domingo, 30 de diciembre de 2007

FELIZ 2008

A todos los que visitáis este Blog, quiero desearos lo mejor para este 2008 que nos llega.

Al mismo tiempo me gustaría agradecer la confianza que pusisteis en mí leyendo siquiera parcialmente algunas de las críticas o crónicas expuestas aquí.
Gracias a todos los que lo habéis visitado alguna vez y gracias inmensas a quienes además dejasteis vuestra opinión. Espero seguir gozando de vuestra amistad y compañía.
Quizás algunas crónicas os parecieron demasiado extensas… cierto, pero no siempre se pueden resumir, porque quedaría sin explicar la mitad de lo que pretendo. Por eso no es malo que le dediquéis un rato de vuestro tiempo, quizás incluso os guste la lectura o incluso dejar vuestra opinión al respecto.
Prometo continuar con la misma ilusión de compartir con vosotros mis sentimientos y con ellos mi enorme sentido del humor.
Los que me conocéis personalmente; con los que he compartido risas y llantos, aquí tenéis oportunidad de conocerme un poco mejor y a los que deseen conocerme, es fácil: continuar leyendo durante muchos años más.

Gracias también a quienes habéis comprado, leído y prestado mis novelas: “El Marcapáginas” y “La Madrastra” contribuyendo a que estén teniendo un bonito éxito.

Feliz 2008… y felices todos los años del resto de vuestras vidas.

domingo, 23 de diciembre de 2007

LA LEY CONTRA EL CACHETE

Mi Juglarín que estudiaste, libros de pedagogía
para educar dignamente miles de niño y niñas
y aunque en contra del maltrato, estaré mientras yo viva
juro haberles regalado algún cachete a mis hijas.

Ciertamente fueron pocos, eso castigos livianos,
que nunca dejaron huella en sus nalgas y en su ánimo
pues un cachete aseguro, lejos de hacer algún daño
siempre ayudó en el empeño de educar bien educando
y orgullosa estuve de ello a lo largo de treinta años.

Mis niñas, ya hoy tres mujeres, no se cansan de dar gracias
por estos padres que tienen, que supieron educarlas
y aunque cayera un cachete, cayeron miles de besos
abrazos, conversaciones, momentos inolvidables,
uno malo, mil mejores,
y se sienten orgullosas de sus dos progenitores.

Dime Juglar si delito, fue aquel cachete maldito
que sirvió para que un niño pudiera entrar en razón
si en su terquedad de infante, terminó con la paciencia
del atribulado padre que atado de pies y manos
sólo tiene obligaciones, pues a un niño con razones
difícil es contentarlo; cuando se encona, se engalla
sabiendo que la batalla, la ganará de antemano.

Y cuando el árbol torcido, crezca con absurdas leyes
pues que para enderezado nunca fue malo un cachete.
Pronto será una mirada la que incurra en ser delito
y hasta un beso con vehemencia afirmen que no es bonito
o aquel abrazo de antaño, digan que les hace daño
no habrá pareja en el mundo, que quiera tener un hijo.

Mis hijas ya son mayores, ser madres quizá es su meta
van a hacerles la puñeta por cumplir las nuevas leyes.
Ni una voz, ni un remoquete, a sus niños podrán dar
y aprenderán que sus hijos en casa van a mandar
porque alguien sacó de quicio, inventando tonterías
que leyes todos los días es bueno que nos protejan,
pero contra el delincuente, no por dar una nalgada
a un niño en su pataleta, o al que por una rabieta
al padre da cien patadas.

jueves, 13 de diciembre de 2007

EL MISTERIO DEL BELÉN QUE PONÍA CON MI ABUELO



Marisa-Diciembre-2007

La Navidad es la época del año en que se visten de luces las calles, se adornan con guirnaldas y ornamentos “tradicionales” las casas y todo el mundo se echa a las tiendas a degollar en dos días la paga extra y el esfuerzo de todo el año en seguir una dieta.

Atrás han quedado las Navidades de mi infancia donde no había ni ricos ni pobres; había lo que había y con ello nos conformábamos.

Los niños esperábamos las Pascuas ansiosos; ayudábamos al abuelo a adornar la casa con el Belén; único adorno tradicional porque nadie colocaba abetos repletos de bolas, ni espumillón y mucho menos un Papá Noel importado de otras tierras en detrimento de nuestras propias costumbres.
No teníamos la televisión que americanizara nuestras tradiciones…ni falta que nos hacía.

Además por unos días la monotonía del “cocido diario”, se cambiaba por exquisitos manjares… cardo, escarola con granada, bacalao al ajo arriero y el pollo de corral criado en casa de la abuela para la ocasión.
Postres espléndidos; higos secos, nueces, avellanas, almendrucos, peladillas y turrones variadísimos; el duro y el blando.

Los reyes magos venían cargados de… unos pocos caramelos y un cabás de cartón para la escuela. En algunos casos ni eso.
De poco había servido soñar con un balón, una muñeca de “pelo natural” y su “coche de capota” para pasearla que durante días vimos en la única juguetería del pueblo.

Aquellos caramelos eran suficientes para hacernos felices. Teníamos toda la calle para corretear y nuestra única ambición era jugar con lo más bonito que poseíamos; la imaginación. Algo de lo que ahora carecen la mayoría de los niños, demasiado atiborrados de juegos electrónicos y juguetes que no dejan lugar a imaginar por ser más reales que la propia realidad.
Los padres “piden” para los niños, seguramente lo que ellos no tuvieron de pequeños sin tener en cuenta ni las necesidades, ni las preferencias de los realmente protagonistas; los niños.

Antes, las familias se reunían en Nochebuena en torno a la mesa y al amor de la lumbre compartiendo lo poco que tenían.
Las mujeres se ayudaban a cocinar en las lumbres de paja compartiendo trabajo, experiencias y dolores lumbares por la postura.

Ahora se reúnen –cuando lo hacen- con la hipocresía que da la rivalidad de ser quien más tenga, para que los demás puedan envidiarlo.
En la mayoría de las casas, es una sola mujer la que compra durante días los carísimos alimentos que después guisa en cómoda cocina. Miles de platos distintos para que los demás – que llegaron tarde, con las manos en los bolsillos y seguramente con una copa de más- engullan sin piedad y sin tener una frase de reconocimiento a todo ese trabajo. Más bien al contrario, se pasan la cena protestando por el jaleo que han de soportar porque los niños inquietos no paran de revolotear alrededor de la mesa y no les dejan cenar a gusto.

Los comercios bombardean durante meses el bolsillo de los incautos consumidores que inmersos en la dinámica del gasto sin control, olvidan lo que realmente debería significar la Navidad.

La tradición navideña se ha convertido en gastar, gastar y gastar para estragarse de comida y endeudarse –en muchos casos- para el resto del año.
Si por ley se prohibiera el despilfarro navideño como se prohibió fumar en lugares públicos, se acabaría la Navidad.

Sin olvidarnos del chantaje emocional y el toque a la conciencia de los privilegiados que ¡tanto tenemos!; emitiendo imágenes de los pobres y desfavorecidos –que parece que sólo existieran en estas fechas- conminando a apadrinar niños a los que; si es que les llega algo de lo recaudado, será una mínima parte y en cambio, llegará a los bolsillos de los avispados “ricos” que pagan esas costosas campañas haciéndolos a ellos aun más ricos y quedando más pobres a los que nacieron siéndolo.
Me pregunto si esos mismos anuncios llegarán a las “sacristías” y si de ese lugar saldrá una sola “pela” para estos lugares que llaman tercer mundo… como si el mundo compitiera por un lugar en el podio de la pobreza o la riqueza.

La esencia de la Navidad ya no existe. Sólo queda el consumismo desmedido y un ficticio deseo de felicidad al convecino que nadie siente en realidad.
La Navidad es tan nociva como la nicotina que ennegrece los pulmones. La Navidad ennegrece el alma.

Mi mejor “Nochebuena” es aquella en la que puedo dormir con la conciencia tranquila después de un día sin haber hecho mal a nadie. Y esto, afortunadamente, sucede todas las noches.
“Nochebuena” es esa noche en que puedo respirar feliz porque logré que un amigo sonriera gracias a mis palabras de aliento.
“Nochebuena” es la que disfruto después de saber que alguien no me ha juzgado mal sin conocerme y puedo ver la sonrisa en las personas que amo.
De esas “Nochebuenas” puedo disfrutar la mayoría de los días, sin esperar a que los grandes almacenes me recuerden que obligatoriamente debo ser feliz.

Por eso no acostumbro a desear feliz Navidad; aunque adorno mi casa con el tradicional Belén, cuyas figuras del misterio, heredé de mi abuelo Ruperto.

Yo os deseo felices todos los días del año; todos los años del resto de vuestras vidas y que antes de morir, se cumpla mi deseo; compartir un día de fiesta con todos vosotros.

Os quiero amigos.

Marisa

lunes, 3 de diciembre de 2007

LA VENGANZA DE ROSENDO

Mª Esther; mi querida amiga. Tras leer algunas de las crónicas que te envío y que aun no publiqué. Me "retaste" a escribir algo parecido a "La venganza de Don Mendo". Te hice caso y aquí tienes "La venganza de Rosendo". Permíteme compartirla con todas aquellas personas que visitan este blog. Espero que sea del agrado de muchos.
LA VENGANZA DE ROSENDO
Paridas con ritmo (sin parecido razonable a ninguna obra conocida)

Voy a intentar vieja amiga, escribirte una parida, que aunque quizá no sea larga, ni mucho dinero valga; o bien resulte aburrida, pero un encargo me hiciste, que una venganza plagiase, sin pensar que yo aceptase, meterme en tamaño aprieto, más; he aceptado este reto, con agrado y con mesura, pues no me falta cordura, ni me ha faltado respeto.
Pero no; soy muy consciente, del saber que se muy poco, aunque tenga mucha sed, y me esté comiendo el coco, pa escribir algo bonito que el título no está escrito, y en breve lo escribiré.

Me pediste retadora, que a un Mendo cuya venganza, ya escribiera Muñoz Seca, y yo que Muñoz ya porto, de segundo mi apellido, cambié Rosendo por Mendo, pues que Mendo es conocido, y no quisiera plagiallo, pues aquí donde me hallo, no soy lista, ni la agitación me acucia, ni quiero pagar denuncia, que me impongan por ser propio, del Muñoz; si yo lo copio.

Este Rosendo es un hombre, muy honrado, pero pobre, que viviendo en una choza, y enamorau de una moza, a su vez enamorada, de un galante caballero, feo calvo, sordo y tuerto, pero con mucho dinero, y haciendas; cuando su padre, ha muy poco que había muerto, y en herencia dejó un huerto, que a Rosendo alquilaría.
Y aunque no daba sandías, lo regaba cada día, hasta que llegó el tormento; muchos meses de sequía, y Rosendo no comía, ni melones, ni sandías, ni cebollas… ni pimientos.

Buscó a su amada una tarde, y pidióla que esperara, para pronto su regreso, mas con desdén, la ladina; (por no llamarla cochina), cuando se marchó Rosendo, casó con bombo y platillo; más con bombo, hay que decillo; con el caballero tuerto, que ha poco, la había hecho un niño.

La dama parió un chiquito, rollizo, color de rosa, con la cara de lagarto, y en el momento del parto, su marido; el caballero, en vez de estar a su lado, muy limpio y bien aseado, perdió dinero en el juego, hasta que quedó arruinado.
Pa colmo el recién nacido, tenía más gases que un globo, mil verrugas y el frenillo, y por si era poca cosa, pronto enfermó de moquillo, la madre que era muy sosa, no daba teta al chiquillo, que de moco estaba harto, y con cara de lagarto, sólo comía mosquitos.

Rosendo con sacrificios, y con muchas desventuras, logró famas y fortunas, para ofrecer a su amada, sin saber que ya casaba, con el feo caballero, al que convirtió en su esposo, y al poco de siete meses ya era madre de un mocoso.
Regresó al pueblo famoso, por sus hazañas Rosendo, pero al mirar a su dama, gorda, fofa y desgreñada, a más de otra vez preñada, juró vengar el desprecio…

Ahora me voy a la cama, y ya seguiré mañana, con tamaño desvarío, porque lo leo y me río, sin saber que estoy haciendo, pues ya me ha rendido el sueño, y no se ni lo que escribo.

☻☺☼
Amaneció en este pueblo, y sigo con mi relato, leo lo escrito hace rato, y pienso si estaré loca, doy fe que no esnifé coca, cuando lo estaba escribiendo, y en buenhora estoy siguiendo, este infame garabato, no se quien pagará el pato, de esta locura; este invento, que no llegará ni a cuento, pero voy a terminarlo.

El caballero en cuestión, que casó con bella dama, ocultó ser mariquita, no le dio gusto en la cama, pero pronto la preñó, con un vulgar “metisaca”.
Y la dama enardecida, con fuego de amor prendida, no calmaba sus ardores, con el esposo gurriato, y buscó consoladores; no paraba de dar gritos, con la furia desmedida, de mujer poco jodida, por un marido sin pito, que cambió en error tremendo, por los brazos de Rosendo; sólo porque no era rico.

Este Rosendo animoso, que no quiso por esposo, por casar con uno rico, que no llegó a mes y pico, cuando se acostó con otro, en el tálamo florido, del adulterio patente, pues sin pensar, de repente, con mucho arte le había puesto, en lo alto de la frente, dos cuernos cual dos estacas… ¿y que rima con estacas? me pregunto con sonrojo, ¿es que mi verso está flojo o mi neurona refrita? O es quizás que no es bonita, la historia de aquesta dama, tan frívola y casquivana, tan preñada, tan lozana, tan… tan… como una campana; sin badajo… y mal jodida.

Rosendo buscó a su amada, pa pedir explicaciones, del porqué de tanta prisa, por casar con otro hombre, mas, sin pensar, en bandeja, se le presentó certera, la ocasión que pintan calva… y algunas veces perversa. Rosendo pilló a la dama, consolándose en su alcoba, y al ver que se hallaba sola; sin amante, sin esposo, calmó a la dama brioso, sin que pudiera impedillo.

Justo al terminar el acto, la dama pegó un respingo:

Quitad, Rosendo atrevido, que puede venir mi esposo.
Tu marido bella mía, ¡mira lo ciega que estás! Está dando… ¿Cómo digo?, a otro hombre por detrás.

¡¡Qué insolencia, qué descoco!! Lo que quieres es venganza, por no esperarte ni un poco.

Lo he mirado con mis ojos. Lástima que no inventaran videos, ni fotos lamento, todos pensarán que es cuento, o invento de amante loco, o de amante despechado, por tú no haberme esperado, cuando partí por fortuna, antes de hacerte mi esposa. Por ser yo tan poca cosa, y él ser un rico hacendado. Ahora mira, no estoy tonto, ve, comprueba por ti sola, cómo tu esposo desfoga, sus ardores con el otro.

Rosendo, mi buen Rosendo, siento no haberte querido, pero elegí a mi marido, feo calvo, sordo… y tuerto, pero había heredado un huerto, ¡¡y tú estabas tieso tío!!

Yo pensé que me quería, y en esta alcoba; ¡La mía!, mira tú con qué me encuentro, que de nalgas y en cuclillas, goza con ese mozuelo; aunque podría ser abuelo; de ese crío al que se tira, y luego a mi, no me mira, y yo sola me consuelo.

El marido abre los ojos, al escuchar a su dama, que sola en la misma cama, ha de calmar sus ardores, y al sentirse descubierto, en masculinos amores, clava en su pecho una daga, y allí mismo; cayó muerto.

La mujer muy compungida, viendo también descubrida, su pena; con poco tino, toma en brazos a su niño, y así se acerca a Rosendo, que la mira con desprecio, con desdén, y muy dolido.

Miró la cara al chiquillo, con sus mocos; ¡verdes mocos!... y amarillos unos pocos, con lágrimas como pinchos, feo, calvo, sordo y bizco, y pensó con alborozo… ¡¡¡pues pudo haber sido mi hijo!!!

Ya tienes lo que querías, yo buscaré quien me quiera, a quien darle mi fortuna, mis amores, mi alegría, y a quien amar cada día, como quise amar tu cuerpo. Y este niño tan hermoso, llévatelo en buena hora, vive como una señora, llora con calma al finado; mas bien al afeminado, que en tu lecho fue tan soso, tan cobarde, tan canijo, y aunque te hiciera un par de hijos, con un tío era fogoso.

En esta historia Rosendo, doy fe, que quedó vengado, de la dama, del esposo; y hasta del niño mocoso, que pudo haber sido su hijo.

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