lunes, 25 de agosto de 2008

NOTICIA: INFORMACIÓN O MORBO

Cuando no hay más información que dar sobre un suceso, la noticia se convierte en morbo.

El pasado miércoles 20 del corriente mes de agosto, tras enterarnos del terrible accidente sufrido por un avión con más de ciento setenta personas a bordo, todos estuvimos pendientes de la información para saber el alcance de la tragedia; rezando –quien lo haga- porque no nos hubiera tocado de cerca la pérdida de algún amigo o familiar por lejano que fuera.

Saber la evolución de los heridos y el conteo de fallecidos es información que agradecemos, porque una noticia así, nos impactó a todos. Ver imágenes en directo del lugar del suceso es algo frecuente desde hace muchos años y sentarse a mirar la tele casi sin aliento pensando en las victimas también.

Al lugar del suceso acuden con prontitud los servicios de emergencia para prestar su ayuda y se ven invadidos y en muchos casos entorpecidos por los periodistas que ávidos por ser los primeros en dar la noticia llegan en masa.

Los periódicos intentan que las portadas de sus diarios lleven impresa una foto; cuanto más escalofriante mejor, con titulares impactantes y redacción repetitiva con tal de llenar hojas con un sensacionalismo que roza el absurdo.

Los medios audiovisuales se apresuran en retransmitir las imágenes; estrujan lo ocurrido para llenar horas de televisión, emiten programas especiales que muestran una y mil veces las únicas grabaciones que consiguieron de la confusión de los primeros momentos y para no repetir esas primeras imágenes, lanzan a la calle en tropel a los enviados especiales.
No importa si son los menos experimentados o con menor tacto y sensibilidad para hacer preguntas; ellos persiguen a las familias de los accidentados en busca de la historia que cada uno dejó atrás, o los proyectos truncados de los que corrieron con la peor suerte: a esto le llamo morbo y a la forma de abordar a una persona desolada por lo que le está tocando vivir y que en esos momentos de confusión lo único que quiere es que le den noticias de los suyos y que les dejen tranquilos; a esto casi me atrevo a denominarlo “aberración”.

La guerra por la audiencia; por ser el que más hondo meta el dedo en la llaga no tiene límites.
Preguntas absurdas, sin el menor atisbo de tacto con respuestas que el mismo entrevistador se responde a si mismo, porque es demasiado evidente la contestación.
Después esos mismos medios de comunicación invaden los cementerios para no dejar a los dolientes realizar tranquilos un acto tan íntimo como es enterrar a sus muertos.
Da igual, parece que lo único importante es vender el dolor ajeno.

Naturalmente si sé todo esto, no es porque me lo hayan contado, si no porque yo también he sucumbido a quedarme frente al televisor “informándome” de lo ocurrido y luego seré una más que comente que el amigo de mi cuñada que tiene un tío, que conoce a un primo, vecino de uno que no cogió el avión porque…
El que esté libre de culpa tire la primera piedra, pero lo que sobra; está de más.

Descansen en paz las víctimas que emprendieron viaje sin imaginar que sería el último; pronta y total recuperación a los supervivientes y descanso y resignación para los que lloran con las manos y el corazón vacíos.

1 comentario:

Inma dijo...

¡que razon tienes!. El problema es que ahora los medios de comunicacion estan mas pendientes de los indices de audiencia que de los sentimientos de las personas.

BIENVENIDOS...

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