lunes, 3 de diciembre de 2007

LA VENGANZA DE ROSENDO

Mª Esther; mi querida amiga. Tras leer algunas de las crónicas que te envío y que aun no publiqué. Me "retaste" a escribir algo parecido a "La venganza de Don Mendo". Te hice caso y aquí tienes "La venganza de Rosendo". Permíteme compartirla con todas aquellas personas que visitan este blog. Espero que sea del agrado de muchos.
LA VENGANZA DE ROSENDO
Paridas con ritmo (sin parecido razonable a ninguna obra conocida)

Voy a intentar vieja amiga, escribirte una parida, que aunque quizá no sea larga, ni mucho dinero valga; o bien resulte aburrida, pero un encargo me hiciste, que una venganza plagiase, sin pensar que yo aceptase, meterme en tamaño aprieto, más; he aceptado este reto, con agrado y con mesura, pues no me falta cordura, ni me ha faltado respeto.
Pero no; soy muy consciente, del saber que se muy poco, aunque tenga mucha sed, y me esté comiendo el coco, pa escribir algo bonito que el título no está escrito, y en breve lo escribiré.

Me pediste retadora, que a un Mendo cuya venganza, ya escribiera Muñoz Seca, y yo que Muñoz ya porto, de segundo mi apellido, cambié Rosendo por Mendo, pues que Mendo es conocido, y no quisiera plagiallo, pues aquí donde me hallo, no soy lista, ni la agitación me acucia, ni quiero pagar denuncia, que me impongan por ser propio, del Muñoz; si yo lo copio.

Este Rosendo es un hombre, muy honrado, pero pobre, que viviendo en una choza, y enamorau de una moza, a su vez enamorada, de un galante caballero, feo calvo, sordo y tuerto, pero con mucho dinero, y haciendas; cuando su padre, ha muy poco que había muerto, y en herencia dejó un huerto, que a Rosendo alquilaría.
Y aunque no daba sandías, lo regaba cada día, hasta que llegó el tormento; muchos meses de sequía, y Rosendo no comía, ni melones, ni sandías, ni cebollas… ni pimientos.

Buscó a su amada una tarde, y pidióla que esperara, para pronto su regreso, mas con desdén, la ladina; (por no llamarla cochina), cuando se marchó Rosendo, casó con bombo y platillo; más con bombo, hay que decillo; con el caballero tuerto, que ha poco, la había hecho un niño.

La dama parió un chiquito, rollizo, color de rosa, con la cara de lagarto, y en el momento del parto, su marido; el caballero, en vez de estar a su lado, muy limpio y bien aseado, perdió dinero en el juego, hasta que quedó arruinado.
Pa colmo el recién nacido, tenía más gases que un globo, mil verrugas y el frenillo, y por si era poca cosa, pronto enfermó de moquillo, la madre que era muy sosa, no daba teta al chiquillo, que de moco estaba harto, y con cara de lagarto, sólo comía mosquitos.

Rosendo con sacrificios, y con muchas desventuras, logró famas y fortunas, para ofrecer a su amada, sin saber que ya casaba, con el feo caballero, al que convirtió en su esposo, y al poco de siete meses ya era madre de un mocoso.
Regresó al pueblo famoso, por sus hazañas Rosendo, pero al mirar a su dama, gorda, fofa y desgreñada, a más de otra vez preñada, juró vengar el desprecio…

Ahora me voy a la cama, y ya seguiré mañana, con tamaño desvarío, porque lo leo y me río, sin saber que estoy haciendo, pues ya me ha rendido el sueño, y no se ni lo que escribo.

☻☺☼
Amaneció en este pueblo, y sigo con mi relato, leo lo escrito hace rato, y pienso si estaré loca, doy fe que no esnifé coca, cuando lo estaba escribiendo, y en buenhora estoy siguiendo, este infame garabato, no se quien pagará el pato, de esta locura; este invento, que no llegará ni a cuento, pero voy a terminarlo.

El caballero en cuestión, que casó con bella dama, ocultó ser mariquita, no le dio gusto en la cama, pero pronto la preñó, con un vulgar “metisaca”.
Y la dama enardecida, con fuego de amor prendida, no calmaba sus ardores, con el esposo gurriato, y buscó consoladores; no paraba de dar gritos, con la furia desmedida, de mujer poco jodida, por un marido sin pito, que cambió en error tremendo, por los brazos de Rosendo; sólo porque no era rico.

Este Rosendo animoso, que no quiso por esposo, por casar con uno rico, que no llegó a mes y pico, cuando se acostó con otro, en el tálamo florido, del adulterio patente, pues sin pensar, de repente, con mucho arte le había puesto, en lo alto de la frente, dos cuernos cual dos estacas… ¿y que rima con estacas? me pregunto con sonrojo, ¿es que mi verso está flojo o mi neurona refrita? O es quizás que no es bonita, la historia de aquesta dama, tan frívola y casquivana, tan preñada, tan lozana, tan… tan… como una campana; sin badajo… y mal jodida.

Rosendo buscó a su amada, pa pedir explicaciones, del porqué de tanta prisa, por casar con otro hombre, mas, sin pensar, en bandeja, se le presentó certera, la ocasión que pintan calva… y algunas veces perversa. Rosendo pilló a la dama, consolándose en su alcoba, y al ver que se hallaba sola; sin amante, sin esposo, calmó a la dama brioso, sin que pudiera impedillo.

Justo al terminar el acto, la dama pegó un respingo:

Quitad, Rosendo atrevido, que puede venir mi esposo.
Tu marido bella mía, ¡mira lo ciega que estás! Está dando… ¿Cómo digo?, a otro hombre por detrás.

¡¡Qué insolencia, qué descoco!! Lo que quieres es venganza, por no esperarte ni un poco.

Lo he mirado con mis ojos. Lástima que no inventaran videos, ni fotos lamento, todos pensarán que es cuento, o invento de amante loco, o de amante despechado, por tú no haberme esperado, cuando partí por fortuna, antes de hacerte mi esposa. Por ser yo tan poca cosa, y él ser un rico hacendado. Ahora mira, no estoy tonto, ve, comprueba por ti sola, cómo tu esposo desfoga, sus ardores con el otro.

Rosendo, mi buen Rosendo, siento no haberte querido, pero elegí a mi marido, feo calvo, sordo… y tuerto, pero había heredado un huerto, ¡¡y tú estabas tieso tío!!

Yo pensé que me quería, y en esta alcoba; ¡La mía!, mira tú con qué me encuentro, que de nalgas y en cuclillas, goza con ese mozuelo; aunque podría ser abuelo; de ese crío al que se tira, y luego a mi, no me mira, y yo sola me consuelo.

El marido abre los ojos, al escuchar a su dama, que sola en la misma cama, ha de calmar sus ardores, y al sentirse descubierto, en masculinos amores, clava en su pecho una daga, y allí mismo; cayó muerto.

La mujer muy compungida, viendo también descubrida, su pena; con poco tino, toma en brazos a su niño, y así se acerca a Rosendo, que la mira con desprecio, con desdén, y muy dolido.

Miró la cara al chiquillo, con sus mocos; ¡verdes mocos!... y amarillos unos pocos, con lágrimas como pinchos, feo, calvo, sordo y bizco, y pensó con alborozo… ¡¡¡pues pudo haber sido mi hijo!!!

Ya tienes lo que querías, yo buscaré quien me quiera, a quien darle mi fortuna, mis amores, mi alegría, y a quien amar cada día, como quise amar tu cuerpo. Y este niño tan hermoso, llévatelo en buena hora, vive como una señora, llora con calma al finado; mas bien al afeminado, que en tu lecho fue tan soso, tan cobarde, tan canijo, y aunque te hiciera un par de hijos, con un tío era fogoso.

En esta historia Rosendo, doy fe, que quedó vengado, de la dama, del esposo; y hasta del niño mocoso, que pudo haber sido su hijo.

1 comentario:

Mª Esther dijo...

Mi intención no era retarte,
!íbreme Dios de haberlo hecho!,
pero si así te lo tomaste,
me alegro de que lo hayas fecho,
pues gran ingenio demostraste
en hacer, tan pronto, de tu parida,
un gran Rosendo.

Corta me pareció al leerla,
desternillóme al disfrutalla,
así que cómete más el coco
y haz más historias como quésta
pues tienes gracia, jodía!
y una gran inventiva
que muchos quisieramos tenella ..... !recorcho!


Besos Esther

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