martes, 10 de febrero de 2009

¡¡SI SANTA AGUEDA LEVANTARA LA CABEZA...!!

Fotografía obtenida el 5 de febrero de 2003
(Crítica no exenta de acidez y fina ironía, salpicada de humor y verdades como puños)

Pues sí, si Santa Águeda levantara la cabeza, además de darse un susto -y un golpe en la frente con la tapa de la caja- atizaría una buena reprimenda a muchas de las mujeres que celebran actualmente su fiesta en la forma que lo hacen.

Santa Águeda, Virgen y mártir, patrona de las mujeres y a cuya cofradía sólo podían pertenecer las casadas. ¿Contradicción? En todo caso, ya se le está poniendo remedio; en muchos lugares ya permiten ser cofrades a las solteras.

Si verdaderamente merece la pena luchar y trabajar, es por las recompensas que recibimos, una de ellas y no menos importante que las demás alegrías de la vida, es la que nos llega en forma de fiestas, de risas, de buenos ratos con la familia y naturalmente con los amigos. Eso es lo que yo opino y en esto como en todo, lo hago con conocimiento y por qué no; porque me da la gana escribir sobre esto ¡faltaría más!

Es evidente que celebrar “Las Águedas” con el carácter reivindicativo que tenían antiguamente, ya no sería razonable, porque antes, las mujeres casadas, sobre todo las que habitaban en ciudades pequeñas o mucho peor, en pueblos, vivían sometidas a la rigidez del marido (no diré tiranía, aunque en muchos casos lo fuera) y sólo tenían al año el 5 de febrero para tomar “la vara de mando” en sus casas y “hacer lo que quisieran” porque ese día, “mandaban ellas”. Ilusas/os.

Afortunadamente en la actualidad, la mayoría de los maridos tienen la mente mucho más abierta que sus congéneres antepasados y las mujeres no tienen que esperar a que sea Santa Águeda para divertirse reuniéndose con sus amigas o celebrar incluso “comidas de empresa” por navidad, aunque no trabajen fuera del hogar.

Las Águedas se pueden celebrar de muchas formas. Reunirse en masa y hasta sacar un poco los pies del tiesto no es tan criticable, pero perder la dignidad es demasiado. Mucho peor escudándose en una cofradía religiosa.
Si ahora la mujer se reúne con sus amigas cuando quiere (o cuando su tiempo libre y deseo lo permiten), lo de lanzarse en bandadas a la calle alborotando como locas, está llegando a convertir las Águedas en un esperpento donde muchas se pierden el respeto a sí mismas, ridiculizando su condición de mujer

Terminar la “aguedada” en un espectáculo de “boys”, parece que se está convirtiendo en algo demasiado “tradicional”. Es como si cada vez que sus maridos se reúnen con los amigos, terminaran la fiesta borrachos como cubas y perdiendo mucho más que los papeles en una barra americana.
Muchas aprovechan también para airear el pellejeo de los abrigos, y de alguna que otra ropa, a ser posible novedosa a la vista de sus amigas, o para adornarse como un árbol navideño con todo el joyerío que les cabe en los dedos, las muñecas y el pescuezo.
Otras –sobre todo en los pueblos- festejan vestidas con el hermosísimo traje regional castellano; algunos de valor incalculable por antigüedad y elaboración artesana, y en otros casos meros disfraces de carnaval. En esto como en todo, también hay categoría no tanto del traje como de quien lo viste.
También hay otras mujeres que por no engalanarse con el pesado traje castellano, simplemente arrastran por el suelo de su pueblo los flecos de un mantón de Manila que no saben portar. Mantón en ocasiones heredado; fruto de algún regalo o comprado en Canarias que “sale mu bien de precio, y total pa un día…”

Que a una mujer le denominen “Maruja” es signo de menosprecio y por eso no me gusta en absoluto emplear tal término, pero en muchas ocasiones, celebrar las Águedas, le pese a quien le pese, es más “marujeo” que otra cosa.
Hago hincapié y repito que esto ocurre “en ocasiones”, porque meter a todas las mujeres “Aguedonas” en el mismo saco, no me parecería justo.
Durante unos pocos años, -allá por el lejano 2003- he pertenecido a la cofradía de Santa Águeda en Alaejos, aunque mi leve incursión en ella no pasó de asistir un par de veces a las vísperas, comida y posterior baile. La “escusa” por la que me apunté dejó de existir y me borré.
De aquellos pocos años recuerdo que la primera reunión comenzaba alrededor de las cinco de la tarde en la iglesia para celebrar “las vísperas” y luego las cofrades con los estandartes, seguidos de la música y el alegre bailoteo de quienes tienen cuerpo o deseo de ello, recorrían algunas calles del pueblo hasta llegar a la casa de quien sería la mayordoma durante las fiestas en honor de la patrona.
La anfitriona recibe la vara y el pendón de alcaldesa y al resto de cofrades, con música y una hoguera a la puerta de su vivienda, mientras obsequia con pastas, limonada y en muchos casos algo más que un simple “picoteo”, que en esto también hizo su aparición la “competencia” y por temor al critiqueo, o por no ser menos que sus predecesoras, no escatiman en gastos para el convite aunque tengan que dejar medio sueldo en toda clase de bebidas y bocaditos, sin tener en cuenta que van a ser criticadas igualmente: Si se quedan cortas, las tildarán de roñosas y si sobrepasan el gasto pretendiendo “destacar por rumbosas”, se les tachará de exagerada y de querer “ser más que nadie”. Por tanto, que cada una haga lo que mejor le convenga a su economía familiar, porque en cualquier caso va a ser juzgada con idéntica dureza.
Si alguien no está de acuerdo, ruego que me argumente lo contrario. Me gusta saber el punto de vista de quienes me leen.
Tras ese primer “picoteo” muchas de las asistentes desaparecerán camino de sus casas a preparar la cena al marido; si es que no tuvo la precaución de dejarle algo preparado. (En esto ha cambiado poco la tradición).
Finalmente el grueso de la reunión, se traslada a otro lugar, aunque sin música ni pendones (estandartes), para seguir junto a todas las demás cofrades, comiloneando en otro refresco-merienda, costeada en este caso con parte de las cuotas que pagan las Aguedonas –como debe de ser-.
Tras en empance, se desperdigan ya en grupos más reducidos, hasta ocupar alguno de los bares del pueblo para tomar café copa y lo que cada una tenga por costumbre.
Las que fueron a poner la cena, suelen ser las primeras en desaparecer y para no abusar de la benevolencia del marido, regresar a sus casas a continuar la fiesta bostezando aburridas a su lado, porque –aunque no la tenga en cuenta- se siente tranquilo de verla de regreso… por si algo se le pueda ofrecer al hombre.
Al día siguiente, para celebrar “como dios manda” la fiesta comienza con la misa y posterior procesión, donde se pasea por las calles del pueblo a Santa Águeda, bailando en su honor a ritmo de jota y pasodoble.
Tras la procesión… a poner la comida al marido unas, y otras a tomar vermú para hacer tiempo hasta la hora de comer en un restaurante pactado, donde a los postres, llega la orquesta para tocar algunas piezas, para goce disfrute y desfogue de las muchas bailonas –bien por ellas- que hay en mi querido pueblo.
Al término del susodicho baile, una visitita a casa para cambiarse de ropa, y darse una refrescadita mientras se le sirve de nuevo la cena al marido.
Después para continuar la fiesta, se celebra un baile que las cofrades se regalan a sí mismas y a su vez invitan a quienes no lo son, para que acudan al salón social a bailar hasta que el tiempo aguante; que en muchos casos, no es tanto y alguna llega a casa a gatas… Nada que no se pueda “confesar”. Aquí Santa Águeda pondría buena nota a la mayoría de sus cofrades… o cofradas, que diría la ministra de igualdad.

Afortunadamente en Alaejos, y seguramente en otros muchos sitios, -pero sólo hablo de lo que conozco- la esencia de esta tradición no se ha desvirtuado tanto como en esta bonita ciudad donde veo el sol cada mañana que no hay niebla –que dicho sea de paso, la tradición de Águedas no es tan ancestral- o en otras tantas ciudades cuyas calles son invadidas por mujeres en grupo, alborotadas, gritando desmesuradamente como niñas, cuando la mayoría tiñen canas y maquillan arrugas, sobre todo en el sentido común.

Señoras; en Águedas, no vale todo, mucho menos perder la dignidad como mujer. No despierta admiración vuestra algarabía, tan sólo lástima y reproche de muchas mujeres, por vuestra apología del marujismo más descerebrado e inculto.

También en esto, como en todo, que no se den por aludidas quienes no actúan de la forma bochornosa que he mencionado, a ellas no va dirigida esta crítica, pero sí, por ellas escribí con respeto esta crónica.

Desde hace unos pocos años, las cofrades de Alaejos celebran reuniones de hermanamiento entre pueblos el día de la víspera.
Cada año un pueblo ejerce de anfitrión y las Aguedonas del lugar, se afanan en agasajar a sus visitantes con un refresco con pinchoteo y bailes típicos de la región.
Es una buena forma de festejar a la patrona de las mujeres y de aunar o al menos de conocer las diferentes formas de celebrarlo en los distintos pueblos de la comarca.
Dudo que esta fiesta sea solamente una manifestación religiosa, mucho menos reivindicativa sobre los derechos de la mujer, la verdad no lo creo, aunque de ello habría tanto que hablar, que será en otro momento.
Con todo mi cariño para quienes no se darán por aludidas al leer esta crítica que huele a fogones, porque la he escrito mientras preparaba la comida. (Sabido es que las mujeres podemos hacer más de una cosa al mismo tiempo y a fe que soy excelente ejemplo de ello).
¡Ah!, por si alguien lo pensó al leer las primeras líneas de esta crítica y aun así continuó leyendo (gracias); me parece mucho más irreverente cómo se celebra su fiesta en determinados casos, que el simpático apunte del susto de la Santa si levantara la cabeza.

2 comentarios:

mari dijo...

Marisa:yo pienso que Sta Agueda ha cambiado bastante. Aunque parezca una fiesta fribola, yo pienso que lo importante es que las mujeres nos reunamos,disfrutemos, bailemos etc. Lo de menos es si critican o no , a mi al menos no me importa aunque no me gusta hacer el ridículo. Yo soy feliz ese dia

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Hola Mari... Herrera??

Si te das cuenta esta crítica de 2009 está escrita con "fino humor no exento de acidez".
Es evidente que no pretendo criticar a quien critica porque me estaría criticando a mi misma... Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra (mira, sin ir a misa, aún recuerdo frases sacadas de iglesia).
Me alegra que seas feliz ese día rodeada de la gente que te agrada rodearte. Hace mucho que dejé de pertenecer a dicha cofradía, pero no reniego del tiempo en el que pertenecí... disfruté y critiqué como la que más, y la prueba es esta crítica que acabas de leer.
El título venía a cuento de lo liberadas que afortunadamente estamos ahora las mujeres y no en tiempos en que esta Santa vivió (siempre que la Santa y sus vivencias no sean otra pura invención)

Un abrazo Mari

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