sábado, 7 de junio de 2008

ADIOS AL PAPA JUAN PABLO II

( Original de Abril-2005 )

Parece que las horas –o los días - de estancia terrenal del Sumo Pontífice están contados. (Quizás cuando leas esto ya pasó).
Ahora comenzará el alubión de imágenes de su vida y obra que lejos de engrandecer su figura, contribuirán a que nos aburramos de ella.

Patética ha sido la última imagen del hombre asomado a la ventana de la plaza de San Pedro como un muñeco roto impartiendo mecánicamente la bendición a cuantos miraban con ojos llorosos… para salir en la foto y ser tan “postreros” como el mismo Papa.

No entiendo a esas personas que pasan horas e incluso días como buitres esperando a que alguien se asome y les comunique el penoso final para acuñarlo como anécdota por el resto de sus días.
¿Alguno de ellos hizo lo mismo cuando tenía algún familiar en el mismo estado?. ¡¡Vete a saber!! Quizás estaban tan ocupados en cualquier otra cosa que incluso llegaron tarde al funeral del finado. ¡¡¡Claro, como ahí no habría prensa!!! ¡¡¡Como no era famoso!!!


Está bien rezar –si se cree en ello- por el alma de un pecador, pero por el alma del que se supone es bondadoso y clemente, no haría falta. Ya tiene el cielo ganado.

Parece ser que al acabar esta vida comenzaremos la vida eterna y si hemos llevado un camino recto, sin cometer pecados –o arrepintiéndonos en el último momento de haberlos cometido- nos pondrán “a la diestra de Dios Padre”.
Siendo así todos deberían estar felices porque Juan Pablo II vaya a abandonar este mundo de miseria, austeridad y sacrificios para sentarse en el mejor lugar al lado del Dios al que ama y venera, que estará esperándole con los brazos abiertos para darle las gracias por tantas almas como ha conseguido evangelizar en los cientos de viajes que ha realizado a lo largo de sus años de Papado.

Si pudiera yo también querría ser Papa, no es mal oficio. Viajes gratis a cuerpo de rey en primerísima clase acompañado por montones de siervos que lo hacen todo por y para mi, disfrutar a mi llegada de los mejores hoteles y rodeado de los más y mejores médicos cuidando mi cuerpo mientras mi única preocupación fuera tener los brazos bien “engrasados” para poder saludar desde mi poltrona y mover el derecho arriba y abajo y de derecha a izquierda impartiendo bendiciones… o estampando mi firma en las determinaciones que otros de antemano seguramente han tomado “en mi nombre”.
Decidiendo si los homosexuales son dignos de entrar en el reino de los Cielos o si es mejor que se extienda el sida matando a media humanidad en vez de utilizar el pecaminoso preservativo.

Imagino al Santo Padre con su báculo llegando a lugares inhóspitos para bautizar indígenas.
¡¡Pobrecitos!!, de no haber sido por “el Papa viajero” habrían seguido otros 20 siglos más sin saber que sus penachos de plumas hace mucho pasaron de moda, sin enterarse que existe la televisión y que la red no sólo sirve para pescar o protegerse de los mosquitos.
Me pregunto qué habría sido de sus “infieles” vidas sin nadie que les enseñara que existen tantas cosas que ellos jamás podrán tener porque ¿de que les serviría un lavavajillas –por ejemplo- en plena selva? ¿Para qué querrían un grifo si no tienen agua que salga de él? Ni tierras donde plantar las semillas que les han mostrado.
¡Claro!, si en vez de solamente bendecir, les hubieran además regalado los medios para obtener esos beneficios del progreso... ¡que bien podría la iglesia contribuir a ello!

El Papa me merece el mismo respeto que cualquier otro ser humano que por profesión no eligiera el sacerdocio.

Todos en esta vida tenemos una misión que cumplir, aunque no para todos haya miles de medios de comunicación esperando que llegue nuestro final para repetir hasta la saciedad nuestra biografía.

Madre sólo hay una y papa… a Papa muerto Papa puesto que llegará a recoger el testigo –el báculo- del anterior, a seguir ganando almas y atesorando riquezas para la iglesia.
¡La iglesia Católica!, la institución que más millones de adeptos… y de dinero posee y eso que predican la humildad y pobreza entre otros votos igualmente frágiles en su cumplimiento.

No digo yo que el Papa no merezca honores, pero desde luego no menos que cualquiera de nuestros padres.
Karol Woityla tuvo una infancia difícil ¿y quien no en la época y lugar en que él nació? aunque no es por eso que ahora todo el mundo está pendiente de su muerte.
Esos honores se los ganó desde que es Papa, momento de su existencia en que vivió muy ricamente… por mucho que se empeñen en decirnos lo contrario.

Santo Padre a mi modo de ver, es aquel que se parte la espalda para dar a sus hijos un pedazo de pan que llevarse a la boca, una buena educación y le entrega sin reservas todo su amor y sacrificios.
Santa Madre es aquella que hace milagros para llegar a fin de mes con el mísero sueldo del marido o la que además de madre y esposa, trabaja fuera de casa para poder regalarle a sus hijos una vida más cómoda con algún que otro capricho, porque “no sólo de pan vive el niño” y aquellas que arañan la economía y entregan alguna limosna a la iglesia… que es como llevar con dedales agua al río.

Si preguntaran a esos padres abnegados seguramente también les habría gustado dedicar su vida a los demás... concediendo audiencias sentados en un lujoso sillón, simplemente para salir en la foto en vez de destripar terrones, modelar el hierro como si de mantequilla se tratase o aguantar veinte horas a un jefe que tan sólo deja el látigo para asistir a la misa dominical.

Ese padre –al igual que el Papa- se ganó el derecho a morir dignamente, puesto que el que muere es el ser humano, no el cargo que ostenta.
En estos momentos rogar porque siga respirando es desear prolongar su agonía y eso es inhumano. Así que…

Su Santidad; descanse en paz… y en gracia de Dios.

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