viernes, 29 de agosto de 2008

BEBEN Y BEBEN… Y VUELVEN A BEBER

No se bien como empezar a exponer aquesta queja,
sabiendo que nunca está, bien visto a quien aconseja.

Aunque no es mi pretensión, ponerle al tema tensión,
ni ser sabia ni sabihonda, ni ya estoy fuera de onda,
pero es buena esta ocasión, de intentar poner cordura,
porque me han dicho que al cura, le molestan los guateques;
la peña de adolescentes que no dejan de hacer ruido;
las gentes están molestas, nadie puede estar tranquilo
y aun no han llegado las fiestas.

Todos los años lo mismo; aunque cada vez peor,
los niños empiezan antes a jugar con el alcohol.
Son un montón de criaturas que están molestando al cura
que lo tienen de vecino, y el cura con mucho tino
pretende cerrar la peña
Pero hay muchas don José, que cerrar si cierran esa,
y aunque la razón le de, no porque sea usté el cura
es más grave el desatino, pues son muchos los vecinos
insomnes por estas fechas.

Porque el problema es más grave,
no es sólo el ruido o los gritos, ellos se creen muy listos;
si no hay nadie que lo frene, la vida será un desmadre:
es complicado ser padre, no es fácil, ni hay quien enseñe,
como educar a los hijos cuando son adolescentes.

No son tan malas las peñas, vigilando con cien ojos,
que tu hijo no beba de mas y en el pueblo no cause destrozos,
que el mas grave se lo va a causar
a si mismo, cumpliendo su antojo,
sin pensar que bebiendo tan pronto,
de borracho lo van a tratar y enseguida serán un despojo.

Me pregunto quien tendrá,
la culpa del desatino; pues echársela al vecino
en este caso no cuela, no es la culpa de la abuela
quizás tampoco del niño, que harto de amor y cariño
confunde sus aficiones con cumplir todos caprichos,
sin querer obligaciones.
En cuanto se ven crecidos, ya piensan que son mayores
y como están convencidos, piden los mismos honores,
aunque luego no valoren todo lo que han conseguido.

Apenas sueltan los niños el chupete y los pañales,
se ponen como animales con sus jóvenes hormonas;
las niñas se visten monas y los niños sin bigote,
se agarran a las litronas y se vuelven carajotes.

Por su forma de actuar,
aun no tienen la certeza que les falta la cabeza;
pues son críos todavía y se pasan todo el día
rascando el bolso a los padres que caprichos no les niegan,
y no miran cuando llegan a casa algo “tambaleados”.
Los padres acojonados disculpan la borrachera
y les dan una aspirina
en vez de una pellizquina y un castigo bien “copado”.
Les cubren con arrumacos y si alguien les previene;
a capa y espada al nene defiende el padre enfadado
y niega la borrachera en lugar de castigarlo.

La primera vez quizás, les pille desprevenidos,
aunque habría que evitar
que a casa puedan llegar una vez más “recocidos”.
No es mal padre el que educando,
lleva a sus hijos consigo hasta que hayan madurado;
nunca ser tan permisivos, dejando suelta la cuerda;
dejando hacer al muchacho lo que a la gana le venga;
lo que le sabe del nabo, como dicen en su “jerga”.

¡Yo es que no puedo con él! ¡Con ella yo es que me abrumo!
Dicen los padres de hoy día, sin mirar que como el humo,
se esfuma su autoridad.
Demasiada libertad no es buena a edad tan temprana,
ni este escrito es con “inquina”, ni busco que me hagan caso,
y si esta vida es de paso, mejor que sea divertida,
pero diversión sin trampas, como lo hacíamos antes,
con cerebro y alegría; sin aditivos ni “colorantes”.

No saben limpiar sus mocos
y se ponen como locos de cerveza y mil brebajes,
llegan a casa salvajes y el padre mira a otro lado,
que ha llegado muy cansado y sin tiempo de escuchar,
que su niño ya quiere “alternar”
y ahora juega al escondite a las bolas o a pillar,
aunque sea una cogorza, de lo mas descomunal.

Mami me voy a la peña; no bonita, estudia un rato.
Mamá, ¡me voy a la peña!; vale hijito acepto el trato
con tal de que estés contento, aunque suspendas otro año,
aquí estarán mis riñones, un año más trabajando
para que tu no te esfuerces, seré yo quien pague el pato.

No quejarse los padres después, de que el niño le salió rebelde,
porque un niño no sabe qué hacer,
es el padre quien debe poner, el remedio; pero no se atreve,
y el castigo es liviano en extremo, cuando nota que su niño bebe
¡en exceso!; que no una copita y le pasa por alto el agravio
sin castigo o una regañina.

No amenaces con un escarmiento, que amenaza no causa remedio,
haz que cumpla completo el castigo,
aunque al niño tengas que llevar, todo el día pegado contigo,
hasta que haya cambiado el chaval, o comprendas que ya está maduro.
Si demuestra que es responsable, en castigo levanta la mano.
Que no olviden que aun son muy niños; que regresen a casa temprano,
pues sus padres velan su futuro, con mil ojos lo están vigilando.

lunes, 25 de agosto de 2008

NOTICIA: INFORMACIÓN O MORBO

Cuando no hay más información que dar sobre un suceso, la noticia se convierte en morbo.

El pasado miércoles 20 del corriente mes de agosto, tras enterarnos del terrible accidente sufrido por un avión con más de ciento setenta personas a bordo, todos estuvimos pendientes de la información para saber el alcance de la tragedia; rezando –quien lo haga- porque no nos hubiera tocado de cerca la pérdida de algún amigo o familiar por lejano que fuera.

Saber la evolución de los heridos y el conteo de fallecidos es información que agradecemos, porque una noticia así, nos impactó a todos. Ver imágenes en directo del lugar del suceso es algo frecuente desde hace muchos años y sentarse a mirar la tele casi sin aliento pensando en las victimas también.

Al lugar del suceso acuden con prontitud los servicios de emergencia para prestar su ayuda y se ven invadidos y en muchos casos entorpecidos por los periodistas que ávidos por ser los primeros en dar la noticia llegan en masa.

Los periódicos intentan que las portadas de sus diarios lleven impresa una foto; cuanto más escalofriante mejor, con titulares impactantes y redacción repetitiva con tal de llenar hojas con un sensacionalismo que roza el absurdo.

Los medios audiovisuales se apresuran en retransmitir las imágenes; estrujan lo ocurrido para llenar horas de televisión, emiten programas especiales que muestran una y mil veces las únicas grabaciones que consiguieron de la confusión de los primeros momentos y para no repetir esas primeras imágenes, lanzan a la calle en tropel a los enviados especiales.
No importa si son los menos experimentados o con menor tacto y sensibilidad para hacer preguntas; ellos persiguen a las familias de los accidentados en busca de la historia que cada uno dejó atrás, o los proyectos truncados de los que corrieron con la peor suerte: a esto le llamo morbo y a la forma de abordar a una persona desolada por lo que le está tocando vivir y que en esos momentos de confusión lo único que quiere es que le den noticias de los suyos y que les dejen tranquilos; a esto casi me atrevo a denominarlo “aberración”.

La guerra por la audiencia; por ser el que más hondo meta el dedo en la llaga no tiene límites.
Preguntas absurdas, sin el menor atisbo de tacto con respuestas que el mismo entrevistador se responde a si mismo, porque es demasiado evidente la contestación.
Después esos mismos medios de comunicación invaden los cementerios para no dejar a los dolientes realizar tranquilos un acto tan íntimo como es enterrar a sus muertos.
Da igual, parece que lo único importante es vender el dolor ajeno.

Naturalmente si sé todo esto, no es porque me lo hayan contado, si no porque yo también he sucumbido a quedarme frente al televisor “informándome” de lo ocurrido y luego seré una más que comente que el amigo de mi cuñada que tiene un tío, que conoce a un primo, vecino de uno que no cogió el avión porque…
El que esté libre de culpa tire la primera piedra, pero lo que sobra; está de más.

Descansen en paz las víctimas que emprendieron viaje sin imaginar que sería el último; pronta y total recuperación a los supervivientes y descanso y resignación para los que lloran con las manos y el corazón vacíos.

jueves, 21 de agosto de 2008

MUTUAS DE ACCIDENTES Y SUS DOCTORES-19-8-2008

Quizás no todos los médicos de las mutuas de accidentes, presuntamente, antepongan su obligación de enriquecer a la compañía que les paga el sueldo a costa de la salud de las personas desafortunadas que sufren algún tipo de accidente y deben acudir a su consulta para ser evaluados. Quizás no todos, pero estoy segura que la mayoría de estos médicos merecerían sentir en propia piel que les traten con la misma indiferencia o incluso con el mismo desprecio con que ellos actúan ante un enfermo.

Cierto que quizás es muy cansado tratar a diario con excesivas personas que se quejan en demasía con tal de cobrar indemnizaciones mucho más elevadas de lo que por la lesión les corresponde, pero para diferenciar a los que mienten de los verdaderamente dolientes, está la inteligencia que adquirieron estudiando la carrera de medicina, y por la que se supone cobran un elevado sueldo.

Un enfermo; un lesionado, además de sus dolores y la contrariedad que supone no poder hacer su vida habitual al sufrir un percance por leve que sea; tienen al mismo tiempo que enfrentarse a un doctor que no serviría ni para veterinario, porque los animales también merecen ser tratados con cariño cuando enferman.

Ayer visité con mi hija la consulta del “médico de la mutua”. La muchacha llevaba puesto un collarín prescrito por un médico de urgencia al que acudió tras sufrir un golpe al volante de su coche que le provocó “contractura y latigazo cervical”; lesiones suficientemente importantes como para dejar secuelas si no se tratan y reposan adecuadamente.

Su doctor de cabecera corroboró que dicha lesión necesita una semana de collarín y reposo relativo; incompatible con su puesto de trabajo.
Pues bien, este señor de bata blanca y sueldo presuntamente elevado con nómina en la mutua “Fremap”, recibió a mi hija en su consulta, miró las radiografías que mostraban claramente las lesiones aludidas, valoró sin duelo el cuello y brazos de la paciente y fríamente la informó de su “perfecto” estado para trabajar y le ordenó quitarse el collarín porque –según él- no le servía para nada.

Este señor, lo que hizo fue arrimar su ascua a la sardina de la empresa que lo tiene contratado.
En ningún momento pensó en la salud de la paciente ni en las posibles secuelas que pudieran derivar del tratamiento erróneo.
No valoró que es preferible dos días de baja laboral para curarse que toda una vida con problemas cada vez peores y que a la larga tienen mayor “coste” de salud y por supuesto económico, para la compañía o la seguridad social.

Es fácil que paguen justos por pecadores, pero repito que para eso está la inteligencia del doctor; para darse cuenta si quien tiene delante finge o realmente tiene una lesión de al menos una semana –como opinaba el medico que valoró a mi hija en urgencias.

Estoy segura que si la paciente hubiera sido hija de aquel “doctor”, o si él mismo sufriera idéntico percance, habría actuado de forma bien distinta.

Podría entender que las lesiones que reflejaban las radiografías, y las molestias que sufría mi hija al entrar en la consulta, hubieran desaparecido milagrosamente al ser tocadas por las manos de aquella eminencia –si lo fuera- pero lo que no se puede tolerar en un médico -por muy cansado que se encontrara-, es la actitud de indiferencia y antipatía con que trató a un ser humano lesionado.
Si no sirve para ejercer su trabajo, que deje el puesto a otra persona más competente y si él después de estudiar, presuntamente, una carrera de medicina; no tuviera vocación de médico, que pida el traslado a una cantera y destripe terrones, que esos no necesitan trato amable.

lunes, 18 de agosto de 2008

LOS MISMOS EN ALAEJOS


No me refiero al otrora famoso trío vallisoletano que viajó a Mallorca volando en los años sesenta y aterrizarán en Alaejos pasada su propia sesentena el próximo “día la víspera” (7 de septiembre para los no alaejanos, descendientes o simpatizantes); para deleitarnos con sus canas, carnes blandas, repertorio añejo y voces más cascadas que nueces en Nochebuena.

Mi pueblo tiene unos mil seiscientos habitantes, por eso no es extraño ver siempre las mismas caras.
Es natural que los mismos colaboren, los mismos concursen, los mismos deliberen como jurado y los mismos ganen los concursos, para que los otros mismos; que ellos también son los mismos mismos, siempre le pongan pegas a todo.

Los hijos y nietos de los primeros mismos, desde pequeños colaboran, trabajan, se involucran en cada fiesta, ya sean carnavales, desfiles de peñas, concurso de limonada o lo que toque.

Hace años no había premios; ninguna recompensa a sus esfuerzos por ser los mejor ataviados en el desfile de peñas o en carnaval y aun así su animo y el orgullo de haber hecho algo gratuitamente por su pueblo era su recompensa. Pues desde que si hay premio al mejor o al que más anima, justo es que se esfuercen más y justo que si son los mejores, lo ganen, aunque despierten las envidias de los otros mismos.

Esos otros mismos; los que sólo critican como malo el buen hacer de los otros, ahora concursan y pretenden ganar sin esforzarse o es que por la falta de costumbre o de buenas ideas, su esfuerzo es nulo y por eso no ganan o alcanzan sólo premios inferiores. Entonces es cuando se enfadan, gritan “tongo” hasta desgañitarse y protestan porque siempre son los mismos los que ganan… Hay que saber perder y si no queréis que ganen los mismos, ser vosotros mismos los que trabajen hombro con hombro para ganar; aunque sólo sea el derecho a protestar.

miércoles, 13 de agosto de 2008

CÓMO BAILAN LOS CABALLOS ANDALUCES


Espectáculo del arte ecuestre que tuvo lugar en la plaza de toros de Valladolid el pasado 24 de Julio del presente 2008

Fotografía obtenida en: www.nortecastilla.es


Si el caballo es un animal hermoso al que sólo le falta hablar para ser “humano”; los caballos andaluces lo son aun mucho más.

Como apunté en el título, el día 24 de Julio, disfruté –por cuarta vez en mi vida- del espectáculo “Cómo bailan los caballos andaluces”.
Eran las diez de la noche cuando comenzó la alocución que casi conozco de memoria. Escuchar la misma voz, me transportó por un instante a la Real escuela de arte ecuestre de Jerez de la Frontera; donde pude ver los preciosos ejemplares las otras tres veces.

Desde la primera vez que lo vi, me cautivó la belleza de un espectáculo donde caballo, jinete y música se funden en mágica armonía.
Los caballos danzan con tanta suavidad que parece que los cascos no llegaran a rozar la arena.

La música de Manolo Carrasco y Luis Cobos son el complemento perfecto para la danza equina.

Durante más de una hora era imposible quitar la mirada de lo que ocurría en la arena del coso vallisoletano.

Una vez finalizadas las coreografías de las distintas modalidades, los diez caballos que acababan de actuar en ultimo lugar, salieron del rectángulo que delimitaba su espacio en el redondel de la magnífica plaza de toros vallisoletana, para dar una vuelta al ruedo al hilo de las tablas recibiendo el caluroso aplauso del publico asistente, que puesto en pie aplaudía con fuerza, mucho más cuando comenzó a escucharse la grabación del pasodoble con sonido a jota castellana interpretado por “Candeal”.
Entonces los caballos de nuevo fueron entrando en el rectángulo central del coso e interpretaron su hermosa danza al son de las palmas que acompasaban el pasodoble “Barrios de Valladolid”, fundiendo su danza de corcel andaluz con la música castellana hasta desaparecer por la puerta del patio de caballos.

Una vez más la magia del espectáculo llenó mi espíritu de dulces sensaciones que espero volver a sentir en una próxima ocasión.

viernes, 8 de agosto de 2008

HOMENAJE A LOS REPRESALIADOS EN ALAEJOS DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


SILENCIOS ROTOS.
Con este título se publicó un dossier con algunas de las historias de incomprensible barbarie acaecidas en Alaejos al comienzo de la guerra civil.
Podréis leerlo completo en: http://www.alaejos.net/colaboraciones/silencios.pdf

El pasado sábado 2 de Agosto, se han celebrado en Alaejos actos de homenaje y recuerdo a algunos de los caídos durante esa cruenta guerra española.

Ha sido arduo el trabajo realizado hasta encontrar los restos de algunas de las personas que fueron represaliadas durante aquellos infaustos días de irraciocinio y locura.

El amor por un ser querido no muere con él y si además es arrebatado por la fuerza, deja una huella imborrable; con el dolor añadido de haberlo perdido injustamente y en este caso; además no saber siquiera donde dejaron su cuerpo tras asesinarlo.

Con el tiempo quizás se apacigua el rencor hacia quienes cometieron las atrocidades que tuvieron lugar, pero jamás el olvido a los seres queridos y el deseo de justicia y honra a su memoria o el honor de enterrarlos dignamente.

Para todos los que murieron durante la guerra española, y para sus familias, son estas líneas de sentido homenaje, pero quiero destacar de entre ellos a una persona que conocí y me mostró especialmente su afecto –aunque nada tenga que ver con este caso-.

Estoy segura que para María Losada “la Tocinera”, este hubiera sido un día muy importante, pero sus maltrechas neuronas casi centenarias, la mantienen en la nebulosa del olvido.
María luchó durante toda su vida por buscar la justicia y la tumba de sus hermanos caídos injustamente a manos de sus iguales durante la cruel guerra civil.
Ellos; como tantos otros, apenas tuvieron tiempo de luchar, pero si de defender con honor y sin armas sus ideas.
El único crimen que cometieron, fue el de que esas ideas no fueran las mismas que las de sus verdugos.

Los hermanos de María, eran personas cultas, con carrera; cosa no demasiado habitual en la época y que llegaron a ocupar cargos importantes en el pueblo y fuera de él. Quizás por eso fueron blanco fácil de las iras, envidias, y las armas de sus enemigos.
Otros, para morir no necesitaron ocupar cargo alguno; eran simplemente jóvenes, viejos o padres humildes de familia, cuyo delito fue convivir entre congéneres; quizás hasta entonces amigos o familiares, que sedientos de venganza, cobardemente manchaban sus manos con la sangre inocente de sus victimas.

Desde niña recuerdo a María junto a su madre; ambas de luto riguroso; sentadas junto a la ventana, tristes, contemplando pasar la vida de los demás. Nunca se casó, nunca tuvo vida propia. De alguna manera, ella también fue asesinada en el momento en que lo fueron sus seres queridos.

María no sólo perdió a sus tres hermanos durante la guerra. También perdió a su novio y tuvo que ver seis largos años a su padre entre rejas, tan injustamente como lo estuvieron miles de españoles.

Al igual que la de María; otras muchas familias sufrieron en sus carnes la atrocidad de perder algún ser querido en parecidas circunstancias y no tuvieron siquiera el consuelo de poder enterrar sus cuerpos y honrar su memoria.
No tuvieron un lugar donde llorar o depositar flores, porque por décadas estuvieron (y algunos lo estarán para siempre) ocultos en la maleza de una cuneta o enterrados en cualquier pinar sin una señal que delatara que allí había restos humanos con tiros en la nuca, asesinados o masacrados. Murieron como mártires, aunque nunca estuvieron, ni estarán en los altares.
Dejaron sus familias rotas por una barbarie que nunca debió suceder y jamás debería volver a repetirse.
Al dolor de la perdida de padres, hermanos o hijos, se unía el drama de tener que salir adelante sufriendo muchas calamidades y sacrificios, viéndose obligados a tragar su amor por los que murieron y su orgullo de saber que murieron como héroes y mancillaban su memoria. Teniendo que vivir al lado o incluso servir humillados a quien apretó el gatillo.

Los restos de algunas de aquellas personas asesinadas, han sido recuperados y sus familias al fin tendrán una tumba que recuerde su nombre y su injusta y prematura muerte.
No es afán de venganza como quieren pensar algunos, si no de justicia y honor a los muertos y sus familias. El mismo honor que recibieron los caídos del bando vencedor.
Todos ellos perdieron la vida por España y es justo que sean honrados en igual medida. Los muertos de guerra ni ganan ni pierden batallas, pierden la vida y merecen idéntico reconocimiento.

Si Dios no hace distinciones entre sus hijos, ¿porqué los muertos vencedores merecieron más honor que los vencidos? Me refiero sobretodo a los que murieron por sus ideas sin haber empuñado jamás un arma ni aun en defensa propia o los que murieron en el campo de batalla y que obligados por las circunstancias no tuvieron mas remedio que empuñarla para defender su vida.

Descansen en paz todos los caídos durante la guerra civil y los que esperaron en vano la justicia.
Mi más sentido pésame a los que hoy por fin han podido enterrar los restos de aquel familiar por el que tanto penaron y mi abrazo cariñoso para los que la enfermedad o la propia muerte, no les permite la alegría de ver cumplido su deseo de enterrar dignamente a sus caídos.

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