martes, 27 de noviembre de 2007

ADIOS A FERNANDO FERNÁN GÓMEZ 23-11-2007


Quiero demostrar que puedo hablar bien de alguien que no me agrada.

Nunca me gustó Fernando Fernán Gómez, ni como actor ni como famoso entrevistado.
En lo primero, porque cada uno tenemos nuestras propias preferencias y en las mías no estaba Fernando Fernán Gómez. Procuraba por eso a la hora de ver una película, no elegir alguna de las suyas, aunque he de reconocer que me gustó en “La lengua de las mariposas” y “El abuelo”.

En lo segundo, es decir: al ser entrevistado, tampoco me gustaba porque se mostraba como una persona con desagradable mal humor, que parecía no saber sonreír. Además en los últimos años se lo conoció sobretodo por su famosísimo: “¡¡A la mierda!!” que quizás empañó miles de cosas bien dichas o bien hechas.

Este hombre hacía bueno el dicho de: “una cosa es el escenario o la parcela que un famoso quiera mostrar de su trabajo y otra, su vida privada”.

Tras su muerte, le ha sido concedida “la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio”. Me pregunto como es que en sus más de 80 años de vida, de los cuales muchos han sido dedicados a su trabajo, no han tenido tiempo de conceder esta medalla más que a titulo póstumo, tan póstumo como que a partir de ahora un teatro llevará su nombre. ¿Las medallas que lleguen aunque sean a título póstumo?
Seguro que él lo está viendo, pero quizás ahora le va a ser más difícil agradecerlo personalmente, como quizás le hubiera gustado.

En este caso he de decir que me ha parecido maravillosa la despedida que le han tributado sus amigos, familiares y compañeros de profesión; ¡por algo será!
Imagino que haber compartido con esos amigos y familiares un último buen rato, habría sido lo deseable. Su enfermedad debió impedírselo, aunque quizás los amigos para algunas invitaciones buscan excusas, y para la despedida, encontraron hueco en sus agendas el día que dejó de respirar. No es crítica, pero suele ocurrir.

Ha sido realmente emotivo, creo que nunca me ha conmovido tanto la despedida de alguien que ni me era cercano por familiaridad ni por admiración o preferencia.
El escenario estaba presidido por una gran foto del finado a cuyos pies, colocaron el féretro iluminado con la luz del cañón, sobre las tablas de ese escenario, que pisó con paso firme, ofreciendo lo mejor de si mismo a quienes le admiraban.

El actor ha pasado sus últimos momentos rodeado de amigos que sentados alrededor de pequeñas mesas de cafetín y en emocionada tertulia, le rendían un último homenaje; mientras sonaba la música del tango “Caminito”. Algunos de esos amigos recitaban poemas, leían textos e incluso una pareja bailó ese tango; que al parecer era su preferido, mientras otro lo interpretaba.
El patio de butacas se encontraba lleno de los más especiales espectadores que un actor podría soñar antes de que entre grandes aplausos, cayera el telón y se apagaran las luces del teatro por última vez para él.

No se, ni evidentemente me importan sus creencias religiosas, pero no creo que ninguna religión despida a los muertos como realmente les gustaría ser despedidos: Rodeados de aquellos a los que amó y que le quisieron y en el lugar donde hizo lo que más amaba; interpretar o dirigir historias y personajes a los que prestó su imagen y en los que dejó su propia piel tatuada.

Ahora ya sabe lo que hay después. Habrá visto claramente los aciertos o errores que cometiera en su longeva vida de mortal y ahora descansa en paz después de una preciosa y emotiva despedida de los que realmente van a echarlo de menos y han llorado con verdadero dolor su partida, puesto que sus admiradores siempre tendrán sus películas; que es lo que siempre tuvieron.

viernes, 16 de noviembre de 2007

APARCAR EN LA PLAZA MAYOR DE ALAEJOS



Es indudable que esto de Internet, es un buen barco en el que navegamos muchos, pero otros en vez de utilizar provechosamente este vehículo que se nos brinda a módico precio, lo que hacen es usarlo a modo de patera, donde ni es cómodo viajar, ni siempre lleva a buen puerto.
Hoy mi crónica no trata de temas mundiales o nacionales escabrosos; aunque haberlos haylos, simplemente pretendo dar mi opinión sobre un tema de “candente”, actualidad en Alaejos.

Algunas veces me doy un paseo por un foro muy conocido por algunos de los “interalaejonautas”. No me gusta escribir opiniones en él, pues dado el nivel cultural y agresivo de la mayoría de los comentarios, creo que no merece la pena hacerlo. En algunas de estas opiniones suelen emplear insultos que rayan la insolencia y el escarnio, ocultos tras el anonimato de quienes “a pecho descubierto” jamás se atreverían a exponer lo que cobardemente dejan escrito.

Sin embargo, alguna que otra vez me doy una vueltecita por allí y así me entero de algunos “cotilleos”, ya que más que “Foro” debería llamarse “Cotillódromo” o “Marujódromo” y aunque en ocasiones me enfurruña por unos segundo lo que leo, otras he de reconocer que me divierte bastante; no tanto cuando en más de una ocasión, he visto colgadas sin mi permiso una crítica y varias poesías que escribí hace años y que quizás las colgaron con peor intención que resultado adverso.

A lo que vamos: sabido es que se está restaurando el suelo de la plaza, y que ha pasado a ser modernamente adoquinada en vez de lo “incómoda” y preciosamente castellana que ha sido desde siempre (al menos desde hace muchísimos años).
Atrás quedarán los debates de si era mejor antes o si será mejor a partir de ahora, siempre habrá quienes defendamos que infinitamente mejor antes, porque ni es tan espaciosa como para no poder cruzarla por incómoda, ni era tan inaccesible para que quienes tienen los pies delicados, pudieran atravesarla utilizando los soportales y aledaños, donde las piedras eran mucho más pequeñas y “pisables”.
Evidentemente tampoco faltarán los que defiendan lo contrario.

Llegados a este punto, y puesto que lo hecho, hecho está, ahora el debate es, si se debería permitir el acceso con coches al interior de la plaza.

Para discutir que sí, en el citado “Foro”, hay opiniones tan variopintas como absurdas. Ni una sola convincente, o con dos dedos de frente. La mayoría defiende esa postura porque quieren continuar aparcando a la misma puerta de los bares, sin pensar siquiera que su obligación es “si bebes no conduzcas”.
Los mensajes opinando que mejor cerrarla al tráfico de vehículos a motor, al menos lo hacen exponiendo argumentos, con sentido común e incluso dan respuestas que tienen su gracia y su “acidez”.

Me voy a permitir copiar aquí algunas de ellas –respetando tal y como están redactadas- para que podáis juzgar por vosotros mismos… y dejéis vuestra opinión en el espacio para los comentarios que cada una de las crónicas de este Blog tiene.

2007-11-10 02:51:41
La Plaza es el lugar central y principal de todo el pueblo, con lo cual debe de permanecer abierta tanto a coches como a peatones, etc.
La plaza no es ningún parque, para eso el señor alcalde ya se a molestado en realizar obras sociales de parques, etc.
AdEmás en Alaejos no hay un trafico como en una capital como para que
establezcan calles peatonales.
CoMo eL alcalde cierre la plaza, es como si no hubiera echo nada.
AdEmas los adoquines de las demás calles también se pueden estropear, no solo los de la plaza.

2007-11-10 09:40:39
¿El que ha respondido al anterior mensaje me puede dar una sóla razón por la que conviene dejarla abierta?
Nosotros ya le hemos dado un montón, gana en panorámica, se protegen los adoquines, juegan los niños sin peligro, (claro que hay parques, pero en esos parques no hay terrazas desde donde los padres pueden vigilar a sus hijos.
En una cosa estoy contigo, que el el lugar central del pueblo, de reunión, el sitio donde acudir cuando se sale de casa y no has quedado con nadie, y por qué no convertirla en un sitio tranquilo sin que te moleste nadie, y, cuando estás sentado en una terraza poder toda la esplendidez del espacio. Te imaginas la plaza Mayor de Salamanca o incluso la de Valladolid llena de coches? o con cohes delante de las terrazas?. Que el ayuntamiento haga lo que considere, pero pienso que perderá una buena ocasión.

2007-11-14 20:05:02
Por que no cierran todo el pueblo y aparcamos en las heras, los que vibimos a los al rededores estamos artos, plaza libre y que bovadas de los niños que los yeven a los parques.

2007-11-10 21:48:21

A ti te ataba tu madre cuando eras pequeño ?, pues es una pena que te haya soltado, que no se molesten tus padres en pagarte unos estudios que es tirar el dinero.

2007-11-15 16:32:40
Lo de peatonalizar la plaza es un abuso, la gente tiene derecho a usar el coche nos parezca bien o mal. Que alguien no use el coche no le da derecho a exigir a los demás que no lo usen en la plaza. Es como si la mayoría de personas que no vamos a la piscina, quisiéramos que la cerrasen. Confundimos la voluntad popular con una dictadura de la mayoría. No hay derecho a que un grupo imponga a otro sus ideas por el hecho de ser mayoría. La vía pública es vía pública y si la corporación cierra el tráfico en la plaza espero que argumente tanto razones técnicas (distintas a "es lo que quería la gente") y proponga soluciones, ya que calles como Zabacos, Carranza, la del sindicato etc. Se llenarán de coches. Un saludo.

2007-11-15 16:59:46
No sabía yo que en la plaza de Alaejos cabían coches para "llenar" la Calle Zabacos, El sindicato y hasta el Arrabal.
Cuando se os llena la boca de bobadas, bueno sería que os diera gastroenteritis para que no pudierais levantaros del water en un buen rato y dejar de escribir estupideces.

Esto es sólo un pequeño ejemplo. Había quien preguntaba porqué no se dejaba el agujero para pinar el Mayo y aunque otro insistía en que existe una arqueta tapando dicho hueco, el otro seguía reclamando el agujero para el mentado Mayo, demostrando así, que el boquete lo tiene él, en el cerebro.

Desde aquí voy a contestar como suele hacerse en el “cotillódromo”. Me hace gracia hacerlo en este pequeño y respetuoso espacio que he creado para hablar y compartir con todos vosotros algo de “Alaejos y sus cosas”.

“¿Qué tiene que ver el vivir en las eras para aparcar dentro de la plaza?

¿Es que por vivir unos metros más lejos del centro del pueblo no podéis aparcar en los alrededores de la plaza?

¿Los que viven en pisos suben el coche por las escaleras o en ascensor para aparcarlo en el felpudo en vez de dejarlo en la calle o el garaje?

La plaza Mayor de Valladolid (que tiene unos poquitos habitantes más que los alrededor de 1600 de Alaejos), tiene habilitados carriles para bus y entradas y salidas al aparcamiento. Nadie; salvo el Conde Ansúrez, (porque no le queda otro remedio) aparca en medio de dicha plaza.

En Alaejos he oído que también van a poner un carril burro, para que podáis pasar algunos zopencos.

Supongo además, que quien opina que mejor la plaza abierta con esos estúpidos argumentos, ni tiene hijos ni la madurez mental que se necesita para convivir en comunidad.

Y a la persona que explica lo de la arqueta; no te molestes, han de meter la cabezota en el hoyo preparado para el Mayo y dirán que han dejado la plaza con baches.

Me parece increíble que alguien prefiera embadurnar los nuevos adoquines con el aceite que pierden sus coches y emborronar el precioso entorno de nuestra plaza cuajándola de vehículos aparcados, sólo para que no dar cuatro pasos más para entrar en los bares. Realmente no merecéis que vuestra opinión sea tenida en cuenta, pero os deseo que cuando tengáis hijos, sean tratados, como a vosotros parece que os gusta tratarlos.

Naturalmente, no se prohibirá la entrada a las ambulancias cuando os de un coma etílico.

Pues eso: como dije antes, ahora os toca opinar a vosotros en el espacio de este Blog destinado para ello. Un saludo.

domingo, 11 de noviembre de 2007

UN TENORIO MUY PARTICULAR


Al tiempo que afloran las casetas de las castañeras, en estas fechas novembrinas, en España suele representarse la clásica obra que en 1844 escribiera nuestro José Zorrilla.
Hace años; allá por 1980, se me ocurrió escribir un “plagio” de una de las escenas de dicha obra. Espero que os guste.


¡OH! don Juan, yo imploro
vuestra hidalga compasión,
que vayáis a la reguera…
y que os deis un chapuzón.

Inés, Inés, ¿tan mal huelo?

Sí don Juan, tan mal oléis.
¿Qué desodorante usáis?

¡Pues ninguno! ¿No lo veis?

Don Juan, don Juan, pero ¿por qué no os laváis?

Yo lo siento doña Inés,
pues aquí donde me veis, si no os gusto… no miréis.

¡OH que marrano y cruel!
¿Es que no sabéis ¡¡so cerdo!!
que ya se inventó el Ariel?

Sí doña Inés, lo sabía, pero me gusta vivir…
con esta marranería.

¡Que guarro sois mi don Juan!
pero así os quiero yo,
siempre seréis mi don Juan
tengáis mucha mierda o no.

Pues yo también, doña Inés
os quiero, aunque os paséis
toda la vida diciendo:
¡¡¡que os digo que os lavéis!!!

Así termina la historia
del Tenorio que ignoráis,
que se reía de todos…
de todos, los que os laváis.

sábado, 3 de noviembre de 2007

YA LLEGÓ EL OTOÑO -31-OCTUBRE-2007 "¿TOLOS SANTOS?" "¿JÁLOGÜIN?"















Sí, ya llegó la temperatura otoñal a Valladolid. Se nota en cuanto sales a la calle y te fijas un poco en la gente que pulula apresurada, mirando tristemente al suelo, embutida en estrechos abrigos y chaquetones de la temporada anterior, con los ojos llorosos por el viento frío, las manos en los bolsillos, hombros casi rozando la barbilla y la espalda tan curvada como la de Cuasimodo.
Hoy además es la víspera del puente de “Todos los Santos”. La mayoría de trabajadores y la totalidad de estudiantes, tienen por delante unos cuantos días de descanso.
En este paseo por las calles de mi ciudad, me topé con varias personas jóvenes portando pesadas maletas camino de algún medio de transporte que les devuelva por estos días a su hogar paterno, donde la única que no podrá disfrutar plenamente del puente será la madre, ocupada en lavar y planchar la ropita del hijo, en hacerle las comiditas que tanto le gustan… la pobre se desvive en darle gusto, a la par que proceder al llenado de despensa y billetero del hijo que está tieso para terminar el trimestre.

Las hojas de los árboles van perdiendo su color convirtiéndose en amarillo ocre para caer silenciosa y lentamente, dejando desnudas las ramas y las calles empercudidas, pero los que no caen son los ánimos de la gente para festejar cualquier cosa.
Las únicas flores frescas que pueden verse están en los escaparates de las tiendas que se dedican a venderlas y en las que se forman largas colas para adquirir los carísimos arreglos que servirán para engalanar los cementerios; cosa que dicho sea de paso, también se ha convertido –como tantas otras- en una fiesta comercial donde las que ganan son las floristerías, los “tó cien” y los bazares regentados por chinos, que en esta época se les abren los ojos como los de los besugos de la felicidad al ver los dineros que hacen de caja y no sólo por la venta de flores. Ahora además, también se desbordan los ingresos de quienes venden disfraces para esa presunta absurdez de nombre casi imposible de pronunciar: “Halloween”, “jálogüin” o “jalogüín”, depende quien hable de ella.

Por si no fueran suficientes todas las fiestas de las que disfrutamos al cabo del año por propia tradición, adoptamos otras extranjeras que terminarán engullendo las nuestras… ¡¡porque así somos nosotros, los españoles!!

Esta que nos ocupa; la de “Todos los Santos” hace tiempo era más sencilla y emotiva. Acudir al cementerio a llevar un ramillete de flores a nuestros muertos, limpiar las tumbas y pasar un rato “acompañándoles” era incluso bonito. Tanto que hasta aprovechábamos el frío que comenzaba a llegar por estas fechas, para estrenar el abrigo del inminente invierno y comer castañas asadas del puesto que instalaba a la puerta del cementerio “la señá Asunción”.

Ahora en todas las confiterías abundan también las interminables colas de espera apara adquirir los buñuelos de viento y los empalagosos huesos de santo… otro típico gasto de esta “fiesta comercial”.
Lo de adornar el cementerio se ha convertido en una especie de competición; de pugna por ser quien más recarga la tumba con centros, coronas, ramos y toda clase de carísimos arreglos florales que dicho sea de paso, encarecen abusivamente los precios. Aunque también se aprovecha el momento para criticar a los legatarios que se olvidan de poner un solo capullo a sus deudos, sobre todo si heredaron cuantiosos bienes de ellos.

Yo sigo pensando que a los que se van, no hace falta recordarles donde el cuerpo se pudre para hacerles sentir nuestro cariño, puesto que una parte de ellos queda para siempre en nuestro corazón y mencionándoles en positivo, les ayudamos mucho más a ser felices allá donde estén, que pararnos al lado de su tumba una vez al año; o rezar también a pie de panteón o de nicho, si esa es tu creencia.
Aun así, prefiero esta forma de celebrar “Todos los Santos” por ser nuestra y porque emborracharse disfrazado de monstruo y llegar zombi a casa, no me parece la mejor forma de recordar ni de respetar a nadie; vivo o muerto.

No me gustaría que perdiéramos nuestra tradición en detrimento de una extranjera y ya que cada vez hay más incineraciones y que a estos modernos que se disfrazan de muertos, no me los puedo imaginar limpiando ni “enflorando” tumbas, muy a mi pesar, intuyo, que se perderá nuestra tradición de “Tolos Santos” para enraizar el “Jálogüin”.

Si ya lo hicimos con los reyes magos por el barrigón, el Belén por el árbol, la dieta mediterránea por la comida basura; ¿Qué será lo próximo que queramos poner en cambalache?... ¿La piel morena que incluso pintara Julio Romero de Torres, por la cangrejera guiri?

jueves, 1 de noviembre de 2007

¡QUE BUENO ES TENER SALUD!

–28-10-2007-

¡Qué bueno es tener salud! Sobre todo si para buscar remedio a tus dolencias tienes que acudir a las urgencias del hospital clínico de Valladolid ¡en domingo!

Lo primero que te encuentras al llegar a la susodicha zona del nombrado edificio, es a doce “galenos” en actitud relajada, charlando entre ellos distendida y alegremente.
Nunca intuirías que están ansiosos esperando a alguna de las ambulancias que cada cierto tiempo arriban al recinto, porque con tanto paciente ingresado y ambulatorio, no hay tiempo que perder esperando alguno nuevo.
Imposible siquiera soñar con semejante hipótesis. A poco que observas, te das cuenta que todos ellos echan humo por la boca y no era del vaho por frío, porque hacía una tarde soleada y preciosa.
Dada la prohibición de fumar en lugares cerrados, ellos; responsables y magníficos profesionales a la par que seres humanos con vocación arraigadísima de estar a la cabecera de la cama del doliente, cada cierto tiempo abandonan ese deber para colgarse del vicio que ellos prohíben incluso a quienes no lo padecen.

Supongo que si viéndoles en alegre comandita, alguien les criticara por semejante despropósito, apostillarían que: “todo trabajador tiene derecho a un rato de descanso”. Pues si, ciertamente, pero intuyo que en esta profesión no deberían tomar ese descanso todos al tiempo.
También podrían alegar que: “parados a la puerta, estamos más cerca si llegan urgencias”.
No me valdría el razonamiento, porque ¡¡habría que verlos huir de allí si llegara alguien con la cabeza bajo el brazo!!

Cuando los doctores y doctoras hubieron terminado de ennegrecer sus pulmones, desaparecieron sonriente y lentamente hacia el interior del hospital.

¡¡Ya!! Ya se que en todos los trabajos se descansan unos minutos, pero da una imagen muy desagradable ver tanto pijama verde junto departiendo como si se tratara de una fiesta, cuando justamente al lado hay personas que llevan horas esperando a ser atendidas, sin ir más lejos en la contigua y cochambrosa sala de espera donde aguardaban turno demasiadas personas de diversas etnias y procedencias varias.

En aquel cubículo podían escucharse tanto el acento ¡Já me maten! como ese idioma “hatalapatalajaca”, que parece que tengan un chicle en la boca y estuvieran a punto de atragantarse con él, confundidos entre los llantos y mocos de las pobres criaturitas que pululaban desorientados, aburridos, somnolientos y presuntamente enfermitos.

Los pobres niños; junto con “Jais” y “chicludos”, no eligieron enfermar, pero los médicos si eligieron serlo y de haber estado en sus puestos de trabajo, habrían ayudado a desalojar antes la sala, aliviando más pronto el dolor de quien lo padece.

Cierto que todos queremos ser atendidos enseguida, y que hay muchos más “impacientes” que médicos, pero no hay derecho a la inhumanidad que sufren los verdaderamente enfermos, que son tratados como estadísticas y no como personas que sufren por tener que esperar varias horas; demasiadas horas en recibir respuesta y tratamiento para sus males… ¡Si es que logran que les llegue a tiempo!

Señores doctores ¿se han parado a pensar que su trabajo no sólo consiste en acudir a él, dejar pasar del tirón confortablemente sus horas de contrato rellenando expedientes y al final marcharse a sus casitas con la satisfacción del deber cumplido?

Piensen por un momento que están del otro lado. Ser vosotros los mal denominados pacientes y ver que desfilan ante vosotros demasiadas batas blancas a las que no les importa tu dolor lo más mínimo, te hacen pasar interminables horas tendido en una incómoda camilla, con la única finalidad de que el tiempo pase raudo para ellos provocando que llegue el cambio de turno para endosarle el caso a otro que no tiene intención de hacer mucho más que su compañero por aliviarte.
De acuerdo que una vez realizadas las pruebas pertinentes, hay que estudiar resultados antes de comunicar lo que proceda, pero no creo que sea demasiado costoso durante ese tiempo de “estudio”, que de vez en cuando apareciera una cara sonriente preguntando al paciente si necesita algo, cómo se encuentra, o simplemente le regala una sonrisa, porque sonreír es gratis.

Tampoco me vale el razonamiento de que hay mucho enfermo y poco médico, puesto que entiendo que los “pocos” que hay, deberían estar en su puesto y cumpliendo al 100% con un trabajo que vocacionalmente eligieron, y si no es así, mejor que se dediquen a desespinar cardos a ver si ganan el mismo dinero.

Cierto también que un diagnóstico erróneo puede costar la vida del enfermo, y que si no estudian bien el caso, podrían equivocarse, pero he visto demasiadas veces, que mientras “estudian” expedientes, tienen la mente y la conversación ocupada en cosas banales que nada tienen que ver con el caso.
En cualquier otro trabajo un error no tiene por qué ser irremediable, pero en medicina, puede cambiar radicalmente la integridad del paciente o incluso costarle la vida.

Afortunadamente, como en todo, algunos doctores cumplen con su deber y con una simple sonrisa o una palmada en el hombro, son capaces de aliviar mucho más que con cualquier medicamento e incluso se acercan al hospital para ver a sus pacientes ingresados en los días en que no tienen guardia, ni servicio.

A estos últimos les envío millones de gracias y a los otros les pido que no provoquen millones de desgracias. Quien sabe si alguna vez es familiar suyo el damnificado por otro como ustedes.

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