella si, de otro modo no lo hubiera hecho, digo yo.

El chico con la misma “naturalidad” respondió a su progenitora con un torpe: “¡¡que no!!” como si ella acabara de preguntarle ¿tienes suelto?

Casi sin respiro comenzó una nueva ráfaga de preguntas incontestables.

- ¿Ha tenido que ir la guardia civil? ¡¡Habrás guardau el cuchillo eléctrico!! ¿Pero de verdad no hay allí comas etílicos? ¡¡¡Bueno lo habréis puesto todo de vomitonas!!! ¿Cuántos erais? ¡¡Seguro que cuarenta y la madre!!...

La mujer no dejaba de ametrallar con su irreal interrogatorio, pese a que ni una sola de sus palabras daba en la diana debido a lo inestable del cuerpo juvenil que tenía enfrente.

Entre atónita, estupefacta y presurosa; tras recoger el tiquet de mi compra, abandoné el local sin poder llevarme las manos a la cabeza porque las llevaba ocupadas con varias bolsas.

Entré rauda en la panadería casi contigua y aun sin llegarme la camisa al cuerpo -entre otras cosas porque llevaba un Niki- pedí una barra de pan. No me la habían servido aun cuando la mentada señora objeto de esta crónica, irrumpe en la calle y mirando de frente, sin parar de vociferar se dirige a otro joven tan desaliñado como el propio, que unos metros más allá esperaba de pie junto a un coche.

- ¡¡Ven p´acá!! ¡¡Tú, ven p´acá!! –decía moviendo de arriba abajo su brazo derecho.- Dime tú lo que ha pasau que a este no le creo.

Continué con mi compra de magdalenas y lacitos de hojaldre y en unos segundos, la preocupada madre entró en la panadería con las manos en las caderas cual Agustina de Aragón frente al cañón, y con las mismas grandes voces nos informó de lo que no preguntamos, ni falta que nos hizo.

- ¡¡Vaya ostión le ha dau al coche nuevo de su hermana!!

(Ahí me cuadró lo de la guardia civil y el ¿no habréis matau a nadie?, aunque no lo del cuchillo eléctrico).

- Pero sabiendo que el chico es así ¿cómo le deja su hermana el coche nuevo? –preguntó tímidamente la panadera.

- Si su hermana no sabe que lo ha cogido, ¡le he dejau yo las llaves! ¡¡¡En qué hora le dejé yo las llaves del chalé.

La grotesca madre se arrepentía de ¿Qué?

- Me ha dicho mi hermana que compre una fregona porque la que tengo allí estaba asquerosa y que vaya a limpiarlo; que ¡¡menuda, me espera con la que hay allí liada!!

Llegado a este punto salí a la calle con mi compra terminada y sin poder evitar una carcajada y un pensar… ¿A una madre la dicen que su hijo ha tenido un accidente y lo primero que hace es irse a comprar una fregona?

En mi vida he presenciado una situación más surrealista. ¡¡Cuánto daría por ver a través de un agujerito a la hermana cuando se entere de la arruga que luce en el coche gracias a su descerebrados hermano y madre!!… aunque prometo que ni por un momento querría ver ni en foto el chalé de la estrafalaria familia –caso de que el tal chalé exista.

Quiero que sepáis que la historia que acabáis de leer (los que hayáis tenido la paciencia de hacerlo), es un relato tan cierto como que he olvidado la cara de la peculiar madre que sin mover un pelo del bigote no dudó en preguntar a su hijo con absoluta normalidad ¿No habréis matado a nadie?

3 comentarios:

__MARÍA__ dijo...

Hay madres así, e incluso peores, que ya es decir.
De mi madre no te cuento nada ahora, porque me lo ha prohibido mi terapeuta mental.

Besos

Castrodorrey dijo...

Querida Marisa, es para tirarse de los pelos, desde luego. Conque... ¿no hay por allí ningún coma etílico?... ¡madre del amor hermoso, lo que hace la tele en algunas gentes!!! Porque leer, leer, no creo que esas gentes lean mucho. De moodo que no es del periódico, de lo que se han "enterao" que existe "el tal" coma etílico.
Un saludo

Marisa Pérez Muñoz dijo...

castro ¡¡cuanto tiempo!!

Maria que alegria me dio conocerte. estoy en in ciber hablamos a la vuelta.

besazos para ti y Manuel...mañana Yuyuuuuuuuuuuuuuuu

Marisa

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